viernes, 30 de diciembre de 2016

Mis mejores lecturas de 2016.

¡Hola a todos! Viendo algunos vídeos se me ha ocurrido escribir una entrada sobre las mejores lecturas que he hecho este año. Es la primera vez que lo hago y me apetece un montón.

Debo empezar diciendo que este año he leído 64 libros (en Goodreads, 61); para mí es todo un récord (antes no superaba los 30), pero además he conseguido leer bastante variado: clásicos hispánicos o extranjeros, literatura infantil y juvenil, ensayo, histórica. Lo segundo es que mi lista no es un top, a excepción de los cuatro últimos, que son los que más me han gustado de todos. Dejaré un enlace a la reseña correspondiente en Goodreads que suelo hacer al terminar de leer cada libro, por si os interesa mi opinión o crítica más extensa.

¡Empecemos!
  • Poética, Aristóteles. Una pequeña gran obra ideal para los amantes de la literatura, la teoría literaria, la crítica literaria o la literatura clásica. Se lee rápido y enseña mucho. Muy recomendable para todo el mundo, especialmente para los estudiantes de lengua y literatura.
  • No tendréis mi odio, Antoine Leiris. Me topé con esta obra por casualidad. Leí el título y me enamoré; leí la premisa y me enamoré aún más. Este pequeño librito autobiográfico expresa el dolor de su autor, Antoine Leiris, cuando le comunicaron la muerte de su mujer tras los atentados terroristas de París en noviembre de 2015. Son pensamientos escritos con una sencillez abrumadora, la pérdida hecha palabras, el sentido del dolor, el amor del ser humano, la capacidad para seguir adelante. Y la carta... bueno, la carta es desgarradora. Os dejo con el comienzo: El viernes por la noche le robasteis la vida a un ser excepcional, el amor de mi vida, la madre de mi hijo, pero no tendréis mi odio. Si entendéis el francés, os dejo el enlace original aquí.
  • A Game of Thrones, George R.R. Martin. Sí, señores, me he iniciado como lectora en el mundo de Canción de hielo y fuego por fin. Decidí ser valiente y leérmelo en inglés; y me sorprendí mucho al entenderlo casi todo y zampármelo en una semana. Tiene un estilo fascinante, difícil pero no complicado. Los personajes son oro, verdaderamente. Su evolución y carácter son lo más importante en la historia. Pero la ambientación o la trama no se quedan atrás. Un imprescindible para los amantes de la épica, la fantasía, o las buenas historias. Y conste que yo ya había visto la serie, pero aun así me atrapó. Para la reseña en Goodreads pincha aquí.
  • ¿Fue él?, de Stefan Zweig. Bueno, bueno, ya empezamos con lo mejorcito. He aquí mi confesión: Stefan Zweig se ha convertido en uno de mis autores favoritos de todos los tiempos. Allá por 2013 me leí Veinticuatro horas en la vida de una mujer, y me encantó. He tardado tres años en volver a leer algo de él, y ya no he podido parar. Tiene un lenguaje tan rico y exquisito... y encima con aparente naturalidad, como si estuviera chupado evocar sensaciones, paisajes, diálogos..., o condensar una historia profundísima en 75 páginas. ¿Fue él? es una obra desconocida que resulta impactante. Te ríes y lloras a partes iguales. Mezcla de ensayo, misterio, diario, cuento. Es apasionante, de verdad: leedlo. Para la reseña en Goodreads pincha aquí.
  • La luz entre los océanos, de M.L. Stedman. Este libro publicado hace un par de años tiene el espíritu de las novelas clásicas del siglo XIX. Una calidad literaria encomiable que evoca los paisajes australianos, una historia de amor realista y dura, un drama sólido que evita los culebrones, unos personajes de carne y hueso con el que el lector empatiza pese a sus decisiones equivocadas... trata algunos temas de forma atrevida y clara, como el matrimonio, la soledad, la pérdida, el remordimiento, la esperanza o la redención. Debo reconocer que algunas partes no me engancharon, pero teniendo en cuenta lo bueno que es todo lo demás, se puede pasar por alto. Además, la traducción de Gemma Rovira es muy buena, apenas parece una traducción. Para la reseña en Goodreads pincha aquí.
  • El nombre del viento, de Patrick Rothfuss. Bueno, otro superventas que tiene todo el derecho del mundo a serlo. Este proyecto ambicioso de fantasía épica (o no tan épica) está desarrollado con maestría. El despliegue del mundo, la ambientación de la Universidad, las criaturas, la explicación de la magia... todo encaja, no da la sensación de "ya visto" y deja con ganas de más. Pero, por supuesto, lo más destacable de esta trilogía son sus personajes, pero sobre todo su protagonista, Kvothe, uno de los mejores personajes que he leído en toda mi vida. Su personalidad es fascinante, su compleja psicología que el lector entiende sin tener que tragar descripciones inútiles, su inteligencia, su sentido del humor, su orgullo y cabezonería... no, no es el típico héroe de la fantasía; es casi una persona real, con grandes virtudes y grandes defectos. Una leyenda, vamos. Aquí puedo decir que también me encantó la segunda parte, El temor de un hombre sabio. Y espero con ansias la tercera. A los que aún no os hayáis adentrado en el mundo de la Crónica del asesino de reyes, un consejo: no desistáis con las primeras páginas, porque no enganchan. Pero llegad a la 150 y veréis. Por cierto, la traducción, de Gemma Rovira también, es buena. Para la reseña en Goodreads pincha aquí.
Y, por fin, la crème de la crème. Dos libros que no solo son favoritos de este año, sino de todos los libros que he leído en mi vida. En serio, maravillosos es quedarse corto.


  •   Entre tonos de gris, de Ruta Sepetys. Una sencilla novela histórica. Pero es más. Es mucho más. Entre tonos de gris habla de la deportación de lituanos a Siberia durante la Segunda Guerra Mundial. Lo cuenta desde los ojos de Lina Vilkas, una chica de quince años, que pasa de tener una vida feliz a vivir un infierno. Lo destacable de esta historia es que todos los ingredientes son buenísimos: un lenguaje sencillo pero sugestivo, un rigor histórico que solo se consigue con una documentación extensa y directa, el equilibrio perfecto entre acción y pensamiento, entre descripción y diálogo; y unos personajes entrañables, realistas, desde la protagonista y su familia, pasando (cómo no) por Andrius, e incluso en los secundarios, que tienen luz propia: Kretzsky, el calvo, el padre de Lina... Entre tonos de gris es la expresión de lo peor y lo mejor del ser humano. Una denuncia al silencio, un canto a la libertad y al amor. Me quedé completamente impactada, y aún lo estoy. Por supuesto, ya me he leído los otros dos libros de su autora, Ruta Sepetys, que son El color de los sueños y Lágrimas en el mar, libros admirables y muy recomendables también. Para la recomendación literaria que hice en el blog, pincha aquí.

  •   Carta de una desconocida, de Stefan Zweig. No tengo palabras para expresar lo que me hizo este libro. Ha sido una auténtica revelación literaria. Cada palabra, cada expresión, cada imagen que crea. Las emociones que destilan las páginas. El dolor. La obsesión. La melancolía. El vacío, ese vacío en el que caemos y nos conduce al abismo más profundo. De alguna forma el autor ha conseguido moldear los sentimientos y transformarlos en palabras que llegan al alma. Es el ejemplo perfecto de por qué el ser humano crea arte, de por qué existe la literatura. Carta de una desconocida es arte con todas las letras. Una novelita tan maravillosa como discreta, que habla de ciertos temas con una transparencia aterradora (¿Cuánto daño se puede llegar a hacer el ser humano a sí mismo?, ¿Hasta qué punto la vida es vida cuando deja de tener sentido o cuando este es un enorme agujero?). En fin, no puedo expresar mucho más. Me atrevo a decir que este libro ya me ha cambiado la vida. Para la reseña en Goodreads pincha aquí.

Y eso es todo. Espero que os haya gustado esta lista y que os animéis a leer. Que el año 2017 esté lleno de lecturas profundas y enriquecedoras. ¡Un beso!

viernes, 9 de diciembre de 2016

Fragmento del "Proyecto Cat" (II).

Abrió la puerta y se asomó, arrebujándose en su bata. Era su castillo, pero sabía muy bien que una señora siempre debía ir bien arreglada fuera de sus aposentos privados. No había un alma a la vista. Tendría que ir y llamarlas [a las doncellas]. Avanzó y empezó a bajar escalones, resignada, pero el ruido de un picaporte le hizo volverse.
Apenas le dio tiempo a reaccionar hasta que la chica estaba a escasos pasos. Entonces la joven alzó la cabeza y la vio. Catalina observó cómo ella soltaba una risita nerviosa. Le dio un leve empujón cuando bajó corriendo por la escalera de piedra. Una orla de su cofia quedó ahí, volando ante los ojos de Catalina, hasta desaparecer con su dueña. Solamente entonces, tras varios segundos, las piezas encajaron en su mente.
Volvió la cabeza a los aposentos de don Gabriel, de donde había salido. Parpadeó. Se llevó una mano al pecho, boqueando. Tragó saliva. Y con ese gesto, una oleada de furia.
No lo pensó. Solamente lo hizo. Sus pies se movieron a zancadas hasta llegar a la puerta, que estaba entornada. La abrió con tal fuerza que chirrió y chocó bruscamente contra la pared. Cuando lo vio a él darse la vuelta sobresaltado, a medio vestir, hubo una fisura en su ira. Pero solo una fisura.
—¿Qué…? —cogió aire, porque se ahogaba—. ¿Qué…? ¿Qué ha sido eso?
Don Gabriel frunció el ceño levemente.
—Por Dios, Catalina, me habéis dado un susto de muerte. ¿Se puede saber qué ocurre?
Ella miró a los lados, jadeando, y se acercó.
—¿Qué ocurre? ¡¿Qué ocurre?! —gritó mientras señalaba la puerta y a él con un dedo tembloroso—. ¡Acabo de… y me ha…! ¿Cómo habéis podido…?
Su mente dañada detectó un fruncimiento de labios de don Gabriel.
—Calmaos.
—¿Que me…? —los pensamientos se enredaban, tropezaban, se amontonaban en su boca y ella los quería escupir todos a la vez—. ¿Que me calme? ¡Esa furcia…! ¡Delante de mis narices! ¡Y yo…, encima! Esto… esto es una… una…
 Cuando Gabriel se acercó ella alzó un brazo para pegarlo, pero él se anticipó a sus movimientos y la sujetó por ambas muñecas. Catalina lo miró a los ojos y se resistió, pero no tenía ninguna oportunidad.
—¡Basta! —Gabriel le devolvió una mirada pétrea—. Basta.
Catalina no cedió. No cedió…
—He dicho basta.
Algo se desinfló y el mundo se redujo a cenizas. Los brazos cayeron. Parpadeó e intentó hablar. Imposible. No existían las palabras, solo retazos de esa chica, y de su vestido hecho un ovillo entre sus manos, y de su melena suelta, y del busto generoso que adivinaba su ropa interior, y de…
—Cómo habéis podido…
Seguía mirándolo, pero cada vez su forma era más difusa, más etérea…
—Es mejor que os sentéis.
De repente, estaba sentada en un sillón tapizado.
—Yo… —fue capaz de decir—. Yo… vos… yo no…
La risita que había soltado. Las piernas esbeltas. Los ojos grandes y burlones.
—Siento que hayáis tenido que verla.
Inspiró profundamente, llevándose una mano a la cabeza. Lo peor era el tono impersonal de su esposo.
Su esposo, que acababa de estar con una fulana.
—Lo… sentís.
Estuvo a medio camino entre una afirmación y una interrogación.
—Lo mejor será que cada uno vaya a sus aposentos y se vista. Ya hablaremos en el desayuno. ¿Podéis levantaros?
Catalina se levantó y solo fue capaz de mirarlo con lágrimas en el rabillo de los ojos.
—¿Por qué?
Dos ojos azules y fríos como el hielo le perforaron la cabeza.
—Mi señora, es mejor no hacer de esto un espectáculo. Olvidad lo visto.
Soltó una carcajada, la más amarga que había soltado jamás, la más triste, la más devastadora.
—Que olvide…
Se colocó un mechón enmarañado detrás de la oreja y carraspeó. Se esforzó en que su voz no temblara, y casi lo consiguió cuando dijo:
—No quiero volver a verla nunca más.
Hubo un segundo y medio de silencio.
—De acuerdo.
—Ni vos tampoco.
Hubo tres segundos de silencio.
—Eso no lo voy a prometer.

Catalina despegó los labios. Entonces, sin decir nada más, se dio la vuelta y salió. Más tarde dedujo que aquello fue lo único que hizo posible no derrumbarse delante de él.

(Este es el segundo fragmento que os enseño de la novela que estoy escribiendo, el Proyecto Cat, que va viento en popa. No lo he revisado, así que si veis algún fallo o repetición, avisadme, por favor. Espero que os guste y que haya conseguido transmitir la fuerza de la escena. Por cierto, cronológicamente se desarrolla antes que el fragmento anterior que dejé. ¡Un saludo!)

lunes, 28 de noviembre de 2016

Novedades

¡Hola a todos! Hoy solamente os escribo para comunicaros una noticia que para mí es especial: he empezado a escribir una nueva novela.

Como algunos sabréis, la última novela que escribí, Lavinia es libertad, la acabé en escasos ocho meses, y es que mi método de escritura ha cambiado notablemente. Esta nueva novela la pienso escribir al mismo ritmo que la anterior (¡o más rápido, si se puede!). Las primeras ideas son de hace años, pero empezó a coger forma hace uno más o menos. He desarrollado la historia en estos últimos cinco meses, escribiendo escenas sueltas, creando subtramas, perfilando personajes... Y el último mes ha sido verdaderamente impresionante: he hecho el proceso principal de documentación, he caracterizado secundarios y redondeado tramas, y en tres días (¡tres!) he construido la escaleta.

En fin, y ya a los datos más útiles: he decidido llamarla Proyecto Cat, para no desvelar su título real, como ya hice con Lavinia. Eso de Cat es por la protagonista, que se llama Catalina (he tenido bastante duda a la hora de elegir nombres, cosa que casi nunca me pasa. Incluso hice una encuesta en Twitter que no me ayudó apenas).
La novela será bastante más adulta que las anteriores que he escrito; aunque Lavinia es libertad es una novela bastante "abierta" en el sentido de clasificación, porque puede gustar tanto a adultos como a jóvenes, Proyecto Cat no creo que pueda llamarlo juvenil. Va a ser una novela durísima: un drama bélico en el que no voy a omitir escenas violentas ni momentos muy tristes. Debo admitir que, aunque me guste el drama, esta novela se va a ganar la palma. Los personajes lo van a pasar muy, muy mal. Aunque todo eso tendrá sentido, claro, no lo escribo porque sí. En mi última entrada, donde hay un fragmentito de la historia, se ve más o menos el tono.

Aunque en esta ocasión no os desvele la sinopsis completa, sí puedo contaros el punto de partida: la historia entera gira alrededor de un matrimonio concertado: Catalina y Gabriel (este es un pseudónimo, el personaje en realidad se llama de otra forma). Él es guerrero y debe ir a luchar en numerosas ocasiones. Ella, dama instruida, queda chocada por su cambio de vida: pasa de vivir en un palacete a hacerlo en un castillo en medio de la nada, con un esposo que la ignora y alejada de sus seres queridos.

Tengo pensado colgar algún fragmento más según la vaya escribiendo (nunca la novela entera, claro), tal vez cambiando alguna imagen icónica o los nombres, porque nunca se sabe quién se quiere copiar. Tengo muchísima ilusión puesta en esta historia y espero de todo corazón plasmarla bien en papel. Y también espero hacerlo en un tiempo asequible, como en mi novela anterior. Por ahora voy bien: en una semana ya he escrito más de 5.000 palabras. A ver si esto se mantiene.

¡Un abrazo!

sábado, 12 de noviembre de 2016

Fragmento sin título

La sangre, las moscas, los gritos; una tos regurgitante, una voz llamando a su mamá, un frasco de cristal cayendo al suelo y haciéndose añicos. Todo sucedía, sucedía, sucedía, y ella solo podía ir de jergón en jergón, aplicaba ungüentos, daba besos, susurraba cosas bonitas, se tragaba su propio dolor. El yodo, el agua, el láudano, los paños. Lleváoslo, se ha muerto. Urgente, hay que cauterizar la herida. Se ha infectado. Mamá, mamá. Mi pierna no, mi pierna no. Ayudadme. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Olía a vómito, a metal, a podredumbre. La poca luz de las antorchas creaba sombras grisáceas sobre la tela de las tiendas. Por el rabillo del ojo vio a un perro pulgoso lamiendo un charco de sangre y agua. Las náuseas se quedaron atascadas en la garganta y tuvo que tragar saliva repetidas veces. Uno la agarró de la mano repentinamente antes de que pudiera pasar al siguiente herido. Lo miró, reprimiendo un respingo o un grito de horror, y él sonrió con una boca llena de sangre y dientes rotos. Su mirada vidriosa se congeló. Se deshizo del contacto de su mano engarfiada y gritó que lo retiraran del jergón para dejar pasar a otro. Rápido, rápido, le pidieron, ven, no está quieto y se va a desangrar. Algo le salpicó el pómulo y deseó que solo fuera agua. Corrió a otro cuyas vísceras casi se le salían del vientre abierto. Nada más alcanzarlo, murió mirándola fijamente. «Bienaventurados los que sufren, pues su recompensa será grande en el Cielo», rezó, pensó, dijo, ya no sabía. Sus manos se habían teñido de un brillante escarlata. Le cerró los ojos y corrió al siguiente. La suciedad estaba incrustada en sus uñas, se percató al mirarse las manos. Pero era mejor tenerlas sucias a no tenerlas, como ese soldado de allá. La volvieron a llamar a gritos. Se retiró el pelo de la cara, manchándose en el proceso. Percibió vagamente el rodete deshecho bamboleando en su nuca y la brisa fresca y agradable que entraba cuando abrían la cortina y traían un nuevo herido. Mientras le ponía un trozo de madera en la boca a aquel pobre muchacho con la flecha clavada en el muslo, miró hacia el techo de la tienda y pensó en Él y en él. Al primero le pidió ser fuerte y le suplicó no tener que ver al segundo aquella noche, porque eso significaría que no había sido herido en batalla.


Este es un fragmento de una novela que quiero empezar a escribir pronto. Como habréis observado, se ambienta en la Edad Media.

martes, 4 de octubre de 2016

¿Qué es el lenguaje literario?

Cuando hablamos de literatura, pensamos en libros, novelas generalmente, historias. A veces parece obvio el significado de la palabra literatura, a veces no. De lo que estoy segura es de que, como en tantísimas cosas a la hora de hablar, se generaliza el concepto y se extiende hasta llamar literatura a cosas que no lo son. De eso quiero hablar hoy.

Con todo el revuelo que hay en el mundo bloguer y booktuber, en el que yo creo que estoy (hasta cierto punto) metida —principalmente porque tengo un blog desde hace cinco años y medio y porque estoy bastante al tanto de los vídeos en Youtube que hablan de libros en España—, cada vez me topo con más comentarios y opiniones opuestas, «malos rollos», quejas y contraataques. ¿Sobre qué? Sobre muchas cosas, una de ellas la definición de literatura juvenil y su sobrevaloración o infravaloración; hablé de esto largo y tendido en este artículo de aquí. Hoy quiero profundizar especialmente en un tema que allí mencioné de pasada: el lenguaje, estilo o calidad literaria. ¿Qué es? ¿Cómo se distingue un estilo pobre de uno maravilloso? ¿Hasta qué punto la literatura es literatura sin un estilo bueno? Hablaré en especial de ese problema en la literatura juvenil, ya que de ahí he sacado el tema, y me dirigiré a los jóvenes que la leen sin criterio.

¿Qué hace literatura a la literatura? No es una respuesta fácil, ni tampoco podemos resumirlo todo en un par de palabras. Pero si hay algo que define a la literatura, ése es el lenguaje.
Dicho de otra forma: muchos podemos contar una historia. Muchos podemos transmitir una sensación, una enseñanza, un hecho histórico, una emoción. Solemos escoger las palabras para expresarlo, aunque hay muchos otros canales: la música, la pintura, el baile, la fotografía, la moda. Pero no por enseñarla nuestra historia se convierte automáticamente en arte. Solamente se convierte en arte cuando hacemos brillar el medio por el cual mostramos el mensaje; cuando, aparte de querer transmitir X cosa y que sea lo suficientemente interesante y novedosa, la forma de transmisión es bella en sí, se convierte en un fin y no en un simple medio.
Es decir: la literatura es el arte de contar algo escogiendo un lenguaje bello. ¿Y qué es un lenguaje bello, podéis preguntar? Ajá. Eso es algo que los estudiantes (y amantes) de la literatura nos llevamos preguntando miles de años. Hay muchas posibles respuestas, de gente mucho más lista, más culta, más formada que yo. Si este tema os interesa lo suficiente como para dedicarle unas horillas, os recomiendo encarecidamente la Poética de Aristóteles o las teorías de Jakobson y Sklovsky. Yo intentaré explicarlo de forma concisa y abierta.
Lo bueno del lenguaje es que es moldeable; que las palabras no son rígidas, que cambian, evolucionan, se mueven y adquieren nuevos significados. El lenguaje no es una mera forma de comunicarnos. Se convierte en algo con importancia y significado propios, en algo que merece la pena ser estudiado, analizado, admirado y aprovechado. Sin embargo, en esa maleabilidad y vital importancia es justo donde reside también su peligro: el peligro de extinguirse, de cambiar demasiado deprisa, de estropear su belleza intrínseca. ¿Qué quiero decir con esto? Que, para que nos podamos entender y podamos disfrutar de la lengua y la literatura en todo su esplendor, debemos cuidarla. Y se cuida atendiendo a ciertas normas que, por convención o por tendencia, tenemos que seguir. Sí, señores, la RAE existe por un motivo. Si cada uno hablamos y escribimos como nos da la gana, ocurren malentendidos que puede dar lugar a problemas serios. Desde el típico: «No quiero ir» que en realidad era un «No; quiero ir» hasta confusiones que dan lugar a guerras, sin exagerar. Si eso ocurre en las situaciones más corrientes hoy en día, en cincuenta años a lo mejor nos habremos diferenciado tanto que no nos entenderemos. Eso ocurrió con el latín a lo largo de los siglos. Y eso también ocurrirá, inevitablemente, con el castellano y con todas las lenguas. Es algo que no se puede evitar. Lo que sí se puede evitar es la aceleración desmesurada de esa separación. Porque, a la velocidad a la que van las cosas hoy en día, una lengua puede divergir en varias en muy poco tiempo.

Por eso es importante escribir bien, queridos. A mí no me gustaría no ser capaz de comunicarme con mi familia andaluza dentro de unas décadas, aunque suene exagerado. Lo bueno de la escritura es que es universal; que se puede aprender siguiendo ciertas pautas. Que no es caótica.
Volviendo al tema inicial, que divago. Ya hemos visto que escribir correctamente es crucial para conservar un idioma. Una vez dicho esto, toca hablar del lenguaje literario. Partiendo de la base de que todos los libros que se publican deberían seguir unas reglas de escritura (ortográficas, de puntuación, de sintaxis), lo bonito de la literatura es jugar con esas normas. Jugar con la lengua. Creo que fue Compagnon quien dijo que la lengua era «fascista» (en el sentido de «rígida»), y que la literatura la liberaba. Ya que usamos la lengua para contar una historia, ¿por qué no usar el lenguaje para enfatizar la historia, el mensaje, las emociones de los personajes?
El estilo literario no es más que eso: es jugar con el lenguaje para embellecerlo y para embellecer lo que cuenta. Porque jugando con el lenguaje se juega con la mente, con nuestra capacidad de imaginar, sugerir, razonar, analizar, empatizar. Nos hace más inteligentes, sensibles y despiertos.

Para aplicar esto a algo más práctico: imaginaos la historia de un chico adolescente, rebelde y confuso, que hace pellas y se queda dando vueltas por la ciudad porque no sabe qué hacer. No parece nada especial, ¿verdad? Sin embargo, la premisa de El guardián entre el centeno no es más que esa. ¿Y qué hace que El guardián entre el centeno sea especial? La forma de contarlo, el estilo que tiene. El autor consigue meternos en la cabeza de ese adolescente, Holden Caulfield, entender sus miedos, compartir sus dudas de adónde se van los patos cuando el agua del lago se congela. Y eso lo consigue porque escoge las palabras correctas, las expresiones correctas. Lo mismo pasa con muchísimos otras obras maestras, cuyos argumentos no parecen gran cosa, pero que luego resultan ser una maravilla por la manera de contarlo: La señora Dalloway, Cumbres borrascosas, Corazón, El camino
El estilo de un libro se enriquece con el uso de recursos literarios, desde la clásica metáfora («Sus dientes eran perlas», nos enseñaron en el colegio) hasta otros menos fáciles de detectar como la sinestesia o el calambur («Su Majestad es/coja», dijo el pillo de Quevedo). Pero ¡ojo!: no hay que confundir lenguaje plagado de recursos con lenguaje bello. No por usar tropecientas metáforas una novela es mejor. La dificultad y la maestría están en saber usar la cantidad justa, el recurso adecuado para el momento adecuado, el tono en consonancia con la historia y el narrador. Y esto suena mucho a teoría literaria, a lo que nos mandan estudiar obligatoriamente, y muchos lectores aficionados pensarán que los recursos solo se usan en los clásicos. Error.
Los recursos literarios se usan constantemente, incluso en la lengua hablada: «¡Uy, que me mato!» (hipérbole); «O sea, ¿hola?» (pregunta retórica); «Eso es una mentira como la copa de un pino» (símil o comparación)… y eso no suena a tocho del siglo de Cervantes, ¿verdad? También es un error común pensar que los únicos recursos literarios son los semánticos, como los que he mencionado. Cambiar el orden de las palabras en una frase, enumerar cualidades de algo, repetir la estructura sintáctica de una oración varias veces, o la primera palabra… suena complejo al definirlos, pero nada más alejado de la realidad. La literatura exige el uso de recursos, de jugar con el lenguaje para conseguir que el lector sienta esto o aquello, se interese por otra cosa, quede sobrecogido por un paisaje o se encariñe con un personaje. Y luego, aparte de recursos, un vocabulario correcto y coherente, un uso adecuado de los tiempos verbales, de locuciones, de expresiones; además, por supuesto, de una correcta puntuación, ortografía, y demás exigencias gramaticales de las que ya he hablado.

Pues en varios libros de literatura juvenil actual la calidad literaria brilla por su ausencia. Obviamente, no solamente pasa con la juvenil, pero ese era el tema por el cual he escrito todo esto, y por eso la nombro. Como veis, no, no se trata de que un libro tenga que ser denso, con un vocabulario de hace quinientos años o que los personajes hablen como si estuvieran leyendo el diccionario de la RAE. Se trata de que no se cometan aberraciones como errores sintagmáticos copiados del inglés, comas fuera de lugar, diálogos que nunca se darían en la vida real. Se trata de que una descripción sea fluida y sugerente, no un salchichero: «Había árboles y hierba. La casa tenía dos ventanas. Era muy bonito». Se trata de tener el suficiente vocabulario como para no estar repitiendo constantemente los mismos adjetivos, las mismas expresiones, los mismos verbos; y a la vez no intentar ser pseudoerudito usando veinte formas diferentes que puedan sustituir al «dijo» en un diálogo y que no vienen a cuento. Se trata de saber combinar bien descripciones y diálogos, no enrollarse con ninguno de los dos. Se trata de que haya coherencia, y que un personaje noble del medievo no hable como un adolescente del siglo XXI. Cosas que parecen muy obvias si se dicen así, pero que luego salen en cientos de libros.
Por eso decir que un libro está bien o mal escrito no es cuestión de opinión. Es una actitud infantil e ignorante lanzarse sobre una persona que critica una historia alegando que a ti te «llegó al corazón». Una historia puede tener una trama interesante, pero estar horriblemente escrita. Y eso pasa a menudo, es bastante común. Y no pasa nada si gustan: ¡el gusto es subjetivo!


Ya para terminar, me dirijo especialmente a vosotros, lectores jóvenes que leéis juvenil, y casi nada más que juvenil. Hay que intentar ser objetivo. Criticar un libro no es lo mismo que insultar al autor o a la obra. Criticar (constructivamente, se entiende) no es más que analizar algo de forma objetiva, entre otros el lenguaje, y decir sus aciertos y sus fallos. Es normal que, si no habéis leído mucho o variado, aún no sepáis distinguir un lenguaje bueno de uno malo. Pero se aprende, y no hace falta ser catedrático para ello. Se aprende empezando a leer cosas buenas, que no solo «enganchen», sino que tengan una calidad literaria admirable. Se aprende analizando un párrafo y pensando en cómo el escritor ha dicho lo que ha dicho, y si lo dice bien o le falta algo. Se aprende comparando algo bueno con algo no tan bueno, y dándose cuenta de los errores que tiene el libro malo. Y así, poco a poco, vosotros mismos os daréis cuenta de qué libro está escrito de una manera bella, adecuada con lo que cuenta, que mejora la historia y hace que os guste no solo esta, sino también la forma de contarla. Y, por supuesto, os podrán seguir gustando los libros mal escritos, pero podréis ver que, efectivamente, están mal escritos. Y cuanto más objetivos os volváis, más mejorará vuestro gusto, y os empezarán a gustar las cosas que son buenas. Os lo digo por propia experiencia, y eso que a mí aún me queda un larguísimo camino para poder ser crítica literaria.

(A lo mejor uno de estos días colgaré una entrada con ejemplos de mis párrafos o fragmentos favoritos de novelas donde destaque especialmente el lenguaje del autor. Por si os interesa.)

sábado, 3 de septiembre de 2016

Premio «Best Blog».

La monísima Edurne (a la que por aquí siempre me he referido como Sun Burdock) me ha nominado a este premio desde su blog (pinchad aquí). ¡Gracias! Como sabéis, y ella mejor que nadie, yo me salto las normas de estos premios a la torera, principalmente porque sigo a muy poca gente en blogs, y porque no me gusta hacer cadena. Así que dejaré las normas abajo y cumpliré las que me dé la gana. xD

Reglas
  • Seguir al blog que te nominó y cuando lo sigas dejar un comentario para que te siga de vuelta.
  • Contar once cosas sobre ti.
  • Responder a las preguntas que te preparó la persona que te nominó.
  • Hacer once preguntas nuevas para que respondan las personas a las que nomines.
  • Nominar a once blogs con menos de doscientos seguidores, y, cuando lo hagas, dejar un comentario en sus blogs para avisarlos.
Once cosas sobre mí (voy a intentar ser original)

1. Sueño casi todas las noches, y casi todas las mañanas recuerdo lo que he soñado, aunque si no lo apunto o no lo cuento se me acaba olvidando.
2. A los cinco años comencé mi primer esbozo de novela. Se llamaba La mayonesa Lola y llegó a tener dieciocho capítulos, pero nunca lo acabé.
3. Hay ciertas películas que, sean de mis favoritas o no, puedo ver una y otra vez sin cansarme; por ejemplo, The holiday, About time, Anastasia (1997), Hércules (1997) o No reservations. Las habré visto por lo menos cinco veces cada una.
4. Me encanta la historia. Más bien me encanta estudiar la historia de forma indirecta, mediante novelas, artículos, obras de arte o haciendo turismo; pero no sería capaz de estudiarla a fondo y de forma directa.
5. Me muerdo las uñas desde que tengo uso de razón. Siempre lo he querido dejar y nunca he sido capaz, ni siquiera con el pintaúñas de farmacia, hasta que el año pasado, sin motivo y sin más, dejé de hacerlo. Ahora solo me las muerdo cuando estoy nerviosa o aburrida.
6. Cuando leo libros, me enamoro con facilidad de los personajes masculinos serios o pícaros (lo sé, son dos cosas bastante opuestas). Los voy añadiendo a una lista y los llamo «mis chicos». Algunos son: Mr. Rochester, Mr. Darcy, Borja Arregui, Tariq, Leo, Kvothe, Peeta Mellark, Finnick Odair, Bran o Sirius Black.
7. Me apasionan y se me dan muy bien los idiomas. Cada vez que viajo a un país hago un esfuerzo en aprender, al menos, palabras y expresiones. Así, aparte de dominar -entender, leer, hablar, escribir- tres idiomas (castellano, neerlandés e inglés), defenderme en otro (francés) y chapurrear un quinto (árabe), sé expresiones útiles y vocabulario básico en italiano, alemán y polaco. Además, sé leer y escribir en griego, pero no hablarlo.
8. A simple vista parezco extravertida, abierta y graciosa; pero para conocerme de verdad hace falta mucho tiempo, ser perseverante y leal. Tardo años en confiar en alguien.
9. Estoy enganchada a ver toda clase de vídeos en Youtube y no me gusta, así que intento desquitarme de vez en cuando.
10. Aparte de la literatura, tengo un enorme vínculo con la música.
11. Me es difícil tirar cosas que ya no necesito. Me encariño con enorme facilidad de objetos: apuntes, prendas de ropa, detalles tontos..., porque me ayudan a recordar, y, para mí, los recuerdos son un tesoro.


Preguntas

1. ¿Qué clase de libros te gusta leer?
Leo sobre todo novelas, pero también me gusta la poesía y los cuentos. Dentro de las novelas, prefiero la épica, la fantasía o el realismo decimonónico.

2. ¿Qué consideras que necesita una persona para ser un buen escritor?
Formación, que se adquiere con la práctica (escribiendo mucho), con la lectura (que sea variada), con la experiencia de vivir... y, aunque en menor medida, creo que el talento existe y ayuda mucho, se llame así o se llame "facilidad".

3. ¿Qué es lo que más valoras cuando lees un libro? (Desarrollo/evolución de los personajes, descripción de los escenarios/ambientación, la trama, el estilo narrativo, etc.)
Es una pregunta difícil. Yo diría que el equilibrio de todos esos ingredientes, pero si tuviera que elegir dos cosas (porque no puedo una solamente), serían el estilo, pues una obra literaria no es tal si no está escrita de una forma bella, y unos personajes complejos, humanos, realistas y fascinantes.

4. ¿Escribes? Si es así, ¿desde cuándo?
Sí, escribo. Escribo desde los cuatro años, y más en serio desde los once.

5. Si escribes, ¿qué sueles escribir?
Escribo novelas, es mi pasión, mi vocación. Luego también escrito relatos cortos, microrrelatos y de vez en cuando algún poema o cuento. En cuanto a temática, me suelo decantar por la fantasía, la ambientación medieval, el realismo y el drama.

6. ¿Cuál fue el primer libro que te "marcó"?
Lo tengo clarísimo: Alas de fuego, de Laura Gallego García. Fue un antes y un después no solo en mis hábitos de lectura, sino en mi vida entera.

7. ¿Cuál es el libro que más rápido has leído? ¿Cuánto tardaste?
Pfff... pues no lo sé. Si es por número de páginas, puede que Memorias de Idhún: Tríada (unas 700 páginas, si no recuerdo mal), que me leí en un día y medio. Luego hay muchos otros que me he leído en una tarde o un día: Alas de fuego, Molly Moon, Sueños de piedra...

8. Menciona tus autores favoritos y por qué lo son
(siento la extensión)
- Laura Gallego García, porque todos sus libros tienen tramas imaginativas, trepidantes y con buen ritmo; escribe armonizando sencillez y belleza; construye personajes carismáticos y redondos... Es la autora de juvenil por excelencia y de la que más libros he leído: diecinueve, nada menos.
- J.R.R. Tolkien, porque todo en él es exquisito. El despliegue de sus mundos, sus descripciones, sus personajes... todo. Él es el verdadero creador de la fantasía.
- José Ramón Ayllón, porque me parece un soplo de aire fresco. Sus novelas son desenfadadas, sencillas a más no poder, y sin embargo esconden una profundidad preciosa. Nunca me cansaré de nombrar Vigo es Vivaldi y de declarar mi amor por Borja Arregui.
- Stefan Zweig. Su estilo es el más hermoso que he leído nunca, y sus personajes, los más bellos.
- Carlos Ruiz Zafón. Su novela Marina me cambió la forma de ver el mundo y de construir mis propias historias. Creo que no hace falta decir más.
- Por último, Patrick Rothfuss. Lo descubrí en abril. Kvothe es un personaje maravilloso, tan maravilloso que él solo da vida a dos novelas de mil páginas que lo tienen casi todo: un mundo de fantasía impresionante, personajes complejos, acción, pasión, música.

9. ¿Alguna vez has dejado sin terminar un libro? ¿Cuál fue y por qué lo dejaste a medias?
Sí, aunque no es algo que me guste hacer. Algunos clásicos como Macbeth o las Novelas ejemplares, porque no pude pasar de las primeras páginas; el Diario de Ana Frank porque no la soportaba a ella; Cien años de soledad, por una mezcla de asco, aburrimiento, mala edición, mal momento.

10. ¿Has escrito un libro alguna vez? Si es así, ¿seguiste algún método para desarrollar la historia? ¿Cuánto tardaste en escribirlo? ¿Qué te costó desarrollar más, el planteamiento, nudo o desenlace? ¿Estás satisfecho/a con el resultado? En el caso de que no hayas escrito un libro, ¿te planteas escribir uno en el futuro?
He escrito cuatro novelas, pero voy a hablar de la última, Lavinia es libertad.
Fue la primera novela que planifiqué bien antes de escribir y con la que fui constante: antes de empezarla, escribí el argumento, la separé en partes, até cabos, describí la ambientación y los personajes con precisión, solucioné problemas e incisos y elaboré una escaleta larga y puntillosa (aunque la fui modificando levemente mientras escribía). La acabé en ocho o nueve meses, de los cuales los primeros tres sin constancia, y el resto poniéndome todos los días y escribiendo, aproximadamente, 500 palabras, aunque al final llegué a una media de 900 por día.
En el momento de escribirla, me costó la parte menos fluida, hacia la mitad, aunque no fuera el nudo en sí; y el epílogo, que me estuvo carcomiendo la cabeza durante días (y apenas es una página). Ahora, en la corrección, he tenido que cambiar sobre todo el principio.
Estoy muy satisfecha con ella. En realidad, como he dicho por Twitter, más que eso. Con mis anteriores novelas acabé satisfecha, pero no orgullosa del escrito en sí, sino del trabajo que me costó. Pero Lavinia es libertad me llena de orgullo por la obra en sí. Estoy orgullosa no solo de haberla escrito en poco tiempo o de haberla terminado, sino de cómo ha quedado, toda ella. Y es una sensación nueva y enormemente gratificante.

11. ¿Consideras útiles los concursos literarios? ¿Has participado en alguno?
Bueno... considero útiles, sobre todo, los concursos de novelas o ensayos; los de microrrelatos o textos cortos no me acaban de convencer, supongo que porque no es mi género. He participado en pequeños concursos locales, pero nunca en uno de novela.


Y eso es todo. De nuevo, gracias a Edurne. Os dejo aquí el enlace a su entrada del blog.

domingo, 28 de agosto de 2016

Sobre qué es la literatura juvenil y qué pasa con ella hoy en día.

Antes de nada, os pido respeto en los comentarios u opiniones que queráis hacer, y os invito a que reflexionéis sobre lo que hablo.

Mi propósito: pretendo definir la literatura juvenil, explicar en qué sentido es un género y en qué sentido no; explicar eso del «público» al que va dirigida, las características que suele tener, etcétera. Y por último, y lo más importante, quiero tratar la recepción de los lectores, el porqué de esa opinión opuesta (no vale nada / es genial), dando mi opinión al respecto.

¿Qué es la literatura juvenil? Hay varias maneras de definirla. Creo que la más general es esta: la literatura juvenil se compone de libros cuyos lectores suelen ser jóvenes. No el público para el que fueron escritos, sino quién los lee. Una vez dicho esto, podemos añadir más cosas, por supuesto. En efecto, parte de la literatura que se clasifica como juvenil está escrita con la intención de agradar o atraer a lectores que no lleguen a los 25 años de edad (aprox), al igual que muchas novelas de misterio se escriben pensando en un público al que le gustan los misterios. Lógico, ¿no? Pero es importante no confundir la intención del autor con la realidad de los compradores. Por ejemplo, J.R.R. Tolkien publicó El hobbit como una novela dirigida a jóvenes y niños, pero a menudo en las librerías no la vemos en esa sección, sino en la narrativa a secas. ¿Por qué? Porque resulta que muchos adultos también disfrutan con ella.

Con esto quiero explicar, como lectora y estudiante de literatura, que el hecho de clasificar (por temática, generalmente) no define la obra. Obviamente, las separaciones son útiles e incluso necesarias. Podemos imaginarnos de qué trata una novela que esté en la sección de romántica, cuál será la trama principal o qué les pasará a los personajes. El error está en dar por supuesto esa división y prejuzgar —que no juzgar— en base a ella. A cuántas personas habré visto pasar de largo de la sección «Biografías» (es un ejemplo) porque creen que nada de lo que habrá allí les interese. Es peor, sin embargo, pasar de largo no porque no guste, sino porque no se crea que sea bueno, nada de ello. Los adultos suelen hacer eso con la literatura infantil y juvenil, por supuesto, pero muchos también con la fantasía o la romántica («cosas de niños», «infantilismo», «eso no es literatura»). Y más de un lector joven no mira la no ficción, la novela negra, la poesía o el teatro, porque «menudo tostón». Pues, señores, esto es un gran error. No solamente porque muchísimos libros abarcan más de un tema —Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro, puede ser ciencia ficción y romántica; el Libro de Apolonio es poesía, clásico y aventuras; La bibliotecaria de Auschwitz puede estar en biografía, novela histórica, literatura juvenil o narrativa por las buenas—, sino porque, sí, solo fijarnos en una sección nos limita y nos deja la mente cuadrada y cerrada.
Con esto no estoy diciendo que esté mal tener un género favorito, o mirar más en una sección de la librería que en otra. Es normal y necesario tener gustos; el problema es cuando mezclamos gusto y criterio. Ahí quiero llegar yo.

Espero que con esto quede claro que las clasificaciones son prácticas y útiles, pero no cerradas. No hay seguirlas ciegamente, porque acabaremos siendo borreguitos.
¿Qué pasa entonces con la literatura juvenil? Pasa que no es un género en el sentido estricto de la palabra. Es una forma de clasificar diferente a la que usamos para clasificar los demás libros (hablo de la mayoría de bibliotecas y librerías), porque no clasificamos por temática o por género literario, sino por público. Hasta cierto punto es fácil etiquetar una novela de juvenil y crear una sección especial para ella. No obstante, al crearse dicha sección, se está ignorando el resto de ingredientes que esos libros tienen. En muchas librerías se separa la narrativa extranjera de la nacional, o la romántica de la de misterio. Pero en la sección de juvenil nos podemos encontrar libros traducidos y sin traducir, románticos, de misterio, de fantasía, contemporáneos, históricos y mil cosas más. Luego ¿quién decide que una novela es juvenil? ¿Y siguiendo qué criterio? ¿Según la bibliografía del autor, su intención al escribir, la decisión de la editorial cuando empieza el trabajo de mercadotecnia o la verdadera recepción de los lectores? Algunos de esos criterios me parecen insuficientes, y, a menudo, erróneos.

Ahora voy a entrar de lleno en el problema; el problema de cuál es realmente el contenido de la sección juvenil en una librería, y de por qué recibe críticas opuestas.
Digamos que en los últimos quince años, más o menos desde que comenzó este siglo XXI, la literatura juvenil en España (y también en el resto del mundo, en mayor o menor medida) ha vivido un resurgimiento impresionante. Quizá fue Harry Potter; quizá la casualidad de que publicaran varios autores que impactaron a la gente joven. Y a la vez se difundió el uso de Internet, una auténtica bomba en cuanto a comunicación y consumo masivo. El resultado de todo esto ha sido un contagio enorme de la lectura, y especialmente en las personas que más usamos Internet: los jóvenes. Los últimos años se publica muchísima literatura juvenil. Las colas en las ferias del libro son gigantescas. Eso de «los jóvenes no leen» está cayendo en desuso. Sin embargo, ahora la afirmación se va convirtiendo en otra, también peyorativa: «Los jóvenes no leen libros de calidad». ¿Es eso cierto? ¿Por qué se dice? ¿Quién lo dice?

Y aquí va mi opinión, que, efectivamente, solamente es una opinión, pero está argumentada y meditada: sí, hasta cierto punto es verdad. (BUM, explotó la bomba atómica).
¿Por qué lo digo?
Todavía me considero joven, por suerte. Y además de ser joven, leo literatura juvenil, entre otros. Compro libros juveniles, los leo, veo vídeos de gente que habla ellos y los disfruto. Y lo que yo veo es que, en la literatura juvenil, hay tendencias que se repiten una y otra vez, hasta que se convierten en clichés. Esto es algo que también han sufrido muchos otros géneros: la ciencia-ficción fue menospreciada por no tener un lenguaje verdaderamente literario y de calidad, la fantasía sufrió por parecer infantil e inverosímil, la novela negra por tener argumentos y personajes esquemáticos y previsibles. Pues la literatura juvenil igual: muchos de los libros juveniles que se publican tienen un estilo pobre, personajes planos como una tabla, tramas sin el menor relieve, clichés por aquí, clichés por allá. Esto no depende de si te gusta o no, de si eres adulto, joven o niño. Seamos objetivos, por favor: cuando una novela está mal escrita, está mal escrita, y punto. Cuando los personajes son estereotipos andantes, no depende de lo que «crea» el lector. Repito: no hay que confundir criterio con gusto. A cualquiera nos puede gustar cualquier libro, porque el gusto es subjetivo. El criterio, no. Y esto es extrapolable a cualquier ámbito del arte. Las amistades peligrosas me parece uno de los libros más aburridos que he leído en mi vida. Y sin embargo, es una obra de arte indiscutible: por los personajes, por el lenguaje, por la trama. Así con miles de cosas.
Lo que quiero decir, que me voy por las ramas, es que esa creencia de que la literatura juvenil no es literatura es una generalización incorrecta, pero que se basa en algo verídico; si no, no habría tanta gente (formada) que estuviera de acuerdo. No quiero empezar a nombrar, pero haced un recuento de cuántas novelas juveniles tienen los siguientes ingredientes: protagonista femenina, joven (de 16-18 años), que narra en primera persona, algo insegura o tímida, con una vida relativamente normal; algo en esa rutina se le trunca por X motivo y pasa una de estas dos cosas, o las dos:
a) se convierte en una rebelde heroína sin quererlo, o
b) conoce a un chico misterioso, atractivo, con un pasado oscuro o secreto, que al principio pasa de ella o la trata mal pero luego es sensible y profundo y se enamora.
Podría enumerar fácilmente quince libros así. Y, si no se os ocurre ninguno, preguntadme.

«¡Pero no todos los libros juveniles son así!»; por supuesto que no. Si fuera así siempre, yo no leería literatura juvenil, no disfrutaría con ella, no vería vídeos de Booktube y no estaría hablando de esto en mi blog. Porque, como he dicho antes, tendemos a meter todo en un mismo saco, mientras que no deberíamos. Pero sí es cierto que —probablemente debido a que venden como churros— muchas novelas que se publican como juveniles son mediocres. Ya sea calidad literaria (una de las cosas que yo más noto), evolución y profundidad de personajes (que también se echa de menos), originalidad en la trama… ¿Y por qué vende lo malo, entonces? Eso es un tema interesante también, pero no hablaré de ello hoy. Solo diré: consumismo y entretenimiento.
No obstante, en la literatura juvenil también se publican joyas, o libros decentes simplemente, ni mejores ni peores que otros, pero que, como son juveniles, no son valorados por el público «adulto». Pues eso también está mal, y me dirijo a todos esos que miran por encima del hombro a alguien que lea a J.K. Rowling o a Laura Gallego García. Despreciar a alguien por lo que lee nunca está bien, aunque lea libros que no merecen ser publicados. Pero despreciar a alguien que lee literatura juvenil argumentando que toda la literatura juvenil es mala es casi peor: demuestra una falta de objetividad grave. Y lo mismo al revés: llamar «purista» a alguien que lea clásicos y hable o escriba sobre ellos en el blog. ¿Hola? Porque los hay, eh, no me lo estoy inventando (de hecho, podéis preguntárselo a María, de Los libros de María Antonieta). Los clásicos son libros eternos, que han conseguido superar cualquier bache que provoca el tiempo y las costumbres. Si no te gusta leer clásicos, allá tú (aunque «clásico» tampoco es un género como tal; la diferencia entre El guardián entre el centeno y Oliver Twist es abrumadora); pero es innegable que hay libros buenos y libros malos, si bien la línea divisoria no está clara. Si niegas la maestría del Quijote no solo hablas como un perfecto paleto, es que además estás mintiendo, simplemente.

En conclusión, todo esto se puede resumir (y lo repito por tercera vez) en un simple: no hay que confundir criterio con gusto. ¿Que te gusta la literatura juvenil? Genial, a mí también. ¿Que todo te encanta? Perfecto, pero no porque te guste va a ser bueno. ¿Que te parece que hay muchos bodrios en la literatura juvenil? Pues quizá, pero no generalices. Hay que ser observador, informarse antes de juzgar, y sobre todo no ser hipócrita ni prepotente. A todos nos gusta alguna cosa malucha, no pasa nada. Y si solo te gusta leer a Murakami o a Joyce, enhorabuena, pero no por ello eres mejor lector que aquellos que disfrutan también de Cornelia Funke o Tonke Dragt.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Alba

Le pesaba; le pesaba tanto que no estaba segura de si iba a ser capaz de aguantarlo mucho tiempo.
Y le dolía; le dolía mucho, como un rasguido en su corazón, como una herida abierta.
Pero tenía que hacerlo.
—No… no lo entiendo.
La voz de él sonó cálida, triste, desconcertada. Alzó la mirada y se sorprendió al leer en sus ojos lo mismo que sentía ella en ese momento. Parpadeó y notó las mejillas mojadas.
—Lo siento. Lo siento —fue lo único que pudo decir.
—¿Pero he hecho algo? ¿Ha pasado algo? No lo entiendo. ¿Por qué…?
Suspiró. Contuvo un sollozo. Suspiró otra vez.
—No. Tú no has hecho nada. No tienes la culpa de nada. Soy yo; soy sólo yo.
Sus cejas negras de él se fruncieron.
—¿Qué te pasa, cariño? ¿Ocurre algo?
Mientras lo decía, deslizó las yemas de los dedos por sus mejillas, y bajó el brazo hasta sostener su mano entre las suyas.
Pero ella, con delicadeza pero firme, se soltó.
—Ya te lo he dicho. Lo siento, pero tengo que hacerlo —con un esfuerzo sobrehumano, alzó la cabeza y clavó sus ojos vidriosos en él de nuevo—. Es lo mejor para los dos. Pero, sobre todo, para mí.
Le dio un rápido beso en la mejilla, lo miró una vez más, guardando en su memoria cada uno de sus rasgos al milímetro, esas cejas, esos ojos, esa nariz, esos labios, para que luego pudiera dibujarlo en sus sueños y en sus recuerdos. Le esbozó media sonrisa, cargada de significado. Entonces dio media vuelta y empezó a caminar. Él no la siguió.

Los primeros pasos fueron los más difíciles. No pudo contener el llanto, aunque lo intentó, y las lágrimas trazaron surcos brillantes en sus mejillas sonrosadas, cayeron al suelo, se confundieron con la tierra oscura y la hierba renacida. Al cabo de un minuto, se paró y se dobló, agarrándose por la cintura, como si el dolor se hiciera físico. Pero no se dio la vuelta. No; debía hacerlo. Aunque doliera. Aunque doliera más que nunca. Debía hacerlo.
Se irguió, parpadeó. La campiña se vio sacudida por un viento helado. Insufló ese aire y agradeció el frío que se coló por su garganta. Se quitó las lágrimas con las manos en un gesto certero, y reanudó la marcha. Se cogió las faldas para acelerar el paso. Su bota izquierda pisó un charco, pero no le dio importancia. La mirada al frente, no podía dejar de mirar al frente. Era lo único que le quedaba, pero también lo mejor. Si se hubiese quedado, habría estado satisfecha, pero no feliz. Si se hubiese quedado, habría sonreído fácilmente, pero no mucho tiempo.
El siguiente sollozo se mezcló con una carcajada. Las lágrimas se mezclaron con una sonrisa cargada de esperanza. El futuro se mezcló con el presente. El dolor parecía quedar cada vez más atrás, paso a paso, igual que la sensación de andar perdida; porque no estaba perdida, se recordó, sino todo lo contrario. Había escogido ese camino para encontrarse a sí misma.
Algo dejó de pesarle en el alma, y esta se volvió ligera como un colibrí para sobrevolar ese campo húmedo y frío. Y el sol, que apareció en el horizonte lentamente, le trajo calor, luz y libertad.


Laura TvdB, 24 de agosto de 2016.

martes, 21 de junio de 2016

Sobre Juego de tronos, o por qué la serie tiene el éxito que tiene.

Buenas noches. El domingo pasado se estrenó el penúltimo episodio de la sexta temporada de Juego de tronos (Game of thrones) y yo, por supuestísimo, lo vi en cuanto tuve ocasión. En esta entrada voy a hablar de mi opinión sobre la serie y, sobre todo, de mis motivos por los que la veo y por los que me gusta y me engancha. Obviamente, va a estar lleno de spoilers a partir de cierto momento; lo avisaré, tranquilos.

   Para empezar, he de decir que no he leído los libros (sacrilegio, lo sé). Hasta hace nueve meses no me llamaba la atención ni la saga (Canción de fuego y hielo, actualmente compuesta por cinco libros) ni la serie (Juego de tronos, cuyo título coincide con el primer volumen de la saga), pero nada de nada. No entendía esa enorme repercusión que tenía, ese afán por comentarlo todo, por hacer memes, gags y referencias constantes. No obstante, fue en septiembre, justo antes de empezar el curso, cuando me dio un ramalazo de curiosidad y me puse a ver los primeros capítulos. Aquí he de puntualizar que yo no veo series. He visto cuatro series completas en toda mi vida, para que os hagáis una idea.
   Y ya no pude parar. Entré en el mundo de Poniente con una facilidad asombrosa, y eso que la serie tampoco me fascina. Hay muchas cosas de la historia que no me gustan, empezando por el pesimismo que hay porque se cometen unos actos absolutamente brutales e inmorales constantemente, y siguiendo por el afán de violencia explícita y sexo (o más bien desnudez femenina) que, en mi opinión, a menudo se meten solamente para dar morbo y atraer a más audiencia.
Sin embargo, la historia es fascinante (reitero que hablo únicamente de la serie). Creo que es muy difícil hacer un despliegue tan grande de personajes y que todos tengan personalidad y papel propios; que el espectador siga las intrigas políticas con un interés enorme; que recuerde las subtramas, los nombres de todo el mundo, que le interesen todas las historias, que recuerde cada hilo argumental y que se emocione con cada escena. Pero lo han conseguido.
   ¿Qué es lo que más destaco?

   -Primero, el reparto. Creo que nunca he visto un reparto tan amplio y tan acertado. No puedo decir ni un solo personaje cuya actuación me parezca mala, o siquiera mediocre. Todos, todos los actores me parecen soberbios, se adecúan perfectamente a su personaje. Desde Peter Dinklage haciendo de Tyrion Lannister (el favorito de casi todos) pasando por Varys, Melisandre o Shae, hasta Ramsay (Iwan Rheon) o, por supuesto, Eddard Stark (Sean Bean). OJO: me parece importante puntualizar que veo la serie en versión original. Las voces de los actores me parecen fundamentales a la hora de actuar, y, en mi opinión, por bueno que sea el doblaje, nunca será como escucharlos a ellos.

   -Segundo, el guión, por lo que he dicho antes. ¿Cómo podemos seguir con interés a todos los personajes? ¿Cómo pueden darles a todos una evolución coherente, una personalidad propia? ¿Cómo se puede mezclar con éxito una escena de acción con otra romántica? Un guión muy bien pensado y escrito (aunque sí, creo que está cayendo por temporadas).

   -Tercero, la ambientación (y aquí abarco muchos aspectos técnicos: fotografía, efectos especiales, vestuario y maquillaje...). El mundo de Juego de tronos (o Game of thrones, prefiero decirlo en inglés, la verdad) es parecido al medieval, pero no del todo. Tiene toques que lo hacen diferente para que no nos creamos que es nuestro mundo unos siglos atrás: el vestuario, los edificios... nos enseñan cosas que no hemos visto pero que podemos calificar como "medievales". Simplemente, con ciertos detalles (los peinados de Cersei y Sansa en las primeras temporadas, p.ej.) nos damos cuenta de que no, no es Europa ni Asia ni nada. Es Poniente, con sus propias modas. Por no hablar de los increíbles escenarios, desde el Muro hasta Vaes Dothrak, el realismo de las batallas, las comidas, los viajes y un largo etcétera. Aquí también ayudan los nombres de los personajes (esto es mérito del autor, claro), pues la mayoría son inventados o modificados para que quede más exótico: Jon, Arya, Jorah, Robb, Eddard/Ned... también son cambiantes según el origen de cada uno (la familia Targaryen con las terminaciones en ys -Viserys, Daenerys, Aerys- o con el diptongo ae -Aemon, Daenerys, Aegon-).

   -Cuarto, la música. La serie tiene una maravillosa banda sonora, compuesta por Ramin Djawadi, que se adapta a la perfección en cada escena y recoge el espíritu de toda la serie. A continuación os enumero los temas que más me han cautivado: Main theme, Winterfell, I am hers and she is mine, Mhysa, You know nothing, Dance of dragons, Rains of Castemere...

   Creo que esos son los puntos que me han hecho engancharme mucho a la serie, tanto que ahora sí quiero leer los libros. A eso le añadimos la fantasía, el carácter épico, el carisma de algunos personajes (Tyrion) y sale un resultado, cuanto menos, espectacular. Digamos que el impacto que causa este mundo puede compararse al de El Señor de los Anillos o Harry Potter con respecto a la profundidad y la inmensidad que hay en él. Por ello, el lector-espectador siempre quiere saber más, descubrir más. Le encanta que otras personas sepan de ese mundo, compartirlo con ellas. Parece una tontería, pero une. De ahí mi motivación (y la de tantos otros) de comentar los episodios en Twitter, de retuitear bromas o escenas, de reírnos con los memes.


   Ahora ya voy a pasar a hablar de la sexta temporada, que es la única que he seguido según iban saliendo episodios. A partir de aquí, SPOILERS de toda la serie, sexta temporada incluida.

   ¿Qué me ha parecido? Pues no lo sé muy bien. La quinta temporada no me gustó mucho a excepción de algunos momentos (Drogon rescatando a Daenerys me pareció sublime, Tyrion viendo un dragón por primera vez, Sansa en Winterfell, Invernalia en español...). Y ahora, en la sexta, se nota que se han terminado los libros, puesto que en algunos momentos el guión decae por falta de novedades. Los episodios son más cortos, la acción más lenta. Se ha intentado solucionar con un acontecimiento "guay" por episodio: en el segundo, la visita de Tyrion a los dragones y la resurrección de Jon Snow; en el tercero, la deserción de Jon; en el cuarto, el poder de Daenerys... pero no se ven venir, o no tienen mucha relevancia, o se repiten. Por ejemplo, en el ¿sexto? capítulo, Daenerys solo aparece para animar por segunda vez a su ejército a luchar por ella. Pues sobraba, no hacía falta. Se echa de menos más presencia de Jorah, cuya escena final donde le confiesa su enfermedad a Dany me ha parecido de las más emotivas de la temporada. Tyrion pierde protagonismo porque en Meereen apenas pasa algo, y se nota también. Asimismo, todo lo acontecido en King's Landing (Desembarco del Rey) va demasiado lento y pierde interés; hay cabos sueltos que aún no se han resuelto y que me parecen simplones, como el asesinato del rey de las Islas de Hierro o en especial la conspiración de Dorne, de la que aún no se sabe nada de nada.

   No obstante, sí debo destacar algunos momentos que, efectivamente, son intensos y emocionantes. ¿Quién no se emocionó con Hold the door o con el reencuentro de Jon y Sansa? ¿A quién no le fascinó la batalla en la Torre de la Alegría? Y aunque ya vimos a Daenerys salir ilesa de las llamas, ¿a quién no le ha molado verlo de nuevo? Sí, la serie sigue teniendo su intríngulis. Y menos mal.

   Sin embargo, ese amor-odio ha cambiado del todo con este último episodio, el noveno. Ya es común en la serie que el penúltimo episodio de cada temporada sea el más intenso, el más chocante, el mejor al fin y al cabo. En la primera, fue la muerte de Ned; en la segunda, la batalla de Blackwater (¿Aguasnegras?); en la tercera, la Boda Roja (que fue, en mi opinión, uno de los momentos álgidos de la serie); en la cuarta, el ataque al Muro; en la quinta, el asesinato de Shireen y la huida de Daenerys en Drogon. Y en esta sexta temporada hemos visto nada más y nada menos que la llamada Batalla de los Bastardos, entre Jon Snow y Ramsay Bolton. A esta batalla le sumamos el "asedio" a Meereen, nada despreciable tampoco.



   Me ha parecido un episodio sublime. Uno de mis preferidos, sin duda alguna, un clímax total, una delicia para los sentidos. La edición, la magnífica actuación, en la que destaco la de Kit Harington (Jon), porque solo en su mirada se puede ver perfectamente el odio acumulado hacia Ramsay. Los demás también están maravillosos.
   Es un capítulo violento y brutal, realista y espantoso. Por si no fuera suficiente lo que ya ha hecho Ramsay, nos dan un motivo más para odiarlo cuando, con su inteligencia retorcida, hace que Jon eche a perder su única baza. Qué bien se le da jugar con las emociones de los demás. Esa parte (la de Rickon) me rompió el corazón. Jon tenía todas las de perder. Sansa tenía razón: Ramsay quería jugar con él, no debió de haber caído en la trampa. También he de decir que su consejo llegaba tarde (porque él no la escuchó en su momento) y que le debió de avisar de los apoyos de Petyr Baelish.
   La batalla está filmada con una maestría extraordinaria: efectos prácticos y digitales se mezclan con una naturalidad pasmosa (a diferencia de otros momentos donde sí canta más el CGI, como en Meereen). El enfrentamiento final entre Jon y Ramsay me ha parecido magnífico: se ve el odio acumulado de Jon, y cómo pierde los papeles completamente hasta que Sansa lo hace parar. Ramsay no podía salir ganando, antes o después su psicopatía le haría dar un paso en falso o subestimar a sus enemigos, como ha sido el caso con Jon en su lucha cara a cara, en la que creía que iba a salir vencedor con el arco.

   En fin, me ha dejado chocada. Espero con ansias el siguiente (y último, snif snif) episodio. Ojalá logre atar los cabos restantes y seguir con el listón alto. Ahora pasaré a enumerar mis episodios y momentos favoritos de la serie, que no son pocos.

Personajes preferidos: Tyrion Lannister (Peter Dinklage), por supuesto; Jon Snow (Kit Harington), Daenerys Targaryen (Emilia Clarke), Eddard Stark (Sean Bean), Sansa Stark (Sophie Turner) -a partir de la tercera temporada-. Más atrás se quedan Jorah, Robb Stark, Aemon Targaryen, Jaime Lannister -a partir de la tercera temporada-, Podrick Payne...

Episodios preferidos: episodio 9 de la tercera temporada (Boda Roja), de la cuarta (la batalla al Muro, me fascinó de comienzo a fin) y de esta sexta.

Momentos preferidos en orden cronológico y en versión original:

1x09 Muerte de Eddard Stark

2x03 Tyrion jugando el "juego de tronos"

3x04 Dracarys

3x06 Ygritte y Jon escalando el Muro

3x09: La Boda Roja

3x10 "Ruptura" de Jon e Ygritte

3x10 Tyrion consolando a Sansa tras la Boda Roja

4x06 El juicio de Tyrion

4x07 Oberyn se ofrece como campeón para Tyrion

5x09: Daenerys montando a Drogon

6x02 Tyrion libera a los dragones

6x04 Reencuentro de Jon y Sansa

6x05 Hold the door


¿Cuáles son vuestros preferidos? ¿Creéis que me he dejado alguno?
Siento haber soltado esta perorata, pero necesita desahogar mi fandom por algún lado. ¡Hasta la próxima!

domingo, 3 de abril de 2016

Recomendación literaria: "Entre tonos de gris".

Este año estoy leyendo mucho, al menos para lo que suelo leer yo. Hace apenas unos días acabé Las sirenas de Bagdad, de Yasmina Khadra, que me cautivó por su crudo realismo y su lenguaje. Pero el 1 de abril compré un libro recomendado por un chico de Youtube (Carlos, de La cueva de Charles) que me llamó la atención. Lo compré sobre las 14:00, lo empecé a leer sobre las 19:00. A la mañana siguiente, ya lo había terminado. Y ha sido tal impacto, una lectura tan especial y emotiva, que necesitaba hacer esta recomendación. Así que allá voy.

Título: Entre tonos de gris
Título original: Between shades of gray
Autora: Ruta Sepetys
Editorial: Ediciones Maeva
Género: dramático, histórico-biográfico

No sé muy bien por dónde empezar. Quizá lo mejor sea explicar un poco de qué va. La historia trata de Lina Vilkas, una joven lituana de 15 años cuya plácida vida se ve truncada en 1941 porque la policía secreta soviética entra violentamente en su casa y se la llevan, junto con su madre y su hermano, a trabajar en campos forzados de Siberia. Su padre, por otro lado, también ha sido capturado y no saben dónde está; Lina intentará, por medio de cartas, de sus dibujos y del mano a mano, contactar con él.

Podría decirse que este es un libro al estilo de las novelas-biografías del Holocausto nazi (tema del cual he leído unos cuantos libros: Si esto es un hombre, La bibliotecaria de Auschwitz, El violinista de Mauthausen... por decir algunos), pero del lado contrario, o sea, de la URSS en vez de la Alemania de Hitler. Y me ha parecido interesantísimo, porque del Holocausto hay un conocimiento y un interés general grande, se sabe lo que pasó, se es consciente del horror, pero ¿de Stalin? Siempre me ha indignado que de Stalin no se hable tanto, no se escriba tanto, no se sepa tanto. Me da rabia que casi nadie sepa que más de veinte millones de personas murieron por su culpa. Veinte millones, ojo, que se dice rápido. Bien; pues Entre tonos de gris retrata perfectamente ese horror desconocido, el horror de los gulag.

Lo acontecido a Lina y a su familia es espantoso, así que la historia no es un campo de margaritas, precisamente. La autora no se ensaña en lo desagradable, pero inevitablemente se habla de ello: del hambre, del frío siberiano y polar, del abuso, de los malos tratos, de los chivatazos, de las enfermedades, de la miseria. Tal vez no gaseaban a los prisioneros, pero sí los mandaban trabajar más de doce horas al día, dándoles de comer trescientos gramos de pan al día; o les pegaban un tiro en cuanto dejaran de ser útiles. Lina tiene que vivir situaciones horribles, y ver lo mejor y lo peor del ser humano. Y dentro de ese horror conoce también la generosidad, el cariño... sé que suena trillado, pero os aseguro que, a pesar de ser un tema conocido y tratado muchas veces, esta historia es distinta.

Una de las razones de ello son los personajes. No solo se retrata a la perfección a la protagonista, Lina, con sus virtudes y sus defectos, sus altibajos, su pasión por la pintura y el arte, su obsesión por encontrar a su padre; también se conoce a su hermano, Jonas, de diez años, y a su madre, Elena, cuya fortaleza es realmente admirable. Por otro lado, el personaje de Andrius me enamoró. No es perfecto ni de lejos, pero justo por eso le aporta realismo a la historia. Su relación con Lina y con Jonas está bien construida, aunque sí que he echado de menos un poco más de profundidad, que la autora les dedicara un poco más de tiempo juntos. Solamente encuentro una palabra para describirlos, y es realismo: la trama puede sonar tópica, pero el resto no lo es, y menos aún la relación entre los personajes, sus conversaciones, sus sentimientos y emociones.
Me ha gustado también cómo se ha retratado a los guardias soviéticos: solemos tener la imagen de unos psicópatas insensibles y maniáticos, y, aunque sí los había así, otros tenían sus propias dudas y remordimientos. Ha sido todo un acierto caracterizar con pinceladas a Kretszky, el guardia que siempre vigila a Lina, y descubrir que hay que rascar un poco la superficie para conocer la verdad. Por supuesto, luego están los otros, que sí son malos malísimos, pero bueno, es un hecho que en la vida real, desgraciadamente, ese tipo de personas existieron (y existen).
Los personajes secundarios también están correctamente caracterizados, cada uno con apenas un par de descripciones, y solo con eso ya se sabe cómo son. Lo que tienen es que no son blancos ni negros, son grises (que le viene al pelo a la novela, jajaj-... vale, ya paro): el calvo, la madre de Andrius, Ulyushka... brillantes.
No hay que perder de vista que todo ello se narra desde los ojos de Lina, puesto que la historia está contada en primera persona. Ruta Sepetys no se olvida de ello y no explica nada más que lo que ve ella, desde su visión subjetiva de las cosas; de ahí que, a lo largo de la historia, se vaya descubriendo que no todo lo que dice es cierto, especialmente al juzgar a las personas.

Por último, la estructura y el lenguaje. La novela sigue un desarrollo cronológico, interrumpido de vez en cuando con retrospecciones acertadas. Si bien al principio no entendí bien por qué la autora las había incluido, consigue dar un contrapunto alegre a la historia tan triste, de forma que el lector conoce mejor a Lina, a la Lina de antes de la deportación, y también a sus padres y a los motivos por los que se los han llevado. En ese sentido, resulta admirable que el lector consiga conocer al padre de ella, Kostas Vilkas, solo por lo que se nos cuenta en esas breves escenas; además, no las mete con calzador, sino que son flechazos que recuerda Lina al vivir cierta situación.

El lenguaje es sencillo, claro, como lo sería de una joven, sin llegar a ser infantil. Lo bonito son las imágenes que consigue crear con palabras normales, las sensaciones que transmite con "humildad literaria" (por decirlo de alguna manera). Sin pararse en descripciones aburridas o recuerdos demasiado largos, la historia es completísima: se conoce lo que sufrían trabajando, lo que hacían para mantenerse vivos y sentirse personas; se conoce la psicología de la protagonista y su personalidad; se conoce la actitud de otros sin que se salga de la visión de la narradora.

Para terminar, quiero decir que este libro me ha emocionado como pocos otros. Si bien yo soy de lágrima fácil, hacía mucho que no lloraba (lloraba de verdad) mientras leía. Como he dicho en mi reseña de Goodreads (en inglés), me ha roto el corazón y me lo ha reconstruido de forma maravillosa. Pero no es una novela deprimente, y eso es lo que yo encuentro admirable. Como se dice hacia el final, entre tantos tonos de gris se vislumbra una línea dorada en el horizonte, y hay que aferrarse a ella en los momentos malos. Voy a compararla con La bibliotecaria de Auschwitz (pincha aquí para leer la recomendación que hice), con la que tiene varios puntos en común; pero Entre tonos de gris supera esos defectos de redundancia y lentitud que tenía aquella. Sé que es pronto para decirlo, pero se ha convertido en uno de mis libros favoritos de todos los tiempos. Os la recomiendo a todos: no es una novela juvenil, ni infantil, ni adulta. Vale para todo el mundo.