jueves, 26 de enero de 2012

Llorar.

Bueno... no sé cómo llamar este texto exactamente, pero creo que es más bien prosa poética o algo por el estilo. Porque todos lloramos alguna vez, os dejo mi...

Llorar

Se puede llorar con los ojos, con el alma, con el corazón; se puede llorar en sollozos, en hipos entrecortados, en llanto prolongado y mustio; se puede llorar con alma o sin ella, con cabeza o sin usarla; se puede llorar porque se quiere, porque se siente, porque no se puede aguantar más, porque ahoga; se puede llorar por algo, por alguien o por nada; se puede llorar por algo que se tiene, algo que se haya perdido, algo que se quiera tener o algo que se deja marchar; se puede llorar con tristeza, con alivio, con felicidad, con euforia, con incredulidad; se puede llorar por dentro o por fuera. Se puede llorar sin saber que se llora, sin saber qué tiempo hace, que día, mes o año es, sin saber qué es lo que pasa alrededor; se puede llorar mientras se ríe o se llora.
Se puede llorar por ti.

Laura TvdB, 26 de febrero de 2012.

viernes, 20 de enero de 2012

Rima III

Al fin he podido escribir algo en verso. Es una rima muy sencillita, pero por ahora yo me conformo. Espero que vosotros también. (:

Rima III

El cielo está rojo.
Las nubes son negras;
rojos mis labios,
para que vengas.


Gris es el aire,
turbia mi alma;
sola estoy yo
con mis palabras.


Yo y solo yo,
con mis palabras.
Esperando a que vuelvas,
aunque no lo hagas.


Laura TvdB, 19 de enero de 2012.

lunes, 16 de enero de 2012

Aquí llega el sol.

¡Hola! Hoy os traigo un nuevo relato, y una gran novedad es que es alegre y calmado; tema que -no me he dado cuenta hasta hoy- nunca había escrito en relatos cortos. Pero bueno, la cosa en cuestión es que (y tal vez algunos ya lo habréis adivinado) está dedicado a una de mis canciones favoritas, Here comes the sun, de mis amados Beatles. Os animo a escuchar la canción porque tanto la letra como la melodía es preciosa, y he decidido hacerle un homenaje. Total, que aquí os lo dejo. Un besito.
PD: Está escrito con las "nuevas" normas de la RAE. Aunque no esté de acuerdo con ellas.

Aquí llega el sol

Los blancos copos de nieve caían suavemente y se posaban sobre el suelo en silencio. Parpadeé, sintiendo en mis pestañas partículas de agua congelada, un frío que me calentaba interiormente.
Abrí los ojos y visualicé un paisaje blanco, blanquísimo. El aire helado inundaba mis fosas nasales. Nunca había sentido el aire tan puro.
La uniformidad del paisaje se rompió al entrar en mi campo de visión una figura de un chico forrado de abrigos, gorros y bufandas que me dio un vuelco al corazón. Suspiré y una nube de vaho me rodeó la cabeza. Sonreí, ignorando que mis dientes castañeaban alarmantemente. Una bola de nieve me impactó en el estómago, que, por suerte, estaba cubierto por un abrigo que reducía considerablemente mi movilidad.
--¡Eh!--protesté. Tan torpe como un pato, formé otra bola y se la devolví.
Él rio.
Un tímido sol salió de una nube blanquecina. Apenas me calentó, pero no me hizo falta. Una sensación instantánea de euforia me sacudió y me entraron ganas de gritar al mundo lo feliz que era.
Porque, aunque era invierno y hacía un frío que calaba los huesos, aunque estaba casi congelada e incapaz de moverme, podría cantar a los cuatro vientos Here comes the sun, mientras sentía que los rayos del sol llegaban a mi corazón.
Todo estaba bien. O mejor dicho, it's all right!


Laura TvdB, 16 de enero de 2012.

martes, 3 de enero de 2012

Doce uvas.

Ahí estaba otra vez. Con las doce frutas verdes brillando en su plato, la televisión encendida y el ánimo en el fondo del bolsillo.
Miró a su alrededor con desgana y suspiró. No sabía por qué siempre celebraba la Nochevieja sola, con la única compañía del fuego de su chimenea crepitando alegremente. Tampoco es que tuviera mucha gente a la que invitar. Ella era una chica algo independiente.
Se dejó caer en el sofá, cuyos cojines se hundieron con su peso. Faltaban dos minutos para el año nuevo y sentía que iba a ser igual o peor que aquel. Cerró los ojos un momento, oyendo únicamente la voz de la presentadora diciendo tonterías y el griterío de la gente en la televisión. «Qué estupidez», pensó de pronto. Se incorporó y apagó la televisión con el mando. Anduvo hasta llegar a la cocina y se sirvió una copa de champán. La llevó al salón. La mano le temblaba. Para calmar unos nervios que no sabía por qué sentía, encendió un cigarro y lo dejó quemar sin apenas llevárselo a los labios.
Su móvil sonó y miró en la tapa quién era. Su madre.
--¿Sí?
--¿Dónde estás?
--En casa. ¿Dónde voy a estar?
--¿Por qué no te vienes con papá y conmigo? ¿Estás sola?
--Sí. Y no, no me voy a mover de aquí.
--¿Por qué? ¡Es Nochevieja!
--Por eso mismo—colgó, sin entender cómo no era capaz de mantener una conversación coherente con alguien.
Dio una calada a su cigarro y miró el reloj. Faltaba medio minuto. Miró de nuevo el plato con las doce uvas. ¿Y por qué había que comérselas los doce segundos antes de año nuevo? Una costumbre tan estúpida a la que se había mantenido años antes.
Cogió el platillo y empezó a comerse las uvas, a la par que se fumaba el cigarro. Lo acabó y encendió otro. El humo la envolvía en una capa de soledad y vicio. Suspiró y se bebió la copa de champán de tres tragos. Miró el reloj. Diez segundos. Siete. Cuatro. Uno.
Arqueó la ceja y oyó griterío de sus vecinos y las explosiones de los primeros petardos. Siempre petardos. ¿Por qué? Hacían un ruido endemoniado.
Llevó la copa y el platillo a la cocina, con el humo de su cigarrillo siguiéndole como si de un perro faldero se tratara.
Bostezó. Estaba cansada y no sabía de qué. Sería mejor que se fuera a dormir ya. Llegó al baño, se desmaquilló y se miró al espejo. Dos ojeras estaban marcadas bajo los ojos que le brillaban a causa del alcohol. Los sintió húmedos y una lágrima se deslizó lentamente por su mejilla. Frunció los labios.
--Feliz año nuevo—espetó a su propia imagen, con amargura.
El humo del cigarrillo nubló su reflejo.

Laura TvdB, 3 de enero de 2012. (¡Es verdad, ya es 2012!).