sábado, 27 de agosto de 2011

Wish you were here.

Lo prometido es deuda, y llego con el relato. Está basado en una de mis canciones preferidas, Wish you were here de Pink Floyd. Así que he decidido hacerle un homenaje. Se desarrolla en la actualidad. Os aconsejo que oigáis la canción mientras o antes de leer el relato.  Es un tanto raro..., pero espero que os guste.

Wish you were here.

Suspiré cuando llegué a casa. Por fin, después de un día agotador.
Entré y dejé las llaves en la cómoda de la entrada. Me dirigí hacia mi habitación y puse el reproductor de música.
Empezó a sonar una canción lenta, tocada por una guitarra. Muy suave, muy suave y muy bajito. La conocía perfectamente. Era mi canción favorita.
Me dirigí hacia la terraza de mi apartamento. Me apoyé en la balaustrada. El aire fresco de la noche me azotaba la cara, pero no me molestaba, más bien al contrario, me relajaba de tanto ajetreo de la ciudad de Nueva York.
Seguía oyendo la canción “Wish you were here”, de Pink Floyd. En ese momento estaba entrando la segunda guitarra, con un punteado, sonando más fuerte que la primera.
Esa música me relajaba.
Miré las luces de la ciudad desde mi vigésimo piso y me entró de repente un escalofrío, al estar sola de noche en mi casa. Era como tantas veces… pero él no estaba aquí.
Habíamos empezado a vivir juntos hacía un año, pero él viajaba mucho; eran las consecuencias de tener un novio arquitecto que trabajaba en un proyecto de Egipto.
Estaba acostumbrada a verlo poco, pero ese día había sido muy duro, y lo echaba de menos. Cuánto me gustaría tenerlo a mi lado, mirando ambos las vistas desde mi terraza. Cuánto deseaba que sus brazos me rodearan.
Cuánto quería que estuviese él aquí.
Parpadeé, y me di cuenta de la ironía. Estaba escuchando una canción que decía eso, aunque no en ese instante. El cantante había empezado a cantar, una balada triste, parecía un lamento. «Blue skies from pain», decía. Cielos azules del dolor. «Can you tell a green field?», susurró la voz.
Suspiré.
Me senté en la barandilla, ya que era lo suficientemente ancha como para apoyarme en ella sin dificultad, con mis pies mirando al vacío. A muchas personas les daba vértigo, pero a mí me gustaba, y no le daba importancia al peligro.
Pensé en él y en mí. «Do you think you can tell?», oí. ¿Podría contarlo? ¿Podría hablarle y decirle que estaba harta de no verle el pelo en varios meses?
La canción era muy rara, pero la verdad es que me sentía muy identificada con ella en ese momento. Apenas nos veíamos, y yo lo echaba de menos. Quería que estuviera aquí. Miré mi zapato con desinterés. Mi mirada se perdió, fue como si no viera lo que estaba mirando. Sólo veía su rostro hermoso. Y lo añoraba.
De pronto, mi móvil sonó con un repentino y fuertísimo ring. Estaba tan tranquila y descansada que me sobresalté demasiado. Pegué un grito y resbalé de la balaustrada, mi peso inclinándose hacia fuera. Sentí que me caía y chillé otra vez. Me agarré con las manos a una barra de la barandilla. Por suerte, era de metal, y estaba bien incrustada. Grité y grité, sintiendo mis pies colgando y todo mi peso dependiendo de mis brazos. Tragué saliva y procuré no mirar abajo, a ese abismo de gravedad, y seguí gritando. ¿Para qué? Estaba sola en casa, nadie podía ayudarme. Tendría que hacerlo yo sola, pero era incapaz. El móvil se me había caído al suelo de la terraza e hice un esfuerzo descomunal por soltar un dedo y tantear en busca de la tecla verde. Tal vez, si era mi vecina, me podía ayudar.
Oí un murmullo al otro lado. Un «¿hola?» apagado. Le reconocí la voz y maldije para mis adentros, volviendo a hacer el esfuerzo de impulsarme para poder apoyar mis pies en la terraza.
--¡¡Will!!—chillé. Desgraciadamente, estaba lejos. Demasiado lejos como para ayudarme.
--¿Hola?—logré oír. Me agarré con más fuerza, sintiendo que mi resistencia bajaba en picado en cuestión de segundos.
--¡Will!--¿Por qué tenía que estar en Egipto, y no en mi salón? ¿Por qué? Podría estar allí, ayudándome. Estaba en peligro de muerte--. ¡Will, llama a mi vecina!
--¿Qué?—oí--. ¿Pero qué dices? ¿Pasa algo? Te oigo mal.
--¡Llama a mi vecina! Mi vida depende de ello, Will. Por favor—jadeé. Estaba colgando demasiado tiempo. Las manos me empezaban a resbalar.
--¿Es una broma?
Cerré los ojos y oí la canción, el estribillo. Me mordí el labio. «We´re just two lost souls swimming in a fish bowl , year after year». Sí, era verdad. Dos almas perdidas, año tras año, día tras día. Allí, estando colgada y a punto de caerme al vacío, pensé que lo nuestro podía funcionar, pero a la vez no. Era mucho tiempo, mucha distancia, muchas ganas de que estuviera aquí. Demasiado.
--Will—logré articular--. Me estoy cayendo al vacío desde mi piso, ¿vale? No es una broma. Llama a mi vecina, por favor.
--Luce… --empezó, con esa voz de «no me intentes tomar el pelo, que te pillo». Oí que se reía--. ¿No se te podría ocurrir algo mejor?
Solté un grito de frustración.
--¡No me jodas ahora, Will! ¡Por culpa tuya estoy colgando de una barandilla desde un vigésimo piso! ¿Te enteras? ¡Me estoy cayendo! ¡Me estoy cayendo!
Silencio. Mis dedos resbalaron. Empecé a respirar agitadamente. Esto ya era algo surrealista. Yo, a punto de morirme, mientras hablo con mi novio sobre que llame a mi vecina para ver si me puede ayudar. Ni que estuviéramos conversando sobre un prado con florecillas. Mi vida estaba en juego, y sólo en ese momento lo capté bien. Demasiado bien, quizá.
Sabía que no debía patalear, porque así sólo me impulsaba más hacia abajo, así que intenté una vez más hacer fuerza con mis brazos, a ver si subía un poco más… un poco más, sólo para apoyar la rodilla y poder subir.
Fue inútil. Pérdida de fuerza en los brazos. Jadeos y desesperaciones.
Y lo que era peor: histeria.
Empecé a chillar.
«¿Luce? ¿De verdad…?», oí a Will a medias. Me estaba empezando a cansar. Notaba los músculos de mis brazos debilitándose. Empecé a llorar de desesperación e impotencia.
«¿Qué pasa, Luce?», escuché a Will.
--¡Me voy a matar!—grité--. ¡Me voy a matar, Will! ¿Quieres hacer el favor de llamarla?
Por suerte, mi vecina del piso más bajo iba a mi facultad, y aunque no éramos amigas, podía decirse que nos llevábamos bien. Por eso Will tenía su móvil. O tenía que tenerlo.
Oí el «bip, bip, bip» del móvil al cortarse. Bien, Will por fin había espabilado un poco.
Seguía oyendo la canción, esta vez sin que cantara. De hecho, tenía muy poca letra y mucha guitarra. Tragué saliva otra vez, todavía pensando en las palabras mágicas y a la vez dolorosas de esa melodía, sin poder creer que no me había dado cuenta antes de lo mucho que tenía que ver conmigo. Pero Will y yo sí que nos queríamos, como cualquier pareja. Pero… pero… ¿y si no era más que un entretenimiento para él? ¿Un tiempo de descanso y diversión cuando volviera a Nueva York, huyendo de sus proyectos de trabajo? ¿Y si yo era porque sí? ¿«Cold comfort for change», como bien decía esa canción que ya me hacía daño?
Un dedo dejó de tocar la barandilla. Me estaba cayendo. Dos dedos. Me mordí los labios, buscando una fuerza que ya no tenía. Tres dedos. Cuatro.
La mano izquierda se me desprendió de la barandilla. Había resbalado poco a poco. Sentí alivio en el brazo, pero a la vez horror al fijarme que ahora dependía de uno solo. Se me iba a dislocar. Pero eso no era lo peor, ni mucho menos. Lo peor era que ahora podía caerme en cualquier momento.
Pataleé, un craso error de mi parte. Una manoletina se desprendió de mi pie y cayó en silencio al vacío infinito. Caía, caía…
Parpadeé. Eso me pasaría a mí en breve como alguien no me viniera a ayudar.
Sentí, de nuevo, que mis dedos resbalaban. No podía morirme de aquella forma tan estúpida. Cerré los ojos, apretando los dientes. Cómo me gustaría que Will estuviera aquí, ofreciéndome su mano.
Pero no.
Con mi mano libre, me volví a agarrar a la barandilla, con ahínco. Intenté impulsarme de nuevo. Inútil. Qué debilucha estaba. Y qué cansada. Y qué triste. Y  qué decepcionada.
Histérica.
Mi otra manoletina se me soltó también, y recorrió el mismo camino que su gemela.
La canción llegaba a su fin, con un murmullo que nunca había sabido si era el cantante tarareando o una guitarra con distorsiones.
"Wish you were here" terminaba con el ruido de una ventisca. Aunque esa ventisca no se tornó real, yo la sentía. Frío en mi corazón.
No podía más.
Un último minuto, podía aguantar, pero mi vecina no venía.
Y Will tampoco iba a venir.
Último segundo.
La canción se acabó.
Mi resistencia también.
Mientras caía, seguí oyendo esa canción en mi mente. «Heaven from hell». «Your heroes for ghosts». «And what hace we found? The same old fears». «How I wish, how I wish you were here».
Cuánto me gustaría que estuvieras aquí.
Me podría no haber caído.
Si estuvieras aquí.

Laura TvdB, 25 de agosto de 2011.

Blog protegido.

¡Hola, lectores! De nuevo no cuelgo nada, aunque esta tarde llego con un nuevo relato.
Sólo quería avisar de que, a partir de ahora, mi blog está protegido contra copiar y pegar y estoy teniendo muchas más precauciones contra el plagio. Últimamente hay muchas personas que roban textos, imágenes y nombres, y no estoy dispuesta que esto me pase a mí; encima, en tuenti hay una chica (a la que algunas llamamos La Plagiadora) que siempre está copiando, como bien dice su mote. Coge lo que sea, y siempre se cambia de nombre, de sitio de donde proviene... pero sigue apareciendo. Gracias a los avisos de Athenea, Sun Burdock y Esther me he enterado, y ahora estamos todas expectantes porque se ha borrado el último tuenti. ¿Cuándo se hará el nuevo...? Misterio, misterio.
Conclusión: si alguien, por cualquier motivo, quiere coger algún fragmento de mis textos, poemas, novelas o lo que sea, me tiene que pedir explícito permiso y razones que yo considere válidas para ponerlo en cualquier lugar, avisándome con antelación, diciéndome dónde será publicado, sea en un tablón de tuenti, en otro blog, aunque sea para promocionar: yo tengo que estar enterada y dar mi consentimiento. Tengo muchas maneras para que contactéis conmigo (está abajo), como tuenti o e-mail, de modo que no creo que habrá ningún problema de comunicación. Si veo en cualquier sitio un texto que yo reconozca mío y no esté bajo mi supervisión, investigaré quién lo ha colgado (si no está claro) y el causante se meterá en problemas, y no pequeños. Y luego no digáis que no he avisado bien.
Queda claro.

lunes, 22 de agosto de 2011

¡Dos premios nuevos!

¡Hola! Siento no actualizar tanto, pero es que primero he estado de vacaciones una semanita (lo siento, no lo avisé aquí, sólo en tuenti), y porque estoy bastante centrada en Fuego y hielo, que casiii termina (faltan unas 20 páginas, va a ser algo más largo que Luz y sombra).
Esta vez ¡me han dado dos premios!, concedidos, cómo no, por Athenea. Gracias, de verdad, y va más allá de haber sido nominada. Siempre me comentas en todas las entradas, mi seguidora incondicional :-).

El primero se llama Parte de mí.
Normas:
1.-Nombra a quién te premie y su blog.
2.-Premia a 10 blogs que formen parte de ti.
3.-Escribe tres mentiras y tres verdades.



1.-Ya te he nombrado, Athenea, pero lo vuelvo a hacer, y esta vez agradeciéndote de nuevo y anunciando tus blogs XD: http://www.athenea-atenea.blogspot.com/ , http://www.fightforrock.blogspot.com/ , http://www.bajolaluzmortecinadelamanecer.blogspot.com/ (bastante nuevecito). Tenía también un blog de mitología estupendo, pero se lo ha borrado.
2.-Me temo que diez blogs que considero "parte de mí" no tengo, más bien porque a varios ya se los han dado. Nomino a quien considero buen bloggero y no tenga premio:
     1-A Marina (http://www.marinaaoreflexiones.blogspot.com/ ), como siempre.
     2-A Daniela (http://www.solocancionesparati.blogspot.com/).
     3-A Aaron (http://www.dimeelnombredelviento.blogspot.com/ ).
     4-A Kate (http://www.minimundoss.blogspot.com/ ).
     5-A Famara (http://www.secretodemispalabras.blogspot.com/ ).
Y no me veo capaz de nominar a más que sean "parte de mí", so sorry.

3.-Tres mentiras y tres verdades (están mezcladas, pero algunas creo que adivinaréis qué son).
     -Soy tan miedica que duermo con la luz encendida.
     -Tengo tal pánico a los caballos que no puedo ni verles en foto.
     -Soy vegetariana.
     -Prefiero almohada graande a cojín pequeño.
     -Adoro el olor a gasolina.
     -Soy pirómana, me gusta incendiar cosas (pequeñas, no edificios, eeh XDD).


El segundo se llama Premio al seguidor más fiel.
No tiene normativas, sólo nominar a otros blogs.

Nomino a:
-Marina, amiga y fiel seguidora en blogger, aunque no comente mucho.
-Kapy, siempre dando consejos eficaces.
-¿No puedo premiarte de nuevo, Athenea? ¡Buaa! Es que eres la más fiel...
-Kate, por comentar entradas pendientes. :-)

¡Y ya está! A ver si dentro de una semanita acabo Fuego y hielo y cuelgo un microrrelato que tengo en mente. ¡Un beso!

jueves, 4 de agosto de 2011

Give me a chance to dance with you.

¡Hola! Llego hoy con un nuevo relato (es cortito, tiene 3 páginas). Trata de una historia al revés. Es muy curioso, la verdad, pero me ha gustado mucho escribirlo. Y un personaje es Ángel, el protaonista de Luz y sombra y Fuego y hielo.
En esta historia revelo mi pasión por la música clásica (en concreto los vals), sentimientos importantes como el amor y... bueno, que no me enrollo más. Espero que os guste.


Introducción

Este relato es medio inédito; de hecho, lo he sacado de una canción que compuse hace tiempo (un año y medio, o por allí), al piano, con un tiempo 3/4 (tempo di valse). Se llamaba igual, y trataba de un cuento al revés; la chica era la rana y el chico el príncipe. La canción no la terminé, aunque me gustaba mucho.
Finalmente, decidí escribir un relato basado en la canción.



Princesa de cuento no es aquella que es guapa, ciñe una corona
y lleva un vestido largo y elegante. Princesa es la chica que cierra los ojos
y siente como si de verdad lo es.



Give me a chance to dance with you.

Érase una vez que se era, un reino próspero y rico. Los reyes tenían un hijo, el príncipe heredero. Como cualquier cuento.
Bueno, pues yo era la rana. Sí, justo al revés. Vivía en el lago cerca del castillo, y el príncipe venía a menudo.
Un día, me besó y me convertí en princesa: bonita, perfecta, radiante. Pelo rubio y largo, ojos azules, corona de diamantes ceñida a la cabeza… Como quisiera ser cualquier princesa de cuento. Por fin se había roto el hechizo, o al menos eso creía yo. Pero estaba muy equivocada; sólo podía ser princesa un día. ¡Un día! Después, volvería a ser la rana verde y asquerosa del lago. Debía de aprovechar aquel día al máximo.
Esa noche hubo una fiesta en el castillo. El príncipe tenía que elegir una esposa. Como siempre.
Yo estaba escondida detrás de una columna en la sala de baile. No sabía bailar, ni siquiera me atrevía a hablar; rompería toda la buena impresión que había causado mi aspecto de princesa perfecta. Tenía miedo de que alguien me viera y me dijera: «Eh, tú, yo te he visto antes. Ya me acuerdo: en la charca, pegando botes». Apenas me sostenía sobre los tacones, y el vestido de tul, largo e ideal para bailar no mejoraba la cosa.
Él me había besado esa mañana, pero, por mucho de que pudiera estar enamorado de mí, no saldría a bailar conmigo ni loco. Era un príncipe listo. Se me acercó y me miró, sus ojos escrutándome. Yo pude balbucear:
--Por favor, sácame a bailar.
Porque estaba segura de que con él, podría. Podría bailar un vals perfectamente, podría moverme rápida y elegantemente por el salón del baile. Encima, ya era de noche, y cuando saliera el primer rayo de sol volvería a ser verde. Sólo quería una oportunidad. Para bailar. Sólo una. Sólo una. Quería bailar con él.
--Por favor—repetí--. Dame una oportunidad para bailar contigo. Un vals.
Dudó, pero al final me ofreció su brazo. Sonreí y avancé un paso.
Nunca debería haberlo dado.
Veía cómo los bailarines giraban mientras se deslizaban suavemente por la sala. Cuánto quise ser como ellos.
Pero no; a la primera, mis pies tropezaron y casi me caí encima de él, de mi príncipe. Logré incorporarme, pero me vi incapaz de dar los tres pasos que marcaban la danza. No, jamás sería una princesa. Sólo era una rana, verde, húmeda.
Y la cara del príncipe cuando me caí al suelo me lo aseguró.
Los ojos se me llenaron de lágrimas. Me quité los zapatos y salí corriendo. Salí, mientras oía murmullos de desaprobación. Quería morirme allí mismo, pero el deseo no se me fue concedido.
Llegué al jardín, pisando con mis pies descalzos (todavía de princesita) la fina hierba que crecía entre los árboles. Me apoyé en un manzano, me dejé caer y me eché a llorar. Podría haber sido feliz un día, pero no.
De pronto, oí pisadas. Seguras, marcadas. De un hombre. Me levanté de un salto y vi a un chico más o menos de mi edad (humana, claro está). No más de dieciocho. Sus ojos verdes me miraron con preocupación.
--¿Te has hecho daño?
Me lo quedé mirando, sin comprender, tragándome las lágrimas.
--Antes. En la sala de baile—me miraba con seriedad, no estaba bromeando.
Negué con la cabeza. Otra lágrima surcó mi mejilla. Por lo menos, siendo humana, podía sentir lo que era llorar.
Pero, de pronto, él se acercó y me quitó la lágrima de la cara.
--No sabes bailar, ¿verdad?
Quise retroceder, asustada, pero el me lo impidió. Y su mirada no admitía réplica.
--No—logré decir. ¿Por qué se interesaba por mí?
Entonces me ofreció la mano, quitándose el guante blanco.
--Ven—me dijo--. Yo te enseñaré.
Yo retrocedí otro paso, temblando. Ya sabía lo que quería, dejarme otra vez en ridículo. Me mordí el labio.
--Ven. No te voy a hacer nada.
Al final, me dispuse a ponerme los zapatos.
--No te los pongas—aconsejó--. Estás más guapa sin esas tonterías—y por su tono de voz me pareció que no sólo decía «guapa» en plan físico.
Parpadeé. ¿Más guapa? ¿Más guapa? O sea, ¿que ya era guapa, a pesar de mi torpeza y mi interior, que no dejaba de ser el corazón roto de una ranita?
Pero él deslizó su mano por mi cintura, suavemente, pero con decisión. Me agarró mi mano con la otra.
--Es muy fácil—dijo--. Sólo hay que seguir la música. Tú no te fijes en los pasos. Guíate por la música. Un, dos, tres. Siéntela, y bailarás mejor que ninguna.
Claro que ese argumento no me lo creí. Sólo intentaba consolarme, y eso ya me parecía demasiado. Pero seguía oyendo el vals en un tono más apagado.
--Cierra los ojos. ¿Lo oyes? El vals habla de un río.
--¿Qué?
--Vals del Danubio Azul. Es un río, ¿no lo oyes? Sólo tienes que imaginarte que corre, y tú estás en la orilla. Sólo tienes que dejarte guiar.
Cerré los ojos. Sí, era verdad. Veía el río con toda claridad. Mis pies dieron un paso. Y otro. Y otro más.
--Muy bien, ¿ves?
No, no quería ver; porque lo que vería serían mis pasos torpes, mi cuerpo temblando, y no quería.
La música era difícil de seguir; el ritmo cambiaba y había que adaptarse a él. Yo continuaba con los ojos cerrados.
--¿Cómo te llamas?—me preguntó él de repente.
Abrí los ojos. La magia se había hecho pedazos.
Me di la vuelta, en busca de mis zapatos. No podía quedarme allí.
--¿Pasa algo?
Lo miré, insegura. Lo cierto era que su voz parecía preocupada, y su semblante parecía decepcionado.
--No. Es que, me has recordado que me tengo que ir…
--¿Por qué? Sólo te he preguntado cómo te llamas.
Y otra punzada en el corazón.
Tragué saliva y no me atreví a mirarlo.
--No tengo nombre.
--¿Cómo?
Las lágrimas volvieron a amenazarme con salir.
--¡No tengo nombre! No soy una princesa, no me llamo de ninguna forma. Soy… soy una rana que vive en el lago al lado del castillo, y el príncipe me besó y me convertí en princesa por un día, ¿vale? Has estado desperdiciando tu tiempo por una rana.
Frunció el ceño.
--¿Una rana?—repitió.
Esta vez, las lágrimas parecían cascadas.
Cogí los zapatos y me alejé de allí. No podía ver su cara. Seguramente estaría furioso consigo mismo, pensando por qué se le había ocurrido ayudar a una rana a bailar. Las ranas no hablan. Las ranas no lloran. Las ranas no bailan. Las ranas comen moscas y pegan saltos torpemente mientras nadan en el lago.
Y entonces, oí que decía, por lo bajo:
--Pero tú no eres así.
Me paré en seco y me di la vuelta.
--¿Qué?—pregunté.
Me miró y se acercó.
--Tú no eres una rana.  Puede que exteriormente sí, pero tú no eres una rana. La forma en la que mirabas a los bailarines en la sala. Tu timidez. Tu porte de princesa, aunque no lo seas. Tu agradecimiento al ver que el príncipe accedía a bailar contigo, tu pena y tu desconsuelo después. No eres una rana, nunca lo has sido.
Miré al suelo. No sabía qué pensar ni qué decir.
--Se supone que el hechizo termina con el amanecer, ¿verdad?—me preguntó con suavidad.
Asentí.
--En los cuentos, la princesa besa al sapo porque lo quiere de verdad. Pero el príncipe no te quería. Por eso sólo dura un día.
Curiosamente, no me hundí con sus palabras.
--¿Cómo te gustaría llamarte?
Miré la flor que tenía a mi lado, pensando.
--Lila—dije. Era lo primero que se me había ocurrido.
Él sonrió. Se acercó más y me preguntó:
--Lila, ¿me concedes este baile?
No podía decir que no.
--¿Y cómo te llamas tú?—pregunté mientras bailábamos sobre la hierba.
--Ángel.
Lo cierto es que le pegaba mucho el nombre. Me reí. Nunca había pensado que podría haber otro chico que no fuera el príncipe.
Terminó el vals, y suspiré. Miré al cielo. Empezaba a clarear. Con el primer rayo de sol, adiós.
--Me tengo que ir—le dije; me temblaba la voz.
--Quédate.
--Pero…
--Quédate.
Rehuí su mirada. No pensaba convertirme en bicho verde delante de sus narices. Le solté la mano.
--Lo siento—balbuceé--, pero me tengo que ir. De verdad.
Me miró a los ojos. Lo que pasó a continuación lo recuerdo como a cámara lenta. Me cogió la cabeza entre sus manos, se inclinó sobre mí y me besó suavemente. Como con miedo a que desapareciera.
Cuando nos separamos, le miré con asombro. Él me sonrió.
El sol me dio en toda la cara. Me miré la mano. Seguía siendo princesa.
--¿Ves?—me susurró--. No se trata de un beso. Se trata de que la persona que te lo dé te vea tal y como eres en realidad.
--¿Soy princesa?—pregunté. ¿Era una princesa para él?
--Eres mi princesa—sonrió.
Y entonces me di cuenta de la realidad. No se trataba de aparentar ser una princesa de físico. Se trataba de sentirse como una princesa en el interior.

Laura TvdB, del 3 al 4 de agosto de 2011.

lunes, 1 de agosto de 2011

¡Premiada!

¡Hola! Esta vez me han premiado en algo más "serio", y es que he participado en un concurso de poemas hecho por The Dream Diaries Blog (http://www.thedreamdiariesblog.blogspot.com/) con el poema Río y alma. Estoy supercontenta porque es la primera vez que me premian por un poema, y también porque haya gustado tanto. Nunca pensé que podría recibir algo así, ¡weee! Jajajaja. En fin, el premio no es nada especial, pero me alegro mucho de haberlo conseguido. Sólo quería decirlo porque estoy contentísima. En fin, no me enrollo más.
El link donde podéis verlo es aquí: http://thedreamdiariesblog.blogspot.com/2011/07/resultado-del-i-concurso-de-poesia-de.html
¡Un beso, y gracias a TDDB por haberme premiado!
Laura TvdB.
PD: Editado: ¡TDDB me ha hecho una mini-entrevista! Podéis leerla pinchando aquí.