viernes, 9 de diciembre de 2016

Fragmento del "Proyecto Cat" (II).

Abrió la puerta y se asomó, arrebujándose en su bata. Era su castillo, pero sabía muy bien que una señora siempre debía ir bien arreglada fuera de sus aposentos privados. No había un alma a la vista. Tendría que ir y llamarlas [a las doncellas]. Avanzó y empezó a bajar escalones, resignada, pero el ruido de un picaporte le hizo volverse.
Apenas le dio tiempo a reaccionar hasta que la chica estaba a escasos pasos. Entonces la joven alzó la cabeza y la vio. Catalina observó cómo ella soltaba una risita nerviosa. Le dio un leve empujón cuando bajó corriendo por la escalera de piedra. Una orla de su cofia quedó ahí, volando ante los ojos de Catalina, hasta desaparecer con su dueña. Solamente entonces, tras varios segundos, las piezas encajaron en su mente.
Volvió la cabeza a los aposentos de don Gabriel, de donde había salido. Parpadeó. Se llevó una mano al pecho, boqueando. Tragó saliva. Y con ese gesto, una oleada de furia.
No lo pensó. Solamente lo hizo. Sus pies se movieron a zancadas hasta llegar a la puerta, que estaba entornada. La abrió con tal fuerza que chirrió y chocó bruscamente contra la pared. Cuando lo vio a él darse la vuelta sobresaltado, a medio vestir, hubo una fisura en su ira. Pero solo una fisura.
—¿Qué…? —cogió aire, porque se ahogaba—. ¿Qué…? ¿Qué ha sido eso?
Don Gabriel frunció el ceño levemente.
—Por Dios, Catalina, me habéis dado un susto de muerte. ¿Se puede saber qué ocurre?
Ella miró a los lados, jadeando, y se acercó.
—¿Qué ocurre? ¡¿Qué ocurre?! —gritó mientras señalaba la puerta y a él con un dedo tembloroso—. ¡Acabo de… y me ha…! ¿Cómo habéis podido…?
Su mente dañada detectó un fruncimiento de labios de don Gabriel.
—Calmaos.
—¿Que me…? —los pensamientos se enredaban, tropezaban, se amontonaban en su boca y ella los quería escupir todos a la vez—. ¿Que me calme? ¡Esa furcia…! ¡Delante de mis narices! ¡Y yo…, encima! Esto… esto es una… una…
 Cuando Gabriel se acercó ella alzó un brazo para pegarlo, pero él se anticipó a sus movimientos y la sujetó por ambas muñecas. Catalina lo miró a los ojos y se resistió, pero no tenía ninguna oportunidad.
—¡Basta! —Gabriel le devolvió una mirada pétrea—. Basta.
Catalina no cedió. No cedió…
—He dicho basta.
Algo se desinfló y el mundo se redujo a cenizas. Los brazos cayeron. Parpadeó e intentó hablar. Imposible. No existían las palabras, solo retazos de esa chica, y de su vestido hecho un ovillo entre sus manos, y de su melena suelta, y del busto generoso que adivinaba su ropa interior, y de…
—Cómo habéis podido…
Seguía mirándolo, pero cada vez su forma era más difusa, más etérea…
—Es mejor que os sentéis.
De repente, estaba sentada en un sillón tapizado.
—Yo… —fue capaz de decir—. Yo… vos… yo no…
La risita que había soltado. Las piernas esbeltas. Los ojos grandes y burlones.
—Siento que hayáis tenido que verla.
Inspiró profundamente, llevándose una mano a la cabeza. Lo peor era el tono impersonal de su esposo.
Su esposo, que acababa de estar con una fulana.
—Lo… sentís.
Estuvo a medio camino entre una afirmación y una interrogación.
—Lo mejor será que cada uno vaya a sus aposentos y se vista. Ya hablaremos en el desayuno. ¿Podéis levantaros?
Catalina se levantó y solo fue capaz de mirarlo con lágrimas en el rabillo de los ojos.
—¿Por qué?
Dos ojos azules y fríos como el hielo le perforaron la cabeza.
—Mi señora, es mejor no hacer de esto un espectáculo. Olvidad lo visto.
Soltó una carcajada, la más amarga que había soltado jamás, la más triste, la más devastadora.
—Que olvide…
Se colocó un mechón enmarañado detrás de la oreja y carraspeó. Se esforzó en que su voz no temblara, y casi lo consiguió cuando dijo:
—No quiero volver a verla nunca más.
Hubo un segundo y medio de silencio.
—De acuerdo.
—Ni vos tampoco.
Hubo tres segundos de silencio.
—Eso no lo voy a prometer.

Catalina despegó los labios. Entonces, sin decir nada más, se dio la vuelta y salió. Más tarde dedujo que aquello fue lo único que hizo posible no derrumbarse delante de él.

(Este es el segundo fragmento que os enseño de la novela que estoy escribiendo, el Proyecto Cat, que va viento en popa. No lo he revisado, así que si veis algún fallo o repetición, avisadme, por favor. Espero que os guste y que haya conseguido transmitir la fuerza de la escena. Por cierto, cronológicamente se desarrolla antes que el fragmento anterior que dejé. ¡Un saludo!)

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