sábado, 26 de marzo de 2016

Fragmento de Ninfa (I).

Aunque a Tomás todo aquello le era más bien indiferente, podía notar la expectación en la mirada de Ninfa. Toda su alma estaba puesta en aquella escena que a él se le antojaba de lo más corriente, y le encantó poder mirarla y remirarla sin que ella se diese cuenta, porque no era algo que pudiera hacer a menudo. Se fijó en su melena suave, entre seca y mojada, en el lunar que tenía bajo la oreja derecha, en esos detalles que, uno a uno, eran preciosos, le parecían preciosos. Pero lo más bonito era la expresión que tenía, los ojos que casi chisporroteaban curiosidad, la nariz de perfil, la sonrisa reprimida cuando se mordía el labio. Tomás suspiró, volviendo a la realidad, y trató de recuperar su aplomo, porque sabía que estaba poniendo una cara de bobalicón tremenda. Entonces Ninfa se volvió hacia él. Sus ojos aguamarina eran como balsas de océano con pupilas. Y de pronto Tomás supo lo que tenía que hacer.
—¿Quieres bailar?
Le ofreció su mano. Ella abrió los ojos al máximo en ese gesto de sorpresa encantador qué él ya conocía bien, pero cómo se ensanchó su sonrisa fue lo que a Tomás se le quedó grabado en la mente mucho tiempo.
—No sé si voy a poder… —susurró, no obstante.
—Seguro que sí. Tú puedes con todo, Ninfa.
Y la arrastró fuera del callejón, de lleno en la plaza atestada de risas, pasos sencillos y música animada. Tomás supo que no eran muy responsables haciendo lo que estaban haciendo, pero ¿qué más daba? Él quería ver a Ninfa feliz, y en ese momento lo parecía tantísimo…
Empezaron torpemente. Descoordinados desde el primer paso, ella lo pisó una vez, él la empujó. Pero rieron levemente, se apretaron la mano con la que se sostenían el uno al otro, y comenzaron de nuevo. Y cada vez que cometían algún error, una nueva risa y un nuevo intento. Bailaron durante unos minutos, olvidándose de lo que había más allá de su área de baile, bajando la mirada a los pies, temerosos y tímidos, y subiéndola para leerse los pensamientos, y bajándola otra vez cuando tropezaban. En algún momento de la canción, sus rostros se acercaron, al igual que sus cuerpos, y el baile dejó de ser lo primordial y pasó a ser un trasfondo, un telón de humo. Tomás sintió la respiración de Ninfa en sus clavículas, y la besó en la coronilla. Se separaron un poco para volver a mirarse, y entonces ella se mordió el labio y tiró de su mano.
—Vámonos.
Tomás no se lo pensó dos veces y se dejó llevar. Salieron corriendo de la plaza, del pueblo, del mundo casi, y siguieron todo lo rápido que sus piernas permitían, deshaciendo el camino de antes, llegando a la carretera, sumergiéndose en el bosque. Tomás no sabía por qué corrían, pero era una sensación liberadora y deliciosa.

Cuando ya estaban rodeados de follaje por todas partes, Ninfa detuvo la carrera y se dio la vuelta hacia él. La luz del día se había convertido en un haz verdoso de luz filtrada por los árboles. Tomás sonrió jadeante y, cuando se miraron por enésima vez, estallaron en carcajadas al mismo tiempo. Cogían el aire que les faltaba y volvían a reír. El halo mágico y seductor de ella hacía revivir las plantas, o tal vez eran ilusiones que él se hacía porque estaba perdidamente enamorado. Tomás pensó que no había nada más bonito que el sonido de la risa de Ninfa en sus oídos, como cristalitos chocando entre sí, pero se equivocó, porque ella rodeó su cuello con los brazos y lo besó. Lo mejor de todo era que no tenía que elegir solo una cosa (beso, sonrisa, mirada…), porque lo hacían todo a la vez: se hablaban, se besaban, se reían, se miraban, y eso era suficiente para hacerle olvidar que cuando volviera a casa los problemas lo estarían esperando en la puerta. Allí, en el bosque, con Ninfa, todo era paz, alegría, vida; y mientras sentía sus labios en su piel y sus manos en su nuca, tuvo ganas de llorar de puro agradecimiento.

Laura TvdB, 25 de marzo de 2016.

(Este es un fragmento de la novela que estoy planificando, Ninfa, que, como podéis ver, es fantástica y romántica, aunque también tiene una trama de misterio. Pretendo empezar a escribirla a finales de abril).