viernes, 15 de agosto de 2014

El mar es azul.

Hola, lectores. Aunque este año apenas cuelgo cosas, os dejo este relato, en el que he intentado describir el mar. Y la inspiración. Me gusta mucho cómo ha quedado, así que espero que lo disfrutéis y, por supuesto, me digáis qué os parece.


El mar es azul

El escritor miraba al mar.

Era una mirada pensativa, profunda, algo desesperada. Los ojos del escritor miraban atravesando el ventanal –cristal impoluto y transparente–, y buscaban inspiración y belleza. Aunque, en realidad, ya había encontrado la belleza, y lo único que le faltaba era la inspiración.

El mar dormía más allá, al frente, justo donde él miraba. Abarcaba casi todo, excepto el acantilado donde casi flotaba su casa y el reguero de costa que se veía al este. El resto era agua, agua azul y brillante. El mar estaba quieto, en silencio o calma, como si quisiera decirle que no había nada de interesante en él...

El escritor se mordió el labio inferior. Miles de veces había intentado buscar las palabras perfectas para describir las imágenes que casi cada tarde nadaban en su cabeza. Miles de veces se había asomado al balcón mientras la brisa le acariciaba la cara y el océano esperaba pacientemente a ser descrito de una manera decente. Otras miles de veces había empezado a escribir, primero a mano, luego a máquina, el clac-clac-clac rompiendo la calma del lugar, sus dedos buscando teclear rápido, rápido, rápido, más rápido. Pero nunca, nunca terminaba. Y las hojas de papel, adornadas con tinta en forma de descripciones inacabadas y pésimas, se lanzaban al vacío y acababan en el fondo de aquel mar tan hermoso y tan indescriptible.

El escritor suspiró y se pasó la mano por el pelo. Se volvió a morder el labio y salió al balcón con su máquina de escribir, dispuesto de una vez por todas a acabar esas líneas que nunca eran satisfactorias.
Aquella tarde no era como las demás. Era aún más especial, más sobrecogedora, más intimidante. El escritor alzó los ojos al cielo y luego los clavó en el horizonte. El atardecer volaba sobre el océano, se paseaba perezosamente por encima de las olas. El escritor cerró las manos en puños y estiró los dedos. Como un pianista apoya los dedos sobre las teclas, así puso él los suyos sobre las letras de la máquina. Con respeto, cuidado y suavidad. Mucha suavidad.
«El mar es...», empezó. Y así se quedó, sin poder avanzar. «El mar es...». «El atardecer llega al mar, que es...», «El mar tiene...», «El mar es... es...».

Derrotado, enterró la cabeza entre sus manos. Se sentía tan inútil que tenía ganas de llorar. Respiró hondo e intentó volver a centrarse, pero siempre empezaba igual y no lograba avanzar. «El mar es», «El mar es», «El mar es». Alzaba la mirada, se quedaba extasiado con las vistas, volvía a centrarse, escribía, paraba, volvía a mirar.
Y cuando esttuvo a punto de gritar de frustración, oyó algo.
Era un sonido que se oía de cerca. Como una risa atolondrada y serena a la vez. El escritor aguzó el oído. Sí, era una risa. Junto con el leve aullido del viento había oído una risa. Casi un murmullo. Una voz femenina. Se levantó trastabillando y se apoyó en la balaustrada. Miró hacia abajo por primera vez en mucho tiempo.

La figura de ella se veía tenue, casi entre sombras, por el reflejo de los últimos rayos de sol. Llevaba un vestido largo, hasta los pies; muy fino, como de gasa, porque se movía con el viento del acantilado. Las orlas del vestido ondeaban como las olas que había veinte metros más abajo. Y el pelo, castaño y ondulado, se enmarañaba y desenmarañaba una y otra vez. Estaba sentada en la hierba, con los brazos abrazando las rodillas, y miraba a ese infinito con los ojos extraviados, como él lo había hecho tantísimas veces. El escritor se quedó clavado en su sitio, asomado a su balcón, mientras el salitre le secaba la boca y la tristeza. Cuando vio la sonrisa de ella, o más bien la percibió, despertó de su trance; sacudió la cabeza, respiró hondo y miró al mar.

Con precipitación, se sentó en la silla, quitó la hoja de frases inconexas y puso un nuevo folio en blanco. Ajustó la página, delimitó el margen y empezó a escribir.

«El mar es azul. Y verde. Verdeazulado, tal vez. Y rosa, o magenta. Lila, morado, violeta. El mar es todos los colores en uno. Y el sol... el sol está rodeado por nubes de vaho tenue que lo rodean y forman galaxias. Galaxias de sueños. Galaxias de nubes. Retazos de algodón teñido. El sol es naranja, naranja oscuro, pero chisporrotea gotas amarillas y rojas escarlata cada veinte segundos. Está a punto de esconderse en el océano de mil lágrimas saladas, mil colores y mil sensaciones, que parece tranquilo pero a menudo no lo es. Y las olas que van ocultando el sol son como golpes de viento en un vestido de gasa. Suave y elegante.
El atardecer sobre el mar es toda una mezcla y explosión de belleza, de serenidad, de majestuosidad. Pero lo que de verdad hace que el mar sea hermoso... es la debilidad que sentimos ante él.

No soy el único que se siente pequeño. Ella me lo ha demostrado.»


Laura TvdB, 14-15 de agosto de 2014.

(Por si no lo sabéis, porque alguno me lo ha preguntado, a veces escribo frases sueltas en mi twitter y aviso de las actualizaciones de mi blog tanto en twitter como en tuenti y ask. Podéis agregarme, seguirme o preguntarme si estáis interesados.)

3 comentarios:

  1. ¡Qué bonito, me encanta! A la altura de lo que escribes. Por cierto, le he recomendado tu blog a una amiga a la que le gusta leer, así que seguramente tendrás una seguidora más en breves, porque le encantaron tus entradas sobre Canciones para Paula y la de Bajo la misma estrella. Además, le he recomendado tu historia del Bosque de los susurros.

    Besos, Carol.

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    1. Aunque no suelo responder comentarios en mi blog, voy a hacer una excepción.

      ¡Muchas gracias! Tus comentarios y tu aprobación me animan mucho a seguir con el blog. Me alegra ver que mis escritos gustan y están bien escritos. Y aún más que lo enseñes a otras personas para que me conozcan y me lean. Te lo agradezco mucho, de verdad.

      Un beso,
      Laura TvdB

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    2. No hay de qué, jaja. Veo también que tenemos mucho en común; leemos, no nos gusta el género romanticón empalagoso, no nos gustan las discotecas (en mi caso, se debe a una mala experiencia), tampoco beber, cosa que yo casi nunca hago, etc. ¿Por qué no serás también de Valencia, como yo? Jo :(. Me alegro mucho de que mis comentarios te animen a seguir y de que me hayas contestado.
      Debo decirte que eres la primera persona que ha leído Bajo la misma estrella y no ha puesto en un altar ni al libro ni al autor, como ha hecho el 99,999999% de las personas que se lo han leído, y en cuanto a Blue Jeans y sus canciones para Paula, mi amiga y yo alucinábamos mucho con los comentarios que te ponían. Se los enseñé también a mi madre, y tampoco se lo podía creer; te decían unas cosas a veces más absurdas...

      He visto también tu perfil en ask.fm y me ha hecho mucha gracia la gente que te decía que escribías fatal o que no te creyeras guay por leer lo que lees o por escribir bien, en comentarios con faltas de ortografía. Se merecen un gran, gran aplauso (nótese la ironía). Si te contara lo que he visto también por ahí...

      Un beso, Carol.

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