lunes, 12 de mayo de 2014

Gorrión.

Sé que he tardado un poco, pero aquí llega un nuevo relato. ¿La causa? Me he enamorado de los gorriones.

Gorrión

«Vuela, vuela, vuela... ¿por qué no vuelas?»

Estaba posado en una rama del castaño. La rama era fina y apenas podía sostener peso. Pero el gorrión apenas pesaba. Giraba la cabeza de repente, hacia un lado y hacia otro, con gracia. Y emitía un suave gorjeo. Y callaba. Y volvía a gorjear. Y callaba.

Miré al gorrión con mis brazos apoyados en el alféizar. El tiempo se deslizaba lento entre las nubes del cielo, que iban adquiriendo un tono cada vez más rosado. Los cánticos del gorrión cesaron, pero seguía allí.
«Vuela», pensé. «Vuela de una vez de este mundo asqueroso». Pero no quise decírselo en voz alta por si (¡qué contradictorio!) se echaba a volar realmente y se alejaba de mi ventana.
«He dicho que vueles», insistí, con menos simpatía. Era una orden. «Que batas las alas. Que te vayas de aquí, dejes de mover tu cabecita hueca y emprendas un viaje eterno a Nunca Jamás. Vete y mira las casas desde arriba, da vueltas de campana en el aire, gorjea todo lo que quieras, pero vete. Mira cómo los humanos seguimos nuestra vida horriblemente aburrida y ordinaria, yendo al trabajo, aburriéndonos en la oficina, comiendo hamburguesas, tecleando máquinas que emiten luz y letras y dibujos y gráficos. Míranos, pero desde arriba, desde donde esa extraña enfermedad de lo cómodo y lo hedonista no te infecta ni te marchita. Observa cómo el humo envuelve a la ciudad, las pipas caen al suelo, el tedio se contagia, la esperanza decrece, las lágrimas aumentan, la ignorancia florece. Disfruta mirándonos a todos como si fuéramos pequeños insectos, desesperados por correr hacia ninguna parte. Vete de aquí, porque aquí ya no hay nada. Ni para ti, ni para nadie».

Después de la perorata, fruncí los labios y apoyé la cabeza en las manos, los codos clavados en el alféizar de piedra. El gorrión no voló. Siguió moviendo la cabeza y piando. Sus pequeños ojos negros se clavaron en mí durante un segundo. Casi, casi, casi pude oír su respuesta.
«No me voy a ningún lado. Porque es verdad que me alejaré de todo lo que tú me has dicho, pero también perderé la sonrisa de ese niño que come una piruleta, el susurro de los chopos, la emoción de un reencuentro, el chapuzón de la piscina y la ilusión de un sueño. Así que volaré, pero no me iré».

Y entonces el gorrión batió sus pequeñas alas de plumas marrones, negras y blancas y se elevó hacia el cielo. Pero volvería, estaba segura.

Volvería.

Laura TvdB, 12 de mayo de 2014.

3 comentarios:

  1. Que relato tan bonito, se me han puesto los pelos de punta *_* Me quedo por aquí de seguidora :) Yo acabo de empezara publicar una historia por capítulos en mi blog, te dejo el link por si te interesa http://janekarstark.blogspot.com.es/
    Un beso!

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  2. Por cierto, acabo de leer el apartado "acerca de mí" y me ha sorprendido lo iguales que somos en lo que a gustos literarios se refiere, mis autores favoritos son prácticamente los mismos que los tuyos y los libros igual, que fuerte!
    Un besito guapa!

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  3. Hola, Laura

    Sí, Escritor Sentimientos, vuelve a comentar en tu blog. Por ser como eres, por sentir como sientes, por escribir como escribes... Yo también he tardado, sí, pero también he vuelto, siempre lo haré.

    Mantén siempre ese modo de organizar ideas y mensajes, mezclarlos y crear este tipo de textos en los que, como en este, haces de la visita de un gorrión el momento idóneo para reivindicar lo denigrante del ser humano actual pero, a la vez, lo maravilloso también.

    Lo único que te aconsejo que modifiques, y que sé que has cometido sin darte cuenta, es la errata del último párrafo. "Pero volVería, estaba segura", como ya habrás percibido, te comiste la "V", son detalles que nos pasan a todos pero, por ello, yo siempre recomiendo leer un par de veces lo que vamos a publicar.

    Sin más, darte mi enhorabuena y saludarte cariñosamente.

    Besos,
    Escritor Sentimientos

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