martes, 22 de abril de 2014

Ninfa.

La ninfa lloraba.
No era un llanto ruidoso. Era un llanto suave, dulcemente amargo, débil. La ninfa encogía los hombros y sollozaba quedamente, y sus lágrimas cristalinas caían al lago. Y las lágrimas de la ninfa provocaban círculos en el agua, que se hacían más y más grandes hasta desaparecer.
Sentada en una piedra lisa, la ninfa lloraba.
Sus dedos finos, largos, blancos como el marfil, se deslizaban por el agua. Sus manos, oh, sus manos eran preciosas, sin ninguna imperfección, y las muñecas eran delgadas, y los brazos desnudos abrazaban las piernas largas y esbeltas. El vestido de gasa apenas llegaba hasta la mitad inferior de los muslos, y ondeaba con la brisa.
Y el rostro... el rostro era de rasgos delicdados, delicadísimos. Los ojos de color bruma poseían una mirada clara, hundida por la pena. Una nariz respingona dulcificaba la boca, pequeña y prieta. El gesto descompuesto de la ninfa era una imagen singularmente bella, porque había perdido la serenidad que le caracterizaba, y, a cambio, expresaba la mayor pena que nadie había visto jamás.
La cabellera rubia era suave y ligera como un diente de león. Larga, muy larga, se despeinaba ordenadamente con el viento, y estaba coronada por un círculo de jazmines.

La ninfa lloraba, y yo la veía a través de los juncos. En silencio, la miraba, con miedo incluso de respirar. Lloraba, y lloraba, y lloraba, y me quedé mirándola durante no sé cuánto tiempo, a la vez que esa mágica tristeza se iba apoderando de mí también.
Pero debí de hacer un movimiento ruidoso, porque de pronto alzó la cabeza y me miró directamente a los ojos, pese a estar a varios metros de distancia. Su mirada se clavó en mí. Me quedé hipnotizado por esas pestañas largas, esos ojos rasgados, esa mirada misteriosa y cristalina a la vez.
La ninfa me miró durante cinco largos segundos. Una última lágrima se deslizó lentamente por su mejilla. Casi oí el tintineo de la gota cuando cayó al lago.
Y entonces la ninfa, ahogando un grito, se levantó y corrió con sus pies descalzos, alejándose de mí. Espera, quise decirle, aunque ningún sonido salió de mi boca. Quise seguirla, pero no moví un solo músculo. Espera...

Lo único que quedó fue un movimiento de su fino vestido entre la arboleda y una canción triste en mi corazón.

Laura TvdB, 22 de abril de 2014.

(¡Os dije que volvería a escribir después de las vacaciones y aquí estoy!)

2 comentarios:

  1. ¡Qué bonito, Laura! Me ha parecido un relato muy delicado y tierno. No sé, me ha gustado mucho las descripciones que has hecho y la atmósfera que has creado. :3
    Besos. :)

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  2. Me ha recordado a las figuras que decoran toda Roma, hasta me ha recordado a la estatua de Apolo y Dafne, será sugestión porque has estado en Roma supongo. Como dice arriba Burdock es un relato delicado y las descripciones han sido precisas sin excederse.

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