domingo, 30 de noviembre de 2014

Crítica de "Los juegos del hambre: Sinsajo" (Parte 1)

Crítica editada a marzo de 2016.

¡Hola! Como lo veis. Vi la película la semana pasada en el cine. Por un lado tenía mucho miedo a que la hicieran mal, porque en el libro la trama es sencilla y lo que destaca es el desarrollo psicológico de los personajes. Voy a hacer como en la crítica de En llamas: voy a dar por supuesto que habéis leído el libro.

AVISO: SPOILERS DE LAS DOS PRIMERAS PARTES.

 Sinsajo es un libro bélico, violento, impactante. A mí por un lado no me gustó, y por otro hubo algunas escenas que me chocaron tantísimo que me quedé de piedra en su momento. Y es que es un libro de instantes. Una novela muy dura, durísima. Porque Katniss está chocada por todo, por la destrucción del Distrito 12, por los juegos, y, sobre todo, porque el Capitolio tiene atrapado a Peeta, y ella es consciente de que es por su culpa, y que ella misma había prometido que lo protegería con su vida. Todo eso, junto con la presión que tiene por ser el símbolo de la rebelión y la obsesión por proteger a su hermana Prim hacen que tenga un estado mental frágil, o, dicho de una manera más clara, se pueda volver loca. Y eso es lo que yo temía de la película, porque pueden hacerse escenas de acción fácilmente, pero ¿cómo van a mostrar lo que le pasa por la cabeza a Katniss, y, en menor medida, a Peeta, a Finnick, a Coin, a Gale? Encima, me enfadé bastante cuando me enteré de que lo habían dividido en dos partes (ejemDINEROejem) porque no hay dos tramas, hay una sola línea argumental y es muy básica, así que ¿dónde lo cortarían? Me temí que lo cortaran en el punto de inflexión de la novela, donde SPOILER Peeta llega al 13 completamente mutado FIN DE SPOILER, y tenía razón.

Bueno, que me voy por las ramas: la película me ha parecido correcta, bien hecha. El problema principal que tiene es, precisamente, que la trama se ha estirado demasiado.
La adaptación está francamente bien, no se saltan nada importante del libro, todas las escenas-momentos están tal cual, expresados con fidelidad. Pero las imágenes de los bombardeos dan una angustia que ni siquiera el libro daba, está lograda la impotencia de Katniss, y cómo se va rompiendo poco a poco. Otra cosa que me temía era cómo iban a hacer a Peeta, porque el actor (Josh Hutcherson) no me convencía; podía pasar en las dos primeras, pero en la tercera tenía que hacerlo bien o se iba a cargar toda la película.
Me impresionó, porque lo hace muy bien también. Sus breves apariciones chocan (a mí me chocaron, desde luego), y evoluciona de una manera lógica, según lo torturan más y más.
Por lo tanto, las actuaciones protagonistas, tanto la de Jennifer Lawrence de Katniss como la de Josh Hutcherson de Peeta me han parecido buenísimas, de verdad; creo que esa es la diferencia fundamental de las adaptaciones de Los juegos del hambre con respecto a otras sagas juveniles.
Sin embargo, como ya ocurría en las películas anteriores, los personajes secundarios se dejan en un segundo y tercer plano. Finnick casi no sale, cosa que me ha parecido fatal por su importancia en la vida de Katniss; Gale solo aparece como soldado guaperas, el equipo de cámaras es un cero a la izquierda (poco menos que en el libro, también hay que decirlo), y los únicos que se salvan son Coin y Plutarch Heavensbee, que están más o menos bien caracterizados. Prim está ahí colgando, igual que la madre de Katniss y Haymitch, que tampoco me ha gustado en esta película. El personaje de Snow se conoce un poco más, eso sí. Un cambio del libro a la peli que me ha gustado es la aparición de Effie, porque le da un toque de humor a esta película tan triste.
Un último apunte sobre los personajes: si bien estas películas me están gustando mucho como adaptaciones, hay un cambio que me parece crucial y atroz: en las películas intensifican la relación de Katniss y de Gale. A ver, si bien se puede decir que hay un triángulo amoroso (leve) en la trilogía, para nada es lo más importante. La relación entre Katniss y Gale no es de novietes ni de besitos, es una amistad estrechísima que Katniss no sabe si desemboca en algo más o no, pero de todos modos no hay escenitas románticas entre los dos. Pero, claro, eso no se podía expresar tal cual en la película porque no atrae a las masas. Error.

Por otro lado, la calidad técnica es encomiable. La visión del distrito 13 es acertada, aunque poco original, las escenas de los rebeldes (aunque me han parecido MUY estúpidos, ni siquiera llevan escudos para protegerse de las balas) están bien metidas entre promo y promo. La visión de la guerra es espeluznante: los heridos del Distrito 8, el bombardeo en el Distrito 13... conciencia al espectador de lo horrible que es vivir en una situación así, no sólo por el riesgo de muerte, sino también por el riesgo de que afecte a la salud mental.

La música está bien, me ha gustado, aunque no me ha llamado tanto la atención como en la película anterior. El tema The hanging tree (o la canción del ahorcado) es bueno, acertado y con un in crescendo perfecto. Eso sí, debo recalcar, al igual que en mi anterior crítica, el doblaje: la que dobla a Katniss al castellano, aunque hace un buen trabajo cuando habla, no sabe cantar. Vamos, que se supone que Katniss canta bien, sin gallos y entonando.

En resumen, las pegas que he encontrado son: no hacía falta dividir la película en dos y se ha estirado la trama, falta de desarrollo en personajes secundarios, alguna escena poco creíble, clichés al copiar desarrollo de escenas de acción (rebeliones, misión para salvar a Peeta) o ambientación (Distrito 13).

Pero me ha gustado. Me ha sorprendido que a algunas personas no les ha gustado, sobre todo a los que no han leído el libro. Y por eso voy a decir lo siguiente:

Lo que hace especial a la saga de Los juegos del hambre es que, quitando su calidad literaria regular, algunos prototipos, la acción y demás, tiene una filosofía detrás, que se expone en los dos primeros libros y se desarrolla completamente en el tercero; y los personajes tienen vida, no son maniquíes que llevan al cabo la acción argumental; evolucionan, sienten, se equivocan, hay veces que los queremos y veces que los odiamos. Eso hace estos libros especiales. Y en Sinsajo (Parte 1) hay que fijarse en el desarrollo de personajes más que en la trama. Hay acción, sí, pero Katniss no la protagoniza. Bueno, ¿y qué? Fijaos en la complejidad de cada persona, en el horror de Katniss, la mirada desviada de Peeta, el manduconeo de Coin y las escasas metas de Plutarch. Sentid el dolor al pisar las cenizas del 12, la determinación al enfrentarse a la tiranía, la angustia al oír las bombas. Eso es lo que importa.

Espero que la segunda parte sea como esta o mejor.
¡Hasta pronto!




miércoles, 29 de octubre de 2014

Promocionando a... Fuera del museo

¡Hola! Hoy no voy a colgar ningún escrito. De hecho, vengo a promocionar un grupo que ha contactado conmigo para darse a conocer.

Fuera del museo es el nombre de un canal de youtube que han creado seis jóvenes para, como dicen ellos, redescubrir el arte en todas sus facetas. Los conocí gracias a twitter y vi su primer vídeo, que me encantó. Ahora han publicado el segundo y me ha gustado incluso más. Así que os pongo lo que me han enviado, porque de verdad pienso que merece la pena conocerlos.

   "Somos seis jóvenes dispuestos a cambiar el mundo. A cada uno nos gusta, nos apasiona el arte; algunos queremos dedicarnos totalmente a él, hasta profesionalmente, y otros valoramos su importancia y queremos darlo a conocer.
   Parece que el arte y la cultura están olvidados; que ya nadie les da importancia, que no es algo para jóvenes, que es aburrido, que es incomprensible. Los museos son para los turistas y para los frikis; la música clásica es algo de no se sabe qué siglo; la literatura es esa asignatura aburrida que se tiene que estudiar obligatoriamente en el colegio; la danza es un sueño imposible, la cinematografía es para Hollywood.
   Lo que pretendemos es demostrar a todos los que piensen así que esos prejuicios no son más que lo dicho: prejuicios. Porque el arte es maravilloso. El arte nos enseña a amar, a comprender, a no conformarnos, a luchar, a no perder la esperanza, a enriquecernos en todos los aspectos, a valorar cada detalle hermoso de la vida.
   El arte es enormemente sencillo y complejo a la vez.
   El arte no está solo en los museos. Está en la calle, se respira en el aire, se disfruta en casa, se comparte con los amigos. Es una manera de sentir y hacer sentir, de emocionarse y emocionar a otros. De vivir más intensamente la vida.
   Ese es nuestro propósito. Tener el arte como una forma de vida.
   Tenemos un canal de Youtube en el que hemos colgado nuestro primer vídeo y también tenemos cuenta de Twitter: @fueradelmuseo.
   Esperamos que os guste y que os animéis a aprender y difundir el arte.

Fuera del museo:
Nacho, Dani, Belén, Bea, Álvaro y Lucía"

Sabéis que esto no lo he hecho nunca, así que si digo que me han gustado, es que me han gustado de verdad. ¡Mucha suerte, Fuera del museo!

Laura TvdB

PD: Se me olvidaba. Os pongo el enlace a sus dos vídeos (por ahora):


viernes, 3 de octubre de 2014

Desde arriba


A veces pienso que el mundo es mejor de lo que es.
Y sueño.
Tonta de mí.
Mi mente bate las alas
(¿dónde habían estado?), 
y sube poco a poco,
poco a poco,
y me elevo, me elevo, me elevo,
subo hasta arriba
y con la punta de mis dedos
toco el cielo.

Pienso que no hay mentira,
ni corrupción, ni egoísmo,
ni lenguas bífidas ni ojos helados,
ni sueños rotos que se pierden
en lágrimas que caen al suelo
inadvertidas.

Desde arriba todo se ve
pequeño, grande, lejano,
desde arriba me siento optimista,
colorida, inspirada.

Y mientras siento que mis alas se evaporan
y caigo en picado,
grito y lloro;
y recuerdo todo lo hermoso que he visto desde arriba
para, pese a todo lo que vea abajo,
poder admirar la fragilidad
de mi vida.

Laura TvdB, 3 de octubre de 2014.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Fragmento de "Flor de lis" (I)

¡Hola! Como viene siendo costumbre en este año, este blog está muy solo. Y aunque no tengo ninguna norma de subir cosas cada mes, he decidido poner un pequeño fragmento de mi novela, Flor de lis, porque últimamente me estoy esforzando en escribir regularmente para terminarla este año. Es una descripción de una persona que está enamorada, así que lo siento pero es bastante melosa. No os diré quién es, para no soltar spoilers, ni de quién está enamorada, porque también soltaría spoilers, pero no penséis que son protagonistas, porque pueden ser perfectamente personajes secundarios (ya dije que había cambiado la voz narrativa de la historia). Espero que os guste.

Fragmento de Flor de lis (I)

(...) Pero insistió, y acabamos yendo en mi coche hacia el parque del Capricho, que yo apenas conocía. Y yo jamás había sentido ese sentimiento de amor, de enamoramiento hasta las trancas, pero descubrí aquella tarde que existía, y que era muy real y muy maravilloso. Era como... como algo que se deshacía en mi interior, algo suave y dulce y apabullante, y era rápido y lento e intenso. Y su nombre era perfecto, sus ojos eran perfectos, su nariz recta era perfecta, su pelo castaño con mechones desordenados era perfecto, y su voz, su voz era perfecta, grave y resonante, y me llamaba *su nombre* como si cantara, y me dejaba tonta, tontísima, vulnerable, vulnerabilísima. Y me gustaba sentirme así. Y aunque el miedo seguía clavado en mí como una espina, apenas sangraba y se había quedado agazapado en una esquina, y allí estaba bien. Muy bien.

Laura TvdB, 18 de septiembre de 2014.

domingo, 31 de agosto de 2014

Borrando textos antiguos...

¡Hola! Aunque el blog esté en crisis, yo sigo haciendo arreglillos. Y es que esta tarde me he puesto a releer por encima mi relato largo, El bosque de los susurros, que escribí en 2011 (creo recordar). Y me ha dado tanta vergüenza que lo he borrado en los gadgets de la derecha. No está muy mal escrito, pero la historia no es nada coherente, y prefiero no hablar de la ambientación; describiendo Berlín dos semanas antes de acabar la guerra como una ciudad normal y corriente, las casas en pie, la gente con vida normal, los nazis mandando cosas a los civiles con toda la calma. La tranquilidad del ejército alemán, como si la guerra estuviese aún en Rusia. Me río de mí misma, creo que por pena.

En fin, que como me ha parecido horrible, ya no está a la vista. Sé que a algunos lectores os gustaba, y por eso no he eliminado las entradas. Abajo del todo a la derecha está el historial del blog y si pincháis en mayo-junio de 2011 lo podréis leer. Pero no quiero que los nuevos lectores piensen que sigo escribiendo así.

Y nada más. Sólo era para informaros. Esto ya lo he hecho con un par de poemas y entradas, y puede que lo haga con más en el futuro. Espero de todo corazón haber mejorado desde mis tiempos oscuros, porque mamma mia.

Gracias, como siempre, a los que seguís por aquí, por ask, tuenti (jajajaja) o twitter. De verdad, estoy pendiente de todo y me alegráis la vida.

Laura TvdB, 31 de agosto de 2014.

viernes, 15 de agosto de 2014

El mar es azul.

Hola, lectores. Aunque este año apenas cuelgo cosas, os dejo este relato, en el que he intentado describir el mar. Y la inspiración. Me gusta mucho cómo ha quedado, así que espero que lo disfrutéis y, por supuesto, me digáis qué os parece.


El mar es azul

El escritor miraba al mar.

Era una mirada pensativa, profunda, algo desesperada. Los ojos del escritor miraban atravesando el ventanal –cristal impoluto y transparente–, y buscaban inspiración y belleza. Aunque, en realidad, ya había encontrado la belleza, y lo único que le faltaba era la inspiración.

El mar dormía más allá, al frente, justo donde él miraba. Abarcaba casi todo, excepto el acantilado donde casi flotaba su casa y el reguero de costa que se veía al este. El resto era agua, agua azul y brillante. El mar estaba quieto, en silencio o calma, como si quisiera decirle que no había nada de interesante en él...

El escritor se mordió el labio inferior. Miles de veces había intentado buscar las palabras perfectas para describir las imágenes que casi cada tarde nadaban en su cabeza. Miles de veces se había asomado al balcón mientras la brisa le acariciaba la cara y el océano esperaba pacientemente a ser descrito de una manera decente. Otras miles de veces había empezado a escribir, primero a mano, luego a máquina, el clac-clac-clac rompiendo la calma del lugar, sus dedos buscando teclear rápido, rápido, rápido, más rápido. Pero nunca, nunca terminaba. Y las hojas de papel, adornadas con tinta en forma de descripciones inacabadas y pésimas, se lanzaban al vacío y acababan en el fondo de aquel mar tan hermoso y tan indescriptible.

El escritor suspiró y se pasó la mano por el pelo. Se volvió a morder el labio y salió al balcón con su máquina de escribir, dispuesto de una vez por todas a acabar esas líneas que nunca eran satisfactorias.
Aquella tarde no era como las demás. Era aún más especial, más sobrecogedora, más intimidante. El escritor alzó los ojos al cielo y luego los clavó en el horizonte. El atardecer volaba sobre el océano, se paseaba perezosamente por encima de las olas. El escritor cerró las manos en puños y estiró los dedos. Como un pianista apoya los dedos sobre las teclas, así puso él los suyos sobre las letras de la máquina. Con respeto, cuidado y suavidad. Mucha suavidad.
«El mar es...», empezó. Y así se quedó, sin poder avanzar. «El mar es...». «El atardecer llega al mar, que es...», «El mar tiene...», «El mar es... es...».

Derrotado, enterró la cabeza entre sus manos. Se sentía tan inútil que tenía ganas de llorar. Respiró hondo e intentó volver a centrarse, pero siempre empezaba igual y no lograba avanzar. «El mar es», «El mar es», «El mar es». Alzaba la mirada, se quedaba extasiado con las vistas, volvía a centrarse, escribía, paraba, volvía a mirar.
Y cuando esttuvo a punto de gritar de frustración, oyó algo.
Era un sonido que se oía de cerca. Como una risa atolondrada y serena a la vez. El escritor aguzó el oído. Sí, era una risa. Junto con el leve aullido del viento había oído una risa. Casi un murmullo. Una voz femenina. Se levantó trastabillando y se apoyó en la balaustrada. Miró hacia abajo por primera vez en mucho tiempo.

La figura de ella se veía tenue, casi entre sombras, por el reflejo de los últimos rayos de sol. Llevaba un vestido largo, hasta los pies; muy fino, como de gasa, porque se movía con el viento del acantilado. Las orlas del vestido ondeaban como las olas que había veinte metros más abajo. Y el pelo, castaño y ondulado, se enmarañaba y desenmarañaba una y otra vez. Estaba sentada en la hierba, con los brazos abrazando las rodillas, y miraba a ese infinito con los ojos extraviados, como él lo había hecho tantísimas veces. El escritor se quedó clavado en su sitio, asomado a su balcón, mientras el salitre le secaba la boca y la tristeza. Cuando vio la sonrisa de ella, o más bien la percibió, despertó de su trance; sacudió la cabeza, respiró hondo y miró al mar.

Con precipitación, se sentó en la silla, quitó la hoja de frases inconexas y puso un nuevo folio en blanco. Ajustó la página, delimitó el margen y empezó a escribir.

«El mar es azul. Y verde. Verdeazulado, tal vez. Y rosa, o magenta. Lila, morado, violeta. El mar es todos los colores en uno. Y el sol... el sol está rodeado por nubes de vaho tenue que lo rodean y forman galaxias. Galaxias de sueños. Galaxias de nubes. Retazos de algodón teñido. El sol es naranja, naranja oscuro, pero chisporrotea gotas amarillas y rojas escarlata cada veinte segundos. Está a punto de esconderse en el océano de mil lágrimas saladas, mil colores y mil sensaciones, que parece tranquilo pero a menudo no lo es. Y las olas que van ocultando el sol son como golpes de viento en un vestido de gasa. Suave y elegante.
El atardecer sobre el mar es toda una mezcla y explosión de belleza, de serenidad, de majestuosidad. Pero lo que de verdad hace que el mar sea hermoso... es la debilidad que sentimos ante él.

No soy el único que se siente pequeño. Ella me lo ha demostrado.»


Laura TvdB, 14-15 de agosto de 2014.

(Por si no lo sabéis, porque alguno me lo ha preguntado, a veces escribo frases sueltas en mi twitter y aviso de las actualizaciones de mi blog tanto en twitter como en tuenti y ask. Podéis agregarme, seguirme o preguntarme si estáis interesados.)

sábado, 12 de julio de 2014

Crítica: "Bajo la misma estrella".

Como estoy centrada en mi novela y hace mucho que no pongo nada, vamos a por un libro de moda. Bajo la misma estrella (The fault in our stars), de John Green, es un libro que trata de una historia de amor juvenil... poco normal, ya que ambos han tenido que convivir con cáncer.

Voy a hacer una pequeña crítica del libro y también de la adaptación cinematográfica, y una conclusión final.

La novela

   La protagonista es Hazel, una chica de 17 años que tiene cáncer de pulmón en fase IV. Vive pegada a un carrito de oxígeno y su vida consiste en no hacer nada e ir a un grupo de apoyo. Hasta que conoce a Augustus Waters, un joven que, como ella, ha sufrido cáncer y por eso tiene una pierna amputada. Ambos se harán amigos y viajarán a Amsterdam para conocer a Peter van Houten, un escritor cuyo libro les fascina a los dos.

   La trama de la novela suena a típica novela romántica adolescente. Y tiene una gran dosis de ello, pero por otro lado no sólo es una simple historia de amor, sino también de cáncer, por mucho que digan que no. Hazel tiene cáncer, y por eso se tocan o se deberían tocar temas como la muerte, la pérdida, la impotencia, la depresión...
   Digamos que la primera mitad del libro no me acabó de enganchar demasiado, y creo que es porque Hazel no es un buen personaje. Me explico; su carácter es interesante, pero no se ha profundizado lo suficiente en él: una chica que se ha formado una armadura a su alrededor porque no quiere hacer daño a nadie por su culpa. Es dura con su propia enfermedad y piensa que la gente que siente lástima por ella es imbécil. Y es cierto que muchas veces ver que sienten lástima por ti es odioso, pero no creo que todo el mundo sea tan hipócrita y mentiroso como acusa Hazel. Simplemente la gente no sabe cómo reaccionar.
   La novela está narrada desde el punto de vista de Hazel, y escribe tal como piensa; esto es, de forma coloquial, incluso vulgar. Para mi gusto desencaja totalmente con el tono del libro, aunque se suaviza un poco a lo largo de la trama, porque Gus calma el carácter de ella.

   Ah, y eso, Gus. Augustus Waters. Me agradó su carisma, sus frases pseudofilosóficas, su aire de vivir la vida y ser optimista. Pero es un personaje cliché: guapo, simpático, popular, inteligente, espabilado, optimista, detallista, gracioso... un prototipo de chico guay estadounidense, en resumen. Chico guay que se enamora de chica no guay con problema.

Pero el desarrollo de su historia de amor es bonito, ciertamente. No soy de esas que cae rendida ante cualquier historia de amor, pero ésta es mona, por así decirlo. El viaje a Amsterdam es lo mejorcito de la historia, sin duda. Es el punto central del libro, y el escritor se ha esmerado en que se note. Y se nota. La descripción de la ciudad es acertada y correcta (yo tenía miedo a una mala descripción porque sabéis que soy muy crítica con las cosas que conozco mucho), hasta mágica; el personaje de Peter van Houten (NO Van Houten, por favor, esa "v" va en minúscula cuando se dice el nombre completo; además, perdonadme por ser tiquismiquis, pero no se pronuncia [van Huten] sino [fan Hauten])... el personaje de Peter van Houten es el toque perfecto para la novela. No diré por qué para no soltar spoilers, pero me entenderéis; es la guinda ácida del pastel.
   Algunas escenas tienen cierto encanto, como la de la casa de Ana Frank.

   Y para terminar, el final es desgarrador y logra emocionar, aunque previsible. Como se veía venir, es un drama.  Pero los dramas forman parte de la vida, y es realista. Me gustó bastante, la verdad.
 
   Otras cosas que no me gustaron:
  - Las "metáforas" que dice Gus. No son metáforas, son comparaciones para hacerse el graciosete o para mostrar una filosofía de vida (que yo creo que John Green lo ha metido para hacerse un poco el interesante), pero lo del cigarrillo no es una metáfora. Es un símbolo.
  - La imagen de los padres está muy dejada en segundo plano, y creo que deberían tener más importancia en la vida de sus hijos; pero el autor se centra únicamente en los protagonistas (que son algo egoístas, por otro lado).
  - Los temas filosóficos que se deberían abordar con amplitud (muerte, sentido de la vida, enfermedad, esperanza...) son confusos y apenas se desarrollan, como si el autor no quisiera "mojarse" y mostrar una opinión. Por eso los personajes, aunque se ayuden, conozcan y se suavice su genio, son planos y no evolucionan, y Hazel sigue siendo igual de dura y enfadada con el mundo a lo largo de todo el libro, cosa que estanca la novela.

   Conclusión de la novela: un aprobado. 5'5/10.

La película

   En resumidas cuentas, me gustó. Es una buena adaptación para mi gusto. Obviamente se saltan escenas, los personajes secundarios pierden profundidad (sobre todo Peter van Houten e Isaac), no se conoce tan bien a Hazel como en el libro... pero el espíritu de la novela está fielmente reflejado en la película, y se nota. La banda sonora, la caracterización de los personajes, la fotografía, etc. es acorde con el libro. Lo único que he echado en falta es el cáncer en sí. Apenas salen escenas de hospitales o dificultades a causa de la enfermedad, no sé si es para evitar que una parte de los espectadores no quiera verla, pero no me gustó que no se diera importancia a la enfermedad, porque es muy relevante. La poca profundidad de los personajes también es una pega, pero creo que para el público al que está dirigido eso no importa. Es una visión un poco superficial de la vida y la muerte, más que en el libro, porque lo que se enfoca es únicamente la historia de amor. Los padres parecen incluso algo bobalicones, estando presentes pero sin atreverse a nada.
   Pero los puntos a favor son: el reparto, excelente (me encanta cómo lo ha hecho Shailene Woodley. Perfecta), la banda sonora y el final. Un excelente final, con una escena en la que un personaje se rompe y me removió el corazón.

   Conclusión de la película: un aprobado, pero tampoco tiene buena nota.

Conclusión final: es una historia normalita, nada del otro mundo, para mi gusto y opinión.    No lloré a mares (aunque hay partes que emocionan) ni me hizo ver que la vida es blablablá, porque en realidad no se desarrollan los temas realmente profundos. Los personajes no se enfrentan a su enfermedad de cara, huyen de ella haciendo como si les resbalara todo, como si fueran unos completos incomprendidos y especiales, que por otro lado es cierto, pero en el libro y la película se exagera. La historia de amor es bonita y la ambientación de Amsterdam, tanto en el libro como en la película, está bien hecha, es preciosa. Y el final es convincente.
   A mí no me ha cambiado la vida para nada, pero tiene puntos positivos que me hicieron comprender por qué ha tenido tanto éxito. Pero para otras historias de amor con cáncer, aconsejo otros libros y películas, la verdad.

lunes, 12 de mayo de 2014

Gorrión.

Sé que he tardado un poco, pero aquí llega un nuevo relato. ¿La causa? Me he enamorado de los gorriones.

Gorrión

«Vuela, vuela, vuela... ¿por qué no vuelas?»

Estaba posado en una rama del castaño. La rama era fina y apenas podía sostener peso. Pero el gorrión apenas pesaba. Giraba la cabeza de repente, hacia un lado y hacia otro, con gracia. Y emitía un suave gorjeo. Y callaba. Y volvía a gorjear. Y callaba.

Miré al gorrión con mis brazos apoyados en el alféizar. El tiempo se deslizaba lento entre las nubes del cielo, que iban adquiriendo un tono cada vez más rosado. Los cánticos del gorrión cesaron, pero seguía allí.
«Vuela», pensé. «Vuela de una vez de este mundo asqueroso». Pero no quise decírselo en voz alta por si (¡qué contradictorio!) se echaba a volar realmente y se alejaba de mi ventana.
«He dicho que vueles», insistí, con menos simpatía. Era una orden. «Que batas las alas. Que te vayas de aquí, dejes de mover tu cabecita hueca y emprendas un viaje eterno a Nunca Jamás. Vete y mira las casas desde arriba, da vueltas de campana en el aire, gorjea todo lo que quieras, pero vete. Mira cómo los humanos seguimos nuestra vida horriblemente aburrida y ordinaria, yendo al trabajo, aburriéndonos en la oficina, comiendo hamburguesas, tecleando máquinas que emiten luz y letras y dibujos y gráficos. Míranos, pero desde arriba, desde donde esa extraña enfermedad de lo cómodo y lo hedonista no te infecta ni te marchita. Observa cómo el humo envuelve a la ciudad, las pipas caen al suelo, el tedio se contagia, la esperanza decrece, las lágrimas aumentan, la ignorancia florece. Disfruta mirándonos a todos como si fuéramos pequeños insectos, desesperados por correr hacia ninguna parte. Vete de aquí, porque aquí ya no hay nada. Ni para ti, ni para nadie».

Después de la perorata, fruncí los labios y apoyé la cabeza en las manos, los codos clavados en el alféizar de piedra. El gorrión no voló. Siguió moviendo la cabeza y piando. Sus pequeños ojos negros se clavaron en mí durante un segundo. Casi, casi, casi pude oír su respuesta.
«No me voy a ningún lado. Porque es verdad que me alejaré de todo lo que tú me has dicho, pero también perderé la sonrisa de ese niño que come una piruleta, el susurro de los chopos, la emoción de un reencuentro, el chapuzón de la piscina y la ilusión de un sueño. Así que volaré, pero no me iré».

Y entonces el gorrión batió sus pequeñas alas de plumas marrones, negras y blancas y se elevó hacia el cielo. Pero volvería, estaba segura.

Volvería.

Laura TvdB, 12 de mayo de 2014.

martes, 22 de abril de 2014

Ninfa.

La ninfa lloraba.
No era un llanto ruidoso. Era un llanto suave, dulcemente amargo, débil. La ninfa encogía los hombros y sollozaba quedamente, y sus lágrimas cristalinas caían al lago. Y las lágrimas de la ninfa provocaban círculos en el agua, que se hacían más y más grandes hasta desaparecer.
Sentada en una piedra lisa, la ninfa lloraba.
Sus dedos finos, largos, blancos como el marfil, se deslizaban por el agua. Sus manos, oh, sus manos eran preciosas, sin ninguna imperfección, y las muñecas eran delgadas, y los brazos desnudos abrazaban las piernas largas y esbeltas. El vestido de gasa apenas llegaba hasta la mitad inferior de los muslos, y ondeaba con la brisa.
Y el rostro... el rostro era de rasgos delicdados, delicadísimos. Los ojos de color bruma poseían una mirada clara, hundida por la pena. Una nariz respingona dulcificaba la boca, pequeña y prieta. El gesto descompuesto de la ninfa era una imagen singularmente bella, porque había perdido la serenidad que le caracterizaba, y, a cambio, expresaba la mayor pena que nadie había visto jamás.
La cabellera rubia era suave y ligera como un diente de león. Larga, muy larga, se despeinaba ordenadamente con el viento, y estaba coronada por un círculo de jazmines.

La ninfa lloraba, y yo la veía a través de los juncos. En silencio, la miraba, con miedo incluso de respirar. Lloraba, y lloraba, y lloraba, y me quedé mirándola durante no sé cuánto tiempo, a la vez que esa mágica tristeza se iba apoderando de mí también.
Pero debí de hacer un movimiento ruidoso, porque de pronto alzó la cabeza y me miró directamente a los ojos, pese a estar a varios metros de distancia. Su mirada se clavó en mí. Me quedé hipnotizado por esas pestañas largas, esos ojos rasgados, esa mirada misteriosa y cristalina a la vez.
La ninfa me miró durante cinco largos segundos. Una última lágrima se deslizó lentamente por su mejilla. Casi oí el tintineo de la gota cuando cayó al lago.
Y entonces la ninfa, ahogando un grito, se levantó y corrió con sus pies descalzos, alejándose de mí. Espera, quise decirle, aunque ningún sonido salió de mi boca. Quise seguirla, pero no moví un solo músculo. Espera...

Lo único que quedó fue un movimiento de su fino vestido entre la arboleda y una canción triste en mi corazón.

Laura TvdB, 22 de abril de 2014.

(¡Os dije que volvería a escribir después de las vacaciones y aquí estoy!)

jueves, 10 de abril de 2014

¡Hola, hola!

Voy a hacer esta entrada de manera formal.

Queridos lectores:
siento haberme ausentado tanto tiempo. No actualizo desde el 1 de febrero, y eso es bien deprimente; es más, no he escrito nada desde esa fecha. También he estado desaparecida por las redes sociales durante unas semanas, debido a que mi ordenador murió y apenas he podido pasar todos mis datos (incluyendo escritos y fotos) a otro ordenador y a mi pendrive.
En fin, no me quiero enrollar demasiado. Sólo quiero pedir perdón, porque además de que no he escrito nada, tampoco voy a hacerlo estas vacaciones. Me voy de viaje de viernes 11 de abril a lunes 21 de abril a Roma, y, como comprenderéis, no voy a tocar internet. Pero espero de todo corazón que a la vuelta llegue cargada de inspiración, historias y anécdotas que escribir y contar; espero volver a escribir. De verdad, no voy a dejar el blog, como algunos me habéis preguntado. Sé que últimamente apenas cuelgo cosas, pero es porque apenas escribo.
Sí estaré completamente ausente durante esos días: ni blog, ni tuenti, ni ask. A la vuelta, con un poco de suerte, llegaré con las pilas cargadas. No prometo nada, pero lo intentaré.

Nada más. Esperadme, que antes o después llegaré. Y muchísimas gracias a los que seguís por aquí. Me alegráis la vida.

Un abrazo fuerte, 
Laura TvdB.

sábado, 1 de febrero de 2014

Adiós, mundo.

Empezamos bien febrero. Nuevo relato a vuestra disposición.

Adiós, mundo

Iba caminando por la calle desierta. Sus zapatillas pisaban el asfalto silenciosas, sin prisa pero sin pausa. Era la primera vez que caminaba en medio de la calzada, puesto que no venía ningún coche, no había ningún viandante. Estaba él. Él y la noche.

Hacía frío. Más que frío, viento helado que barría las hojas y azotaba su cara. El viento despeinaba su pelo y le despejaba. Abrigado con una gabardina y una bufanda, combatía el aire con las manos en los bolsillos y la mirada perdida. Volvía la cabeza, inquieto al no ver nada ni nadie. Se paró. Oteó el cielo.
Qué curioso. El cielo no era azul, como él siempre había pensado. A la una de la madrugada, la noche oscura no era tan oscura. El cielo… ni azul, ni negro. Parecía más bien violeta. ¿Violeta? No, no, no. Era morado. Púrpura, más bien. Era un manto púrpura hecho de terciopelo, muy suave, muy suave.
Insufló aire por la nariz y sintió un escalofrío cuando llegó a sus pulmones, tan gélido. Reanudó la marcha mientras seguía mirando el cielo. Púrpura. Salpicado con estrellas, una aquí, otra allá, y la más brillante de todas justo encima de su cabeza. No había luna. La tibia luz de las farolas alumbraba a medias la calle en un tono amarillento y tristón. Apretó los labios y miró hacia arriba otra vez. ¿Quién decía que la ciudad no tenía estrellas? Él las distinguía a la perfección. Y reparó, con curiosidad, en las nubes blancas que había a lo lejos. Cómo era posible que se pudieran ver unas nubes en noche cerrada, no lo sabía. Pero allí estaban, flotando y alejándose de él.
Oyó a lo lejos el murmullo de coches y neumáticos, murmullo de ciudad. Y el aleteo de algún murciélago que volaba. Y el aullido furioso del viento. Y el silencio del manto protector de la noche.

Bajó la mirada y vio la calle que seguía, recta, y se perdía en la oscuridad. Se sintió invadido por una extraña sensación de libertad y calidez. Como si estuviera en un sueño tranquilo. Miró a su alrededor; el viento seguía pegando fuerte y las ramas de los árboles se mecían hacia un lado y hacia otro. Se desabrochó la gabardina con rapidez, se la quitó y la tiró al suelo. Comenzó a correr. Se llevó las manos a la bufanda y la soltó, y esta salió volando hacia donde el viento la llevase. Apretó el paso. Se deshizo igualmente de los guantes. No sentía los pies, las manos congeladas, la nariz, el vaho. Sólo sentía que dejaba el mundo atrás, que las casas pasaban rápidamente a su lado, que el frío se colaba entre su jerséy y su corazón y que la noche lo impulsaba a correr más y más y más. Creyó que volaba, cada vez más rápido, cada vez más alto, cada vez más lejos. Adiós, mundo, quiso decir. Pero sólo consiguió soltar una breve carcajada.

Laura TvdB, 1 de febrero de 2014.