martes, 24 de septiembre de 2013

Trazo rojo.

¡Hola! Un relato que se me ha ocurrido en cinco minutos. Quería recrear un mundo en blanco y negro, aunque al final me ha salido algo distinto, pero me gusta igual.

Finales del siglo XIX. Algunos reconoceréis el ambiente, los personajes. Son de esa novela que quiero escribir, la de Lily y Jack, que no toco desde hace mucho. La escena, en principio, no sale en la novela.
PD: He pensado en una banda sonora: Hoppípolla, de Sigur rós.

Trazo rojo

Se puso sus zapatos relucientes de charol. El sombrero de copa ya lo estaba esperando sobre la mesa del despacho. Se miró en el espejo, se ajustó la pajarita del cuello y asintió, satisfecho.
Giró el picaporte de la puerta principal y salió a la calle. Sus pisadas sonaban sobre las baldosas grises. Observó con disimulado interés a unos niños jugando a la rayuela sobre el asfalto negro. Las trenzas de la niña, con lazos blancos, saltaban sobre su cabeza como si tuvieran vida propia.
Sus melodías lo mecieron hasta que despertó de su pequeño trance. Sonrió, invadido levemente por ese extraño sentimiento de nostalgia, y se encaminó a la esquina de la calle, donde el chófer debía de recogerle en su Rolls Royce negro brillante. La farola aún estaba encendida, a pesar de ser las siete de la mañana, a pesar de que había amanecido hacía rato. Su luz grisácea ya no alumbraba nada.
Se apoyó en ella, golpeando el suelo nerviosamente con sus zapatos. Se miró el reloj de pulsera. Las agujas marcaban los segundos con lentitud.
Por fin llegó el coche, y frenó chirriando un poco.
--Buenos días, señor--lo saludó el chófer, abriéndole la puerta.
--Gracias--se quitó el sombrero y se sentó en el asiento de cuero negro.
El automóvil se puso en marcha de nuevo, y el joven notó las miradas asombradas de la gente al verlo por la calle; aún no estaban acostumbrados a ver coches por la ciudad de Londres. Vio el despertar de la ciudad mientras pasaba lentamente por el mercado, la gente, los periódicos matutinos, blancos con letras negras. Quiso contar las baldosas grises una a una, las miradas vacías de cada persona, que se hundían en una sima negra y profunda.
Faltaban aún cuatro calles para llegar cuando el coche pasó de largo por alguien que, en principio, parecía igual. Estaba absorto, y sólo quince segundos después supo reaccionar.
--¡Para!--casi rugió, apremiante, al conductor. Éste se asustó, pero obedeció. El coche se detuvo en medio de la calle transitada. Se bajó él, con prisa, casi con angustia. Se olvidó el sombrero en el asiento. Se echó a correr calle abajo, intentando creer que lo que había visto no había sido una quimera.
--Qué vergüenza--le espetó una señora entrada en carnes cuando él golpeó su cesta con la fruta y la hizo caer al suelo. Pero no le prestó atención.
Dobló la esquina.
Y la vio.
No cabía duda. La melena rizada y rebelde, los hombros rectos, la espalda erguida, la nariz respingona y los pasos apresurados. Pero, sobre todo, el rojo… el rojo de esa melena, de esos labios, el fuego de esa mirada.
Apartó a la gente de su lado a empujones, dejando de prestar atención a los murmullos, sus zapatos desatados, su respiración entrecortada, relinchar de caballos, cláxones, las calles rodeadas de edificios grises, asfalto negro, luces blancas…
--¡Lily!--gritó, con toda la fuerza de sus pulmones.
Y cuando ella giró la cabeza, todos y cada uno de sus rizos bailaron en el aire.

Jack sonrió. Nunca había sabido bien por qué ella. Ahora, la razón se le hacía insultantemente fácil. En un mundo en blanco y negro, con infinitas gamas grises, más oscuras, más claras, coches negros, farolas sin luz,  sonrisas grises, sombreros de copa y chaqués… Lily era color. Era lo único que daba color.
Color vivo, diferente y llamativo.

Color rojo.

Laura TvdB, 24 de septiembre de 2013.

1 comentario:

  1. Me parece que este relato te ha quedado un poco flojo Laura. Todo pasa demasiado deprisa, en mi opinión y el final es un poco brusco.

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