jueves, 18 de julio de 2013

¿Esperanza? ¿Qué es eso?

Holahola. Pues antes de irme de vacaciones (os recuerdo: me voy desde mañana 19 de julio hasta el 29 de julio) a Polonia quería dejaros algo más... pero como no me ha dado tiempo a escribir nada entre maleta y otros rollos, he sacado del cajón una especie de divagación filosófica acerca de la esperanza. He puesto una cita mía (jiji) de mi novela.
 El texto es de enero, es decir, de hace un tiempo, pero me parece interesante y creo que la esperanza es una de las cosas más importantes que forman nuestra alma, es una pieza básica para no derrumbarnos jamás. La esperanza, como se dice, es lo último que se pierde. Pero ¿se puede atacar la esperanza? A mala idea, quiero decir.  Destruir a la gente de dentro a fuera.
Yo creo que sí. Dejadme vuestras opiniones, por favor.
Espero que os guste y que os lo paséis genial allá donde estéis.

Destruyendo tus sueños, te destruyen a ti.
Laura TvdB, Flor de lis. Capítulo XIV.

¿Esperanza? ¿Qué es eso?

Mi esperanza flota a mi alrededor, formando un escudo que me anima y protege. Cuando atacan mi esperanza, rajan mi halo protector, y quedo desnuda ante los problemas de la vida.

La esperanza es un muro de piedra. Defiende nuestro interior, nos da de comer cuando tenemos hambre (de sueños imposibles). La esperanza nos hace sonreír (espíritu invisible que curva nuestros labios), nos hace mirar hacia delante (y al infinito) y nos hace vivir.

Si se rompe la esperanza, ¿qué queda?
¿Un cuerpo sin alma?
¿Una ciudad sin muralla?
¿O una persona sin sueños?

Laura TvdB, 21 de enero de 2013.

domingo, 7 de julio de 2013

Amanecer en 1945.

Dije que La bibliotecaria de Auschwitz me había marcado (pinchad para ver la recomendación literaria), y a continuación podéis ver que es cierto. He escrito este relato acerca del campo de concentración de Bergen-Belsen. Lo siento porque se parece mucho a la visión del libro, pero qué le voy a hacer. No me acaba de convencer, pero algo es algo, últimamente apenas escribo relatos. Además, he notado que se parece un poco a otro relato que he escrito.

Espero que os guste, que (como siempre) opinéis y que paséis buenas vacaciones. :-)

Amanecer en 1945

Entreabrió los ojos cuando notó un temblor en la tierra. Lo último que había podido hacer antes de perder el conocimiento había sido llorar, y las legañas hacían que sus párpados se pegaran. Tuvo que pestañear varias veces para conseguir ver y enfocar. Sintió la tierra húmeda y fría contra su mejilla. Sintió desamparo y soledad. Apenas podía sentir ya.
Notó la boca pastosa y apoyó con infinita lentitud las manos sobre el suelo para incorporarse. Los brazos flaquearon y cayó. Se sentía lejos de allí, lejos del llanto, del olor a podrido y a enfermedad, de la desesperación, de lo imposible.
No sabía cuánto tiempo atrás, derrotada, se había arrastrado hacia un hueco donde había tierra más o menos seca, un espacio sin nadie (muerto o vivo), y se había aovillado, cerrando los ojos y deseando morirse. Había entrado en un estado de semiinconsciencia, soñando y recordando sueños, recordando sonrisas, carcajadas, mantas de lana, montones y montones de chocolate.
Se había despertado días antes por el frío. Se había desgañitado gritando y gritando, intentando quitarse ese inmenso espanto de encima, ese ambiente donde no crecía nada excepto los piojos y el tifus. Y lo que más quería era que creciera la esperanza, que era el único alimento, la única llama que calentaba, la única sonrisa que llegaba al alma. Era la esperanza lo que más faltaba en ese lugar. Algo que ellos ya se habían encargado de quitar años atrás.
De pronto sintió que unos brazos la rodeaban, y se dio cuenta que había vuelto a cerrar los ojos. Quiso revolverse, pero no tuvo fuerzas ni ánimo.
--Are you alright? Do you hear me?
Las palabras eran en un idioma que desconocía, pero le resultaban extrañamente familiares. Intentó recordar qué eran esos sonidos, de dónde provenían, pero su mente estaba demasiado confusa y débil.
--Hey, listen to me. We’re English. We’ve won the war. You’re free. Don’t worry, you’ll be fine. No more hunger, no more pain, no more illness, okay? Listen. You’re free.
Y de pronto el significado de las últimas cuatro letras se filtraron por su mente como un luminoso rayo de sol en la noche más larga y oscura que había vivido jamás.
Entreabrió los labios resecos. Quiso hablar, pero de su boca no salió ningún sonido.
Habían ganado. Habían ganado.
«¿Pero qué he ganado yo?», se preguntó, en un escaso momento de lucidez. Sintió los brazos del joven inglés elevándola del suelo como si fuese una pluma.
--Oh, my God--exclamó el oficial cuando notó lo poco que pesaba. Menos de treinta kilos, tal vez--. This is a nightmare--añadió, para sí mismo. Luego le sonrió con calidez y ella detectó cierta ternura en sus ojos, a pesar de no entender nada y de sentir la muerte a escasos metros de ella.
Cogió aire y se atragantó al poder respirar. Volvió a intentarlo y logró decir:
--¿Se ha terminado?
Su voz era rugosa, rota y apenas distinguible entre todos los gritos, motores, llantos y órdenes que se oían por todos lados. Pero él la miró.
--It’s over.
Ella tragó saliva y no dijo nada más.

Sólo sus ojos lograron reaccionar humedeciéndose.  Las lágrimas dejaron un rastro en su mejilla embarrada y cayeron al suelo. Y eran gotas de agua más saladas, más amargas y más que cualquier lágrima que hubiese derramado antes. Eran lágrimas de felicidad y de tristeza al mismo tiempo, que se evaporaban en el viento gélido mientras su dueña asimilaba con lentitud que ese terror infinito que había vivido, ese espanto creciente, ese mundo inmundo y ese campo de concentración llamado Bergen-Belsen, habían llegado a su fin.

Laura TvdB, 7 de julio de 2013.