sábado, 1 de septiembre de 2012

Tarde de otoño.

¡Muy buenas! Quiero empezar este mes de septiembre retomando mi inspiración (como empezar el curso, ¡buaaaa!), porque he escrito un relato y un poema nuevos. El relato es este que os dejo a continuación, pero el poema... no sé si colgarlo en el blog.
Pero bueno, en este relato, lo que quiero reflejar es cómo los actos de una persona hacen ver su yo interior; que las palabras no son nada. Y cómo un ambiente puede adaptarse a un estado de ánimo. Asimismo, muestro mi actitud fanática becqueriana y cómo una persona puede subirte la moral en cinco segundos.
Total, que espero que os guste, y como siempre, no dudéis en opinar en comentarios o lo que sea.

Tarde de otoño

El otoño se respiraba en el ambiente en una brisa húmeda y fresca. El parque tenía unos tonos rojizos y amarillentos, el verde desaparecía de los árboles. El suelo estaba cubierto por un manto de lluvia y hojas que crujían al pisarlas.
Ajena a todo esto, ella estaba concentrada en un libro. Sentada en un banco de madera, al lado del camino, dejaba pasar el tiempo mientras pasaba las páginas. El viento agitaba sus cabellos castaños levemente. Ella ignoraba todos los movimientos a su alrededor: los trinos, las voces, los pasos, el susurro de las hojas resecas, el gemido de la brisa. Hacía un esfuerzo en enfrascarse en su lectura, abstraerse del mundo que la rodeaba, entrando en una burbuja de desesperación y cabezonería.
Leía para olvidar.

Era media tarde cuando oyó ladridos y el sonido de pisadas en los charcos embarrados. Apretó los labios, sin querer perder el hilo de concentración que había creado.
Pero el perro se le acercó a los pies y ladraba alegre, la olisqueaba, ladeaba la cabeza y sacaba la lengua.
Irritada, fijó la vista en el animal. «Vete», quiso decirle. Pero por propia experiencia sabía que los animales no solían hacerle mucho caso. Así que pasó a la táctica que nunca fallaba: le propinó una patada en pleno morro. El perro se echó para atrás, con un gemido. Pero volvió a la carga, como si no hubiese pasado nada. No parecía enfadarse fácilmente.
--¡Jod…!
--Antes de que digas nada, tienes que tener en cuenta que soy el dueño de ese perro, y no dejo que lo insulten así como así.
Alzó la cabeza. Sorprendida. Era un chico, más o menos de su edad. Estaba haciendo footing t sudaba a mares. Su voz jadeante era grave y determinante, pero había un tono divertido que le hizo entender que no iba muy en serio. Carraspeó y, con desprecio, dijo:
--Bueno, pues es un pesado. Que se vaya—lo empujó. El dichoso animal ladró, pensando que era un juego; se puso a dos patas y apoyó las delanteras en su pantalón.
--¡Me cago en… todo lo que se menea!—gritó, lanzando una exclamación disgustada--. ¡Mira cómo me ha puesto! ¡Ajj! Llévatelo. ¡Llévatelo o yo lo mato!
--Jolín, mujer, tampoco es para tanto. Es que es muy juguetón y le has caído bien.
Ella cerró el libro con un certero golpe, se levantó y se encaró a él.
--Mira, majo, deja de hacerte el graciosín y desaparece con el chucho antes de que pierda los nervios.
El chico arqueó las cejas, a todas luces divertido. Silbó, llamando a su mascota.
--¡Pero si es muy bueno! ¡Sólo quiere entretenerse un poco!
--Ya, bueno, pues que juegue y me deje a mí en paz de una vez, que tengo otras cosas que hacer.
La mirada de él resbaló en el libro.
--¿Bécquer? ¡Vaya! ¡Quién lo diría!
Los ojos oscuros de ella casi comenzaron a echar chispas.
--¿Quién diría el qué?
--Pues que una chica tan antipática como tú lea a alguien tan romántico como Bécquer.
Soltó un bufido.
--¿Qué sabrás tú de mí?
--Que eres arisca, poco sociable, odias a los animales y pierdes los nervios. Y un poco huraña, si me permites—ella iba a abrir la boca, indignada, pero él añadió--. Pero eso será por fuera. Porque no se puede ser así si se leen las rimas de Bécquer en un lugar como este—sonrió, le puso la correa al perro y, dejándola con la boca abierta, se despidió--. ¡Adiós! Espero que la próxima vez que nos veamos podamos intercambiar impresiones del libro.
Ella parpadeó, de una pieza. Sintió gotas en su gabardina y supo que la lluvia no tardaría en dejarla empapada. Apretó el libro contra su pecho y dijo:
--¡Espera!
Él se dio la vuelta, sonriente. Ella se acercó y le ofreció su mano.
--Soy Eva.
Él se la estrechó.
--Yo, Javi. Y él—señaló al perro—es Tonto.
--¿Tonto?—Eva no pudo evitar soltar una carcajada.
--Sí, no destaca por su inteligencia. Aunque esta vez ha sido astuto acercándose a ti—le guiñó un ojo, se agachó y acarició a Tonto, que movía la cola.
Ella se mordió el labio, pero no pudo evitar una sonrisa.
Javi la miró.
--¿Me podrías decir qué era lo que te enfadó tanto como para tratarnos—señaló a Tonto y a sí mismo—de esa manera?
Eva lo miró con seriedad y desconfianza. Al cabo de lo que le parecieron horas, despegó los labios y murmuró:
--Gente que te hace creer que te quiere y luego te dejan tirada.
El rostro de él dejó de reírse.
--Entiendo. Pero para eso está nuestro Gustavo, ¿no? Para levantarte el ánimo—y, con una sonrisa y una voz de cantante de ópera, empezó a recitar de memoria:

Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… ¡yo no sé!
¡Qué te diera por un beso!”

Ambos rieron mientras la lluvia los empapaba, el otoño los envolvía y los ladridos de Tonto resonaban por todo el parque.
Y Eva sintió que tal vez no había que aislarse del mundo para volver a sonreír.

Laura TvdB, 26 de agosto de 2012.

3 comentarios:

  1. ¡BÉCQUERRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR! You know that I love that lovely poet. En cuanto al relato, la ambientación me ha parecido perfecta en concordancia con los sentimientos de la chica y el perro me ha parecido adorable, aunque un peu tonto, como su propio nombre indica jajaja. Se echaban de menos tus relatos, Lauris. Y en mi opinión deberías subir el poema. Tenemos ganas de leerte. ¡Un besito!

    ResponderEliminar
  2. Los perros no son tontos solo se dejan llevar por el instinto. También me ha gustado mucho la ambientación pero más la actitud de ella pero no me gusta que le pegue al perro y le ha estado muy bien la reprimenda. Por todo lo demás me gusta la pasión que ambos sienten por el autor y que demuestren tan abiertamente sus gustos.

    ResponderEliminar
  3. Coincido con Adol y Athenea en lo de la ambientación, muy buena. La verdad es que la chica no me ha caído demasiado bien (por su actitud hacia el perro), pero bueno, al menos el chico era simpático. :)

    ResponderEliminar

Aquí puedes opinar, criticar o comentar acerca de lo escrito, siempre con respeto y educación hacia mí y hacia otros lectores. No hace falta tener cuenta. Te pido, por favor, que cuides tu expresión escrita.