miércoles, 18 de abril de 2012

Blanco.

Hola, lectores. Os traigo un relato bastante triste. Lo escribí en media hora o así porque me situé mucho en la escena, lo único que no me gusta es el título, pero no se me ocurría otro. Me gusta mucho cómo ha quedado; como dice Athenea, nos gusta dar mala vida a los personajes. Pues eso, que espero que disfrutéis con la lectura tanto como a mí me ha gustado escribirla. :-)

Blanco

Boqueó, porque sentía que le faltaba el aire. Se apoyó en la pared blanca y se dejó caer lentamente al suelo, como en un sueño, sin prisa. Se abrazó las rodillas, sus manos temblando. El mundo corría demasiado rápido, dejándola de lado. Las voces y ruidos le llegaban desde lejos, muy lejos... tan lejos que oía ecos fundiéndose con el ambiente blanco del hospital. Cerró los ojos y se hizo pequeña, sintiendo el suelo que temblaba al pasar una camilla, el repiqueteo de las ruedas; todo tan irreal, tan fantástico y tan ficticio que podría estar viviendo algo falso. Pero era real. Muy real.
Miró por la ventana que había frente a ella, viendo la ciudad hundida en la bruma y la neblina que la envolvía, el humo, el rugido de los coches. Se sorbió la nariz, esforzándose en respirar, debatiendo la asfixia. Se tocó la mejilla y comprobó, sorprendida, que estaba llorando. Lágrimas ennegrecidas por el maquillaje corrido salpicaban su rostro.
--¿Estás bien?
Apenas prestó atención a la figura acuclillada que se alzaba delante de ella. Entreabrió los labios, intentando contestar, pero sintió la garganta ahogada, la boca seca, los labios agrietados, y dejó escapar un sollozo silencioso, probando la humedad salada de su llanto.
Unas manos le enjugaron el rostro.
--Respira hondo. ¿Quieres un vaso de agua?
Ignoró las palabra y logró abrir los ojos para encontrarse con otros tan brillantes y tristes como los suyos. Apretó su mano temblorosa contra la de él, queriendo recibir algo de su calor y su templanza. Los brazos de él la rodearon en un abrazo consolador. Ella se aferró a su camisa, las manos engarfiadas, incapaz de soltarlo. Juntó los labios, negándose a  llorar, pero una vez más su corazón y su alma se rebelaron a esa idea y se desahogó largo rato, quieta, en los brazos de él, entre camillas y enfermeras, cogiendo el frío helado de las baldosas blancas de mármol, un sol tibio filtrándose por la ventana y anunciando el nuevo día.
Se sintió capaz de preguntar, con voz cascada, entre hipos entrecortados:
--Se ha ido, ¿verdad?
Un silencio desgarrador e inquieto. El abrazo se intensificó.
--Sí, Bea, se ha ido.
--No quiero dejarla ir--su voz se quebró, al igual que su corazón lo había hecho minutos atrás.
--Pero ya no está--dijo con suavidad--. Y no puedes seguirla. Déjala marchar.
--Quiero que vuelva--y prorrumpió en sollozos quedos.
Nuevo silencio, interrumpido por el gorjeo de algún pájaro madrugador.
--Pero no va a volver, ¿no?--se respondió a sí misma.
Su hermano no le contestó, pero sabía perfectamente la respuesta. No. No iba a volver. Su hermana se le había escapado y jamás la iba a recuperar.
Jamás.

Laura TvdB, 18 de abril de 2012.

2 comentarios:

  1. Que buen relato y que triste a la vez. Me ha gustado más que los anteriores. Ese sentimiento de abandono que sienten las personas cuando alguien querido se va del mundo. Por cierto ya me termine de leer El Bosque de los Susurros.

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  2. Estoy de acuerdo con mi brother of blogg, Adol. Éste relato me ha gustado más que los otros porque, si bien es muy triste ya que tocas el tema de la muerte desde la perspectiva de la pérdida, es profundo y contundente. Plasmas los sentimientos del personaje con la amargura y dolor adecuados, sin ensañarte mucho... Aunque quizá habría estado bien un poco más de apasionamiento visceral y desgarrador, en plan la chica cargándose un jarrón o algo... O quizá es que soy yo, que tengo unos instintos muy sanguinarios, jajaja. En cualquier caso, y como ya he dicho, me ha encantado. Very well done, my Lady :)

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