miércoles, 26 de diciembre de 2012

Miedo y valor.

¡Buenas y feliz Navidad!
He escrito un relato. Triste, muy triste, como vienen siendo mis relatos. Ya lo siento porque he escrito varios relatos así, pero es el sentimiento que mejor sé describir... creo. Es uno de mis géneros preferidos.
Este relato creo que es uno de los mejores que he escrito en los últimos meses, y me ha encantado escribirlo, y me ha encantado cómo ha quedado. Lo único que no me gusta es, como siempre, el título. Espero que a vosotros también os encante, y, por favor, comentad, opinad, por favoooooooooooor. Necesito saber qué gusta y qué no. Sé que otras entradas no lo merecen, pero creo que ésta sí.

Por cierto: esta escena forma parte de una novela que quiero escribir. Es exactamente la misma escena, la misma trama y los mismos personajes. Perdonad por repetir siempre los mismos nombres... son los que me gustan.


Miedo y valor

La habitación estaba en silencio, pese al pitido regular de la máquina que seguía los latidos de su corazón. Cristina se revolvió entre las sábanas, inquieta. Su mirada resbaló en la habitación hasta dar con la ventana y estiró el cuello para ver el parque, de tonos verdes, los niños jugando en la arena y los columpios y las madres con el bocata en la mano, intentando darles de merendar.
Sus manos se crisparon sobre el colchón y tragó saliva. Hacía dos meses paseaba también por ese parque, sin preocupaciones, con una sonrisa pegada a los labios y abrazándose a Daniel.
Suspiró, pero ese sentimiento de nostalgia no se fue con el aire espirado. Se encogió en la cama, sintiendo frío en sus piernas, preguntándose por qué los camisones de hospital eran tan finos. Evitó quedarse mirando los tubitos que entraban en su mano huesuda e intentó concentrarse en algo para distraer su mente de pensamientos negros sin fondo.
El colchón era demasiado blando y crujía. Echó de menos su cama y su habitación, más colorida que aquellas paredes blancas y desnudas, cuya única decoración era la araña que comenzaba a tejer su casa en la esquina del techo.
Oyó el «clic» del picaporte y giró la cabeza. Daniel cerró tras de sí y se acercó a la cama.
--Hola, hola--dijo, en voz baja. Esbozó una sonrisa suave--. Pensé que estarías durmiendo.
Cristina negó con la cabeza.
--¿Qué tal estás?--dijo él, cogiéndole la mano. Por lo visto, poco le importaban los tubitos y las agujas.
Cris no dijo nada, solo asintió un poco, dándole a entender que estaba bien. Pero ¿qué era «bien» para ella? Al fin y al cabo, seguía enferma.
--¿Sabes qué? Creo que tu perro ya no me odia. Me he cruzado con tu padre en la puerta y Encantador no se ha soltado de la correa para abalanzarse sobre mí.
No sabía cómo, pero Daniel lograba sacarle una sonrisa. Consiguió abrir la boca.
--Creo que de tanto llamarle así, ya no contestará cuando le llame por su nombre real.
--Es que el nombre de Rudolph es bastante doloroso. Sólo se permite para renos con narices rojas, no más. Es casi pecado llamar a tu perro así, ¿en qué estabas pensando?
--Pues en Papá Noel--contestó ella, desviando la mirada para fijarse de nuevo en el parque. Los niños seguían jugando, incansables, con sus regalos de Navidad.
Cayó un silencio pesado, que reinó durante largos minutos. Los dos sumidos en reflexiones mundanas y complejas a la vez. Cris, echando de menos los árboles de Navidad, y Daniel acariciándole la mano. Se podía decir tanto sin hablar… las palabras a veces dolían más que el silencio.
Cristina lo sabía. Sabía que no podían entablar una conversación, porque siempre acabaría en un silencio doloroso. ¿Qué vamos a hacer mañana? Dormir y quedarme aquí. ¿Qué tal las notas? No he ido al colegio este trimestre, lo sabes. ¿Qué te ha regalado Papá Noel? No tengo Papá Noel, sólo Reyes, y dudo que me regalen nada. ¿Qué quieres que te regalen? No quiero nada, sólo quiero curarme. Han sacado una nueva película en el cine, ¿quieres ir a verla? No puedo, también lo sabes. ¿Estás bien? A excepción de que me siento estúpida por no poder hacer nada, bien.

Cristina miró a Daniel. Era eso lo que más le gustaba de él. Nunca decía nada fuera de lugar. Sabía quererla sin decir ni una sola palabra. Sabía hacerla feliz en momentos así.
Bajó la cabeza, con el pensamiento de siempre rondándole en el cerebro. Observó detenidamente las arrugas de las sábanas para no mirarlo a él, porque no quería ver el gesto de tristeza, de infinita tristeza, que se formaba en las facciones de él cuando adivinaba sus propios pensamientos.
Daniel le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja.
--Oye, que estés en la cama todo el día no significa que no te tengan que peinar--dijo, con un tono divertido--. Ahora mismo te traigo un cepillo.
La mano de Cristina se engarfió en la de él, súbitamente. Daniel la miró un momento, sintiendo que el nudo que ya vivía en su garganta se hacía más grande. Se inclinó hacia ella y la abrazó. La acunó una y otra vez, mientras Cris se deshacía en lágrimas que hacían coro con los pitidos de la máquina. Daniel acarició el pelo de ella, le quitó las lágrimas, no dijo nada.
--No me quiero morir, Daniel--susurró ella, entre hipos--. No me quiero morir.
Su frase más repetida cobró intensidad mientras el miedo y la histeria se apoderaban de su corazón oprimido.
--¡No me quiero morir! ¡No quiero morirme!
Daniel enfrentó su mirada aterrada, su temblor.
--Cris, tranquila. Tranquila. Tranquila…
--Tengo miedo, tengo miedo, tengo miedo… ¡no me quiero morir!
--Tranquila, Cris--su voz sonó como un lamento.
Pasaron unos segundos en los que ella pareció calmarse. No se despegó de él.
--No me quiero morir. No quiero. No quiero.
Daniel la meció un poco más en sus brazos hasta que el cansancio pudo con ella. El esfuerzo de llorar y gritar la agotaban. Daniel la recostó en la cama, sin soltar su mano de la de ella. Sintió que sus ojos también se empañaban.
--Yo tampoco quiero que te mueras, Cris--murmuró, con voz ronca.
Acompañado del pitido de la máquina, lloró, agotado, temblando como ella, impregnado de dolor y desesperación.

Laura TvdB, 26 de diciembre de 2012.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Me haces sentir princesa.

He tardado un poco, pero parece que mi avalancha poética vuelve. Sin embargo, los versos no me salen con tanta facilidad como antes, pero yo creo que este es potable. Como siempre, deseo de todo corazón que os guste. Esta vez he intentado ampliar un poquillo mis recursos estilísticos, porque suelo utilizar antítesis y metáforas, pero he dejado caer algún hipérbaton, un símil, una personificación... intento mejorar como escritora, como suelo decir. Ya me diréis si lo he conseguido.
Ah, eso sí: es un poema muy rosita.

Me haces sentir princesa

Una gota de lluvia
cae sobre mis labios.
Sonrío y te miro
(tu rosa, en mi regazo).
Me miras, te ríes.
--Cuidado con las espinas--
alzando un dedo me avisas--,
no quiero que te hagas daño.

Las nubes lloran
sus lágrimas en el campo.
Me llenas de risas y abrazos,
(el mundo color rosa)
el alma henchida y saltando.

Las gotas cortan el aire
como tú mi respiración;
me siento princesa,
melena rubia,
falda de tul.
Rosa en la mano
(sonrisa en los labios),
en la otra, tú.

Me haces sentir princesa.
Si me caigo, me recoges,
ni importa mi torpeza
ni mi nariz respingona;
me quieres siendo yo.
Sin palacio, sin belleza,
sin corona ni vasallos,
teniendo como armas
mi yo y mi nulo encanto.

Gracias por quererme como soy.
Por la rosa, por tu cariño,
por tu amor.

Laura TvdB, mediados de diciembre de 2012.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Recomendación cinematográfica: "Intocable".

Parece que vuelvo a la carga, ¿no? Aunque sea para una recomendación.
Ya la he visto dos veces, y la segunda sentí que tenía que divulgarla, aunque muchos la conozcáis ya. Se trata de la película francesa Intocable (Intouchables), que salió en cines españoles en marzo de 2012 o así. Yo la he visto hace dos meses y ayer. No sé por dónde empezar.

La historia trata de un hombre aristocrático y rico, Philippe (François Cluzet), que se queda tetrapléjico después de un accidente de parapente. Odia que le asistan personas que sientan piedad por él y contrata a Driss (Omar Sy), un negro de un barrio de extrarradio de París que es todo lo contrario a él. Los dos, pese a no tener nada en común, logran enlazar una estrecha amistad que conmueve corazones.
Las risas están garantizadas. Claro que las comedias francesas son las mejores del mundo, véase Bienvenidos al Norte, ¡Que te calles!, La pantera rosa... la lista es interminable. Pero esta película en realidad no solo es una comedia, también tiene drama y algunas partes apetece más llorar que reír; sin embargo, los chistes y anécdotas son muy buenos (MUY buenos, de verdad), y Driss es un personaje tronchante. La historia del cuadro que vende por 11.000 euros es una crítica al "arte moderno", o también a la valoración excesiva del mismo. La confrontación de la música clásica que le gusta a Philippe y la que pone Driss en su Ipod es una mezcla de culturas completamente diferentes que crean una situación muy cómica. Yo me reí mucho con la escena en la que están en la ópera, por ejemplo. Qué risas, de verdad. Me da rabia no haber visto la película en versión original.

Por otro lado, la historia de Philippe llega al corazón. La historia de su esposa, de su accidente, de sus depresiones, de su hija... es realmente conmovedor, sobre todo el final. Claro que la historia de Driss tampoco es un campo de margaritas.

La música es preciosa. Está compuesta por Ludovico Eunadi (lo cierto es que no tenía ni idea de quién era hasta descubrir esta película), y es prácticamente todo piano. Allí se puede ver perfectamente que una cosa muy sencilla puede convertirse en la más bella. No suelo poner videos ni fotos, pero esta vez no me puedo resistir, lo siento. xD Aquí los dos temas principales.


Total... no sé qué más decir... es una película magnífica: la música es preciosa, el reparto,excelente, tiene diversos puntos de humor, escenas dramáticas y tristes, una trama extraña pero atrapante. No os la perdáis, una película así de buena no he visto desde hace muuuuuucho tiempo.




sábado, 1 de diciembre de 2012

Noche en vela.

Hola... O más bien, ¡estoy viva! Sí, he dejado muy abandonado estos terrenos últimamente, según decía, por falta de ganas y de motivación, porque sigo escribiendo como siempre. Pero hace diez minutos me terminé La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón, y tengo el final aún adherido a la piel y con ganas de explotar y... en fin, que espero soltar un poco la tensión en este poema que escribí hace justo un mes. No sé si es bueno o malo, la verdad, así que espero vuestras opiniones y que no hayáis olvidado este "pobre" blog. Muchas gracias por los que seguís allí, dale que te pego leyendo entradas antiguas. :-) Me alegráis la vida.
Total, que siento enrollarme pero creo que tenía que hacerlo después de tanto silencio. Como siempre, espero que os guste. Además, como dato, esta es la entrada número 100; espero que sea el renacer de este blog (uy, qué poético, ¿no?).

Noche en vela

Escribía en el diario,
cuando, de pronto,
una gota arrugó el papel;
dejé la pluma, cerré los ojos,
intentando olvidarme de él.

La vela alumbraba,
tamblaleante,
la lúgubre habitación;
parpadeaba y se fundía,
y mientras, la miraba yo:

Absorta, confundida,
triste, cansada,
sin ganas de querer;
respiración lenta, pausada,
interrumpida alguna vez.

Me mordí el labio,
grité a la nada,
me envolví en el edredón;
sintiéndome humillada, sobre todo,
al no dejar de quererlo, no.

Laura TvdB, 30 de octubre de 2012.

jueves, 18 de octubre de 2012

Feliz cumpleaños.

Otro cumpleaños. Otro año más.
Cerró los ojos, cansina. No quería más años. No quería más fiestas.
Ni siquiera quería esa tarta de chocolate con el "Feliz cumpleaños" escrito con nata.

Empezó a oír las voces desafinadas de su familia cantando la dichosa canción muy de lejos, como ecos difuminándose poco a poco, en su aire inexistente.
No quería otro cumpleaños. Estaba harta.
Pararon de cantar y fue como si despertara de un tranquilo sopor para pasar a una pesadilla.
Vio la luz ondulante y flamígera de las velas, la cera fundiéndose, deslizándose en gotitas lentamente hasta abajo. Apretó los labios. Sentía su respiración pesada, lenta, costosa. Las velas parpadearon.

Los ojos se le empañaron, tal vez por el humo de las velas, tal vez por algo más.
--¡Pide un deseo!--oyó desde lejos, cada vez más lejos...

Respiró hondo, deseando que ese día acabara de una vez. Y, con un grito de frustración se dio la vuelta y salió de la sala, ahogándose en la nada.
Las diecinueve velas se apagaron, una a una, invadiendo la habitación de humo y nublando los corazones de todos.

Laura TvdB, 17 de octubre de 2012.

viernes, 5 de octubre de 2012

Echar(te) de menos.

Hola, lectores. Aunque últimamente estoy muy centrada en mi novela, Flor de lis (que ya va cogiendo consistencia) y además no puedo estar mucho al ordenador por razones de estudio, he logrado escribir este... ¿poema? Es una poesía, sí, aunque algunas personas no la llamen así. Creo que es más verso que prosa, aunque podéis opinar si queréis. Creo que tiene algo que ver con mi relato de prosa poética Llorar. O que está escrito desde el mismo rincón del alma, no sé si me entendéis.

Echar(te) de menos

¿Qué es echar de menos?
Sentir que falta algo ahí. ¿Dónde?
A tu lado, en tu interior, en tu mente, en tu corazón.
¿Qué es echar de menos?
Que se nos vaya alguien,
lamentarlo, llorar y decir adiós.
¿Qué es echar de menos?
Pensar sí, que te digan no.
¿Qué es echar de menos?
Tú sola, cuando estás casi dormida,
envuelta en tu edredón;
encogerte, temblar y sentir
que todo el tiempo que tuviste (con él, con ella)
no fue suficiente,
no.

Laura TvdB, 5 de octubre de 2012.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Evasión a escondidas.

¡Muy buenas! Llego hoy con un relato ambientado en la Edad Media. Ahora que estoy dando el Romanticismo a fondo me doy cuenta que mis escritos tienen muchas de sus características. En fin... siempre lo he dicho: el Romanticismo y Bécquer son mis aliados y mi base.
La protagonista es una chica llamada Lavinia, un personaje que quiero plasmar en una novela que tengo como un futuro proyecto... cercano. Cosas mías, pero bueno, no tiene casi nada que ver con la novela. Espero que os guste, que opinéis y disfrutéis con la lectura.

Evasión a escondidas


Miró por la ventana. El patio estaba vacío y no se veía un alma. ¿Sería demasiado arriesgado si…? Apoyó las manos en el alféizar. La piedra fría le hizo despertar un poco de su aire soñador. Sacudió la cabeza y apretó los labios, dudosa. Su mirada resbaló sobre su vestido. Cogió una orla con los dedos y se levantó, mirando a su alrededor. Fuera, la lluvia arreciaba y salpicaba las piedras del patio. Cerró las cortinas para que no entrara el agua.
Echó un rápido vistazo a su habitación y, decidida, se agachó para coger la ropa escondida de debajo de la cama. Tenía miedo porque podrían descubrirla, pero su deseo era más fuerte. Se escondió detrás del biombo y empezó a desatarse los cordeles de su espalda, no sin cierta dificultad. Se quitó el vestido y se puso la camisa, los pantalones y las botas de cuero. Jadeaba por la expectación, el esfuerzo y las prisas. Al agacharse para ajustarse las botas, oyó un ruido desde el pasillo. Contuvo la respiración, casi ahogándose. Llamaron a la puerta. Cerró los ojos con intensidad y no contestó.
--¿Lavinia?—la voz de su madre sonaba al otro lado de la puerta.
Al no oír contestación, entró. Miró a su alrededor.
--¿Lavinia?—repitió, esta vez con un tono inquieto en su voz.
Lavinia apretó los dientes, agachada detrás del biombo. Por suerte, no había dejado el vestido colgado del ala de éste, sino arrugado en el suelo. Su madre anduvo unos pasos y, tras cerciorarse de que su hija no estaba en su habitación, dio la vuelta y cerró la puerta con un certero golpe. Lavinia expiró todo el aire que tenía en los pulmones. Se levantó lentamente, suspirando. Su madre la estaba buscando. Eso significaba que tenía que ser rápida y discreta. Y que al volver… tendría un problema.
Pero le daba igual. Merecería la pena.
Casi de puntillas, se encaminó hasta llegar a la puerta. Sus botas, de todos modos, sonaban con un repiqueteo metálico. Se subió los pantalones, que le quedaban grandes y se le caían. Se ajustó el cinturón.
Giró el picaporte. Sonó un «clan» que retumbó demasiado. Se mordió el labio. Abrió con rapidez para que las bisagras no gimieran mucho. Se asomó. No había nadie. Cogió aire y salió corriendo. Sus botas retumbaban como si se celebrara una corrida de caballos, o eso pensó ella. Bajó por la escalera de caracol deprisa, tan rápido como le permitían sus pies. Su mente también trabajaba a una velocidad vertiginosa: si su madre sabía que no estaba en su habitación, iría directamente a las cuadras, para revisar si… ¿cuánto tardaría en eso? Conociendo sus andares lentos, su pesado vestido, sus pasos de dama elegante… el doble que ella.
Llegó abajo al fin y abrió la segunda puerta con cuidado. Se asomó un poco al patio para ver si se acercaba alguien: un criado, un palafrenero o incluso su madre. Pero no había nadie a la vista. Hinchó sus pulmones de oxígeno y valor y cruzó el patio como una exhalación. El eco rebotaba en las murallas pétreas y multiplicaban el sonido de sus pasos, desesperándola.
Entró en las cuadras. Se agachó al ver una figura unos metros más allá. La montaña de paja no le permitía ver quién era, pero oyó su voz, que hablaba con alguien:
--Menos mal que estás aquí. Lavinia no se comporta como la dama que debe ser… ¿dónde estará?
Sin lugar a dudas, era su madre. Espió por un lado y la vio palmeando a su yegua. De modo que estaba en lo cierto; su madre había ido a asegurarse.
La vio alejarse en dirección al portón principal y suspiró, aliviada. Esperó unos segundos. Se tendría que dar mucha prisa. Se levantó de un salto y, corriendo, fue a acariciar a su yegua.
--¿Preparada, Nisha?—preguntó. La adrenalina empezó a hervir debajo de su piel. Corrió a coger la silla de montar. Jadeando, la colocó sobre el animal; sus manos temblaban del nerviosismo al atar las cuerdas y hebillas. Cualquier criado que se pasara vería que había algo extraño en ese caballo. Las riendas, la silla, los estribos.
Visualizó su camino hacia la salida mientras cogía a la yegua y la arrastraba hasta las puertas del establo. Una vez allí, respiró profundamente y montó. Flanqueó al animal, que relinchó.
--¡Shh! ¡Vamos, Nisha, vamos!—urgió, entre susurros; aunque hablar bajo ya no sirviese de nada.
Los cascos resonaron en el patio. Un palafrenero salió para ver qué pasaba.
--¡Vamos, Nisha!—gimió Lavinia, echando la vista atrás.
Aún pudo oír el grito de alerta del criado cuando su yegua salió a galope, atravesando la puerta principal mientras los guardias se levantaban, desconcertados.
El puente levadizo crujió bajo su peso. Ya oía el ajetreo que su evasión había provocado. Una dama noble no se escapaba para montar a caballo sola, con ropas de hombre, rechazando las tareas que debía hacer.
Respiró el aire gélido y húmedo del invierno y se puso de pie sobre los estribos mientras Nisha seguía galopando por la llanura, en dirección contraria a la aldea. Lavinia abrió los brazos, manteniendo el equilibrio, y cerró los ojos. Su largo pelo ondeaba al viento y se sentía empapada, las gotas salpicando su cuerpo y su alma.
Lavinia soltó sin quererlo un grito de júbilo.
Una dama noble no debía hacer eso, no.
Pero ella amaba la libertad.

Laura TvdB, del 20 al 22 de septiembre de 2012.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Crítica: Saga "Crepúsculo".

Editado: actualizado levemente a febrero de 2016.

Hoy llego con una nueva crítica, que en realidad ya hice hace un tiempo, pero tan rápido y mal que he decidido "extenderla".
Sí, siempre saco temas que dan mucho de sí, y la saga Crepúsculo seguro que todos la conocéis. Antes de nada, recalcar que como alguien se meta conmigo o con otro lector diciendo que mi crítica es destructiva, que no tengo juventud y ese tipo de chorradas su comentario será borrado en cuanto yo lo lea, y que no volverá a comentar en mi blog. No quiero más comentarios como en la crítica de Canciones para Paula. Hay que tener un mínimo de educación y respeto, y yo lo tengo con vosotros así que nada.
Bien, una vez explicado esto, comencemos:

Me he leído los cuatro libros: Crepúsculo, Luna nueva, Eclipse y Amanecer. De hecho, Crepúsculo me lo he leído en dos idiomas, español y holandés, así que sé de lo que hablo.
He visto todas las películas también: Crepúsculo, Luna nueva, Eclipse, Amanecer (Parte 1) y Amanecer (Parte 2).

Los libros tienen una temática bastante... ¿atractiva? Un boom que revoluciona las mentes de adolescentes que quieren amor prohibido o peligroso. Stephenie Meyer sabía que el argumento iba a causar un revuelo, y tenía razón.
Pero lo cierto es que a mí no me atrajo mucho eso de que una chica tímida y bastante ilusa (a ver, me refiero a que en la película la ponen bastante tontilla a la pobre, y en el libro tres cuartos de lo mismo) se enamorara del súper vampiro que brilla con la luz del sol, puede vivir de día, es guapísimo, etc.
Un vampiro así no cuaja. No puede ser. Y eso da pie a un enamoramiento inevitable.

Después, la historia engancha; entretiene mucho. Es, en cierto modo, original, y mentiría si dijera que me aburrió. La última parte de Crepúsculo, para mi gusto, es la mejor, porque hay algo de acción y de peligro y hay menos escenas romanticonas edulcoradas.

En Luna nueva, entra Jacob en el triángulo. Otro guaperas. Un prototipo de hombre perfecto igual que Edward que no existe en la vida real. Sin embargo, le cogí cierto afecto. Es un personaje con más profundidad que el resto, con más sentimiento. La historia de Luna nueva me pareció mejor que la de Crepúsculo, aunque la trama general casi no avance.
Eclipse me aburrió. Todo el argumento se basa en un peligro para Bella que hay que prevenir a toda costa. Y nada más. El nudo es ése y no hay ninguno más. En mi opinión, es el peor volumen de la saga.
Amanecer mejora mucho. Hay varias subtramas interesantes (aunque sigue habiendo dos nudos principales y poco más) y se desarrolla de una manera más atractiva, con más acción, peligro y tensión. Los personajes evolucionan un pelín y la historia cobra más sentido.

Resumiendo y en mi opinión, las tramas son algo flojas, aunque tiene algunos puntos que no están mal; la historia es rosita y perfecta, nada realista.
Por otro lado, la calidad literaria. Puede ser un libro entretenido, y es por el lenguaje sencillo y correcto. Sí, el vocabulario no es extenso, las descripciones son siempre iguales, pero no es malo tampoco. No hay que confundir superventas con obra de arte, pero tampoco historia floja y personajes flojos con bodrio.

Las películas son peores que los libros, como casi siempre. Los personajes son demasiado perfectos, y, para mi gusto, el reparto es pésimo. Cierto es que la música y los efectos especiales (los que hay) no están mal.

Por último: no comparéis Crepúsculo con Harry Potter ni con Los Juegos del Hambre. Porque son sagas distintas, personajes distintos, mundos distintos, calidades distintas y almas distintas. Sólo por haber vendido muchos ejemplares no tienen por qué parecerse entre sí. Crepúsculo es algo pasajero, pero Harry Potter no. Crepúsculo no tiene tanta alma, tanta repercusión. Y eso lo noto, y muchas otras personas también. No es cuestión de gustos, porque para gustos los colores. Es cuestión del interior. Hay libros con alma y libros que están hechos para vender, hay libros buenos y libros mediocres.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Tarde de otoño.

¡Muy buenas! Quiero empezar este mes de septiembre retomando mi inspiración (como empezar el curso, ¡buaaaa!), porque he escrito un relato y un poema nuevos. El relato es este que os dejo a continuación, pero el poema... no sé si colgarlo en el blog.
Pero bueno, en este relato, lo que quiero reflejar es cómo los actos de una persona hacen ver su yo interior; que las palabras no son nada. Y cómo un ambiente puede adaptarse a un estado de ánimo. Asimismo, muestro mi actitud fanática becqueriana y cómo una persona puede subirte la moral en cinco segundos.
Total, que espero que os guste, y como siempre, no dudéis en opinar en comentarios o lo que sea.

Tarde de otoño

El otoño se respiraba en el ambiente en una brisa húmeda y fresca. El parque tenía unos tonos rojizos y amarillentos, el verde desaparecía de los árboles. El suelo estaba cubierto por un manto de lluvia y hojas que crujían al pisarlas.
Ajena a todo esto, ella estaba concentrada en un libro. Sentada en un banco de madera, al lado del camino, dejaba pasar el tiempo mientras pasaba las páginas. El viento agitaba sus cabellos castaños levemente. Ella ignoraba todos los movimientos a su alrededor: los trinos, las voces, los pasos, el susurro de las hojas resecas, el gemido de la brisa. Hacía un esfuerzo en enfrascarse en su lectura, abstraerse del mundo que la rodeaba, entrando en una burbuja de desesperación y cabezonería.
Leía para olvidar.

Era media tarde cuando oyó ladridos y el sonido de pisadas en los charcos embarrados. Apretó los labios, sin querer perder el hilo de concentración que había creado.
Pero el perro se le acercó a los pies y ladraba alegre, la olisqueaba, ladeaba la cabeza y sacaba la lengua.
Irritada, fijó la vista en el animal. «Vete», quiso decirle. Pero por propia experiencia sabía que los animales no solían hacerle mucho caso. Así que pasó a la táctica que nunca fallaba: le propinó una patada en pleno morro. El perro se echó para atrás, con un gemido. Pero volvió a la carga, como si no hubiese pasado nada. No parecía enfadarse fácilmente.
--¡Jod…!
--Antes de que digas nada, tienes que tener en cuenta que soy el dueño de ese perro, y no dejo que lo insulten así como así.
Alzó la cabeza. Sorprendida. Era un chico, más o menos de su edad. Estaba haciendo footing t sudaba a mares. Su voz jadeante era grave y determinante, pero había un tono divertido que le hizo entender que no iba muy en serio. Carraspeó y, con desprecio, dijo:
--Bueno, pues es un pesado. Que se vaya—lo empujó. El dichoso animal ladró, pensando que era un juego; se puso a dos patas y apoyó las delanteras en su pantalón.
--¡Me cago en… todo lo que se menea!—gritó, lanzando una exclamación disgustada--. ¡Mira cómo me ha puesto! ¡Ajj! Llévatelo. ¡Llévatelo o yo lo mato!
--Jolín, mujer, tampoco es para tanto. Es que es muy juguetón y le has caído bien.
Ella cerró el libro con un certero golpe, se levantó y se encaró a él.
--Mira, majo, deja de hacerte el graciosín y desaparece con el chucho antes de que pierda los nervios.
El chico arqueó las cejas, a todas luces divertido. Silbó, llamando a su mascota.
--¡Pero si es muy bueno! ¡Sólo quiere entretenerse un poco!
--Ya, bueno, pues que juegue y me deje a mí en paz de una vez, que tengo otras cosas que hacer.
La mirada de él resbaló en el libro.
--¿Bécquer? ¡Vaya! ¡Quién lo diría!
Los ojos oscuros de ella casi comenzaron a echar chispas.
--¿Quién diría el qué?
--Pues que una chica tan antipática como tú lea a alguien tan romántico como Bécquer.
Soltó un bufido.
--¿Qué sabrás tú de mí?
--Que eres arisca, poco sociable, odias a los animales y pierdes los nervios. Y un poco huraña, si me permites—ella iba a abrir la boca, indignada, pero él añadió--. Pero eso será por fuera. Porque no se puede ser así si se leen las rimas de Bécquer en un lugar como este—sonrió, le puso la correa al perro y, dejándola con la boca abierta, se despidió--. ¡Adiós! Espero que la próxima vez que nos veamos podamos intercambiar impresiones del libro.
Ella parpadeó, de una pieza. Sintió gotas en su gabardina y supo que la lluvia no tardaría en dejarla empapada. Apretó el libro contra su pecho y dijo:
--¡Espera!
Él se dio la vuelta, sonriente. Ella se acercó y le ofreció su mano.
--Soy Eva.
Él se la estrechó.
--Yo, Javi. Y él—señaló al perro—es Tonto.
--¿Tonto?—Eva no pudo evitar soltar una carcajada.
--Sí, no destaca por su inteligencia. Aunque esta vez ha sido astuto acercándose a ti—le guiñó un ojo, se agachó y acarició a Tonto, que movía la cola.
Ella se mordió el labio, pero no pudo evitar una sonrisa.
Javi la miró.
--¿Me podrías decir qué era lo que te enfadó tanto como para tratarnos—señaló a Tonto y a sí mismo—de esa manera?
Eva lo miró con seriedad y desconfianza. Al cabo de lo que le parecieron horas, despegó los labios y murmuró:
--Gente que te hace creer que te quiere y luego te dejan tirada.
El rostro de él dejó de reírse.
--Entiendo. Pero para eso está nuestro Gustavo, ¿no? Para levantarte el ánimo—y, con una sonrisa y una voz de cantante de ópera, empezó a recitar de memoria:

Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… ¡yo no sé!
¡Qué te diera por un beso!”

Ambos rieron mientras la lluvia los empapaba, el otoño los envolvía y los ladridos de Tonto resonaban por todo el parque.
Y Eva sintió que tal vez no había que aislarse del mundo para volver a sonreír.

Laura TvdB, 26 de agosto de 2012.

domingo, 12 de agosto de 2012

Sonrisas y lágrimas.

Después de ¿dos? meses sin actualizar, por fin he escrito algo potable. Es una divagación filosófica, o un microrrelato, no sé muy bien. Es bastante personal, pero creo que nos ha pasado a todos. Os recomiendo una canción de fondo: la banda sonora de la película Gladiator, "Now we are free". Creo que le pega bastante al texto. Ah, y no tiene nada que ver con la película, simplemente me pareció acorde para lo que trataba. Espero que no os decepcione y comentéis.

Sonrisas y lágrimas

Soplé y la densa capa de polvo que descansaba sobre el álbum de fotos voló en todas direcciones. La primera página no era una presentación. Fecha: 22 de noviembre de 2000. En la foto, mi madre me cogía en  brazos, a pesar de que ya no era tan pequeña. Yo lloraba.

Segunda página: cumpleaños. Soplaba las velas, a mi lado las tres amigas francesas, de las cuales dos se fueron a vivir a Londres dos años más tarde. La tercera se mudó a Bruselas.
Jamás las volví a ver.

Siguiente foto: mi muñeca Paloma, a la que mi hermano había sumergido en el váter para hacerme de rabiar y se le habían quedado unos pelos que ni Einstein la superaba.

A mi memoria acudieron las películas que entonces eran mis preferidas y de las que mi amiga y yo repetíamos las frases sin parar: La Sirenita, 101 dálmatas, Los increíbles; otras, que las vi de pequeña aunque no fueran acordes con mi edad. Terminator, Predator 2, Pompeya, Gladiator. La melodía de esta última película se me grabó en la cabeza mientras pasaba hojas y recuerdos.

La última página estaba en blanco. La llené con mi firma y la fecha. Y con una lágrima que rodó sin querer por mi mejilla y cayó, mojando el papel.

La niñez acaba cuando se recuerdan esos detalles que uno hacía de pequeño. Tonterías, tal vez, pero tonterías con las que uno crece y uno aprende. Cuando se recuerdan esos momentos y se quieren revivir, pero no se puede, ése es el instante en el que has madurado.

Cerré el álbum y con un tenue "Adiós" apagado, me despedí de mi infancia para siempre.

Aunque no quisiera.

Laura TvdB, 12 de agosto de 2012.

viernes, 29 de junio de 2012

Recomendación literaria: "Alas de fuego".

No he podido escribir mucho a pesar de mis vacaciones, porque no me llega la inspiración (que creía que sí, pero no).
Hoy vengo con dos cosas. La primera, informar que cuándo me voy de vacaciones para que no contéis conmigo. xD Tampoco creo que notéis mucho la diferencia, la verdad, con lo abandonado que ha quedado mi blog últimamente. En fin, del 1 al 9 de julio estaré en Valencia sin poder conectarme a internet. Luego, volveré e intentaré ponerme al día. Me iré a finales de julio - principios de agosto, a Italia, y me temo que tampoco me conectaré. Así que nada.

Pero, total, que a falta de pan buenas son tortas, y creo que ya era hora de mencionar algún libro de mi escritora favorita, Laura Gallego García.
El libro es Alas de fuego.

Como siempre, primero a lo práctico:

-Título: Alas de fuego
-Autora: Laura Gallego García
-Editorial: Laberinto. Colección: Narrativa fantástica
-Año: 2003.

Sinopsis:
La reina Marla, de sólo diecisiete años, es la soberana de una nación resplandeciente. Ahriel, un ángel femenino, está a su lado desde que nació, con la misión de guiarla y protegerla, y de guardar el equilibrio en los reinos humanos. Pero cuando descubre una conspiración para iniciar una sangrienta guerra, Ahriel es traicionada y encerrada, con las alas inutilizadas, en la espantosa prisión de Gorlian, un mundo primitivo, salvaje y brutal, de donde nadie ha logrado escapar jamás. Ahriel deberá aprender no sólo a sobrevivir en Gorlian, sino también a ver las cosas desde el punto de vista humano... a ras de suelo.

Es uno de mis libros preferidos, marcó un antes y un después en mis lecturas. El segundo libro de Laura Gallego. Si el primero ya me encantó (La Emperatriz de los Etéreos), este me fascinó. No sé ni por dónde empezar.

Es de género fantástico-épico, pero también es una gran historia de amor. A decir verdad, la parte romántica no ocupa todas las páginas. Pero influye totalmente en la trama: la mitad de las cosas que hace la protagonista, las hace por amor, ya sean buenas, malas, tengan consecuencias o no. Pero no es la típica historia de amor juvenil, superficial y cliché. Es un amor extraño, dinámico, chocante y especial.
La trama está muy bien pensada. No es compleja, no tiene muchas ramificaciones ni mil y un personajes, pero atrapa con unos hilos invisibles. Es fácil encariñarse con unos personajes, odiar a otros, que se inviertan los papeles tras X acontecimientos. Hay un momento en la historia que es intensísimo. No soy la única que piensa así, creo. El corazón se te para. Los sentimientos y emociones que exhalan las palabras te envuelven, te introducen en la historia, te hacen comportarte como lo hace Ahriel, la protagonista. Sólo por leer esa escena, el libro entero merece la pena. Hablo -escribo- en serio.
La protagonista, Ahriel, es muy interesante. Es un ser alado femenino que tiene una misión. Los ángeles, en este libro, son seres de carne y hueso que no sienten. Ni amor, ni odio, ni ira. Se les encomienda una misión y la cumplen sin rechistar. Dependen totalmente de su deber, viven por y para cumplirlo.
Entonces, cuando a Ahriel se le tuercen las cosas, se da cuenta que no todo sale como ella quiere... su mundo se derrumba. No digo cómo reacciona, qué hace, pero es abrir los ojos y empezar a vivir, como dice la sinopsis, a ras del suelo. Es un personaje que sufre muchísimo y pasa por tantas penurias que no haces más que compadecerte de ella. Pero a la vez, no le llueven los problemas porque sí. Ella causa algunos.
Luego está Bran. ¿Qué decir sobre él sin desvelar la historia? Qué chico. Es el más entrañable, gracioso y simpático que puede haber (según mi punto de vista, claro. Ahriel no opina lo mismo). El "majete". Me encariñé mucho con él, tanto que ha servido de base para otros personajes míos, y podría escribir una novela en su honor. Otra pieza de la novela por la cual merece la pena leerla.

La forma de escribir de Laura Gallego es sencilla, precisa y atrapante. Cualquiera puede leer a esta escritora entendiéndolo todo, usa un buen vocabulario, pero nada pedante. Narra con fluidez y de una manera sencilla y fácil.
El libro no te deja indiferente. Acaba de una manera algo abierta, y tiene segunda parte, Alas negras, pero ni se os ocurra leerla sin leer primero ésta.

Un libro que marca, deja huella y se sitúa, en mi caso y en el de otros muchos, en un puesto privilegiado de la estantería. Además, la portada actual (ilustrada por Paolo Barbieri) es preciosa y describe muy bien un momento determinado de la historia. Os dejo una imagen adjunta para que podáis ver que es verdad:


















¡Y ya está! Espero que lo leáis si no lo habéis leído, y que os guste si lo estáis leyendo. Porque merece la pena, de verdad. Los libros de Laura Gallego, en su mayoría, merecen mucho la pena.

¡Felices vacaciones!

viernes, 22 de junio de 2012

Todo o nada.

Bueno, una vez acabados los exámenes y el curso, tengo más tiempo y la inspiración está volviendo poco a poco. Llego hoy con un nuevo relato. Es muy corto, pero considero que es más relato que microrrelato. En fin, que para escribirlo me he acordado mucho de uno de mis poemas preferidos, Canción última, de Miguel Hernández (os recomiendo que lo leáis si no lo habéis hecho). En ese poema refleja la esperanza de encontrar algo que coloree de nuevo la vida. En este relato, no hay esperanza. Pero la sensación de vacío es la misma.
He escrito el texto de una forma un tanto poética. Lo único que no me gusta es el título, pero no se me ha ocurrido otro, lo siento.
En resumidas cuentas, espero que os guste.

Todo o nada

Entré en la casa. Estaba deshabitada, sola y oscura; el polvo se respiraba en el ambiente. La puerta gemía al moverse con el ulular del viento; el suelo crujía a cada paso que daba. Todo daba sensación de abandono: la mesa, el piano, el suelo, el vacío. Oía como susurros en mis oídos, aunque estaba casi segura que no existían, o que eran antiguos recuerdos olvidados que no había metido en mi maleta al irme de allí precipitadamente. Los ecos resonaban en mi cabeza y en mi alma.
Me acerqué unos pasos a la chimenea. Las cenizas aún estaban allí, esperando a que alguien las recogiera. Su color grisáceo encajaba con el color en el que estaba sumergida la casa, hundida por el llanto, los gritos y la desesperación que había tenido que soportar.

Mi vista recorrió la sala, prácticamente vacía. Resbaló en el piano y, sin saber cómo, me vi levantando la tapa, deslizando el dedo por ella, recogiendo la densa capa de polvo, rozando las teclas desafinadas y amarillentas. Deseando, tal vez, que volvieran a sonar como antaño. Una lágrima cayó en una tecla blanca, en silencio. Me alejé para no verla.

Algo colorido me llamó la atención. Estaba en el suelo, al lado de la chimenea apagada. Me acuclillé, mi falda barriendo el suelo. Recogí la foto, mirándola sin ver.
Estuve así un rato, sin poder moverme. Al cabo de lo que me parecieron horas, estallé en un llanto nostálgico. Mis lágrimas, como gotas de cristal, cortaban el parqué, limpiaban el polvo. El sonido de mis sollozos rompió el silencio sepulcral en el que estaba sumido el salón.

Miré la chimenea, recordando todo lo que había quemado allí. Fotos, risas, recuerdos, besos, palabras, sentimientos.
Todo, excepto esa foto.
Todo, excepto a mí.
Todo, excepto a él.

Laura TvdB, 22 de junio de 2012.

domingo, 17 de junio de 2012

El domador.

Lectores, ¡he vuelto! Bueno, no del todo, porque aún me falta bastante inspiración; pero bueno, he escrito un relato que, aunque no me termina de convencer (no sé si porque de verdad es malo o porque estoy muy estricta conmigo misma últimamente), lo voy a colgar, porque actualizo muy poco el blog y me da pena. T.T
Pero bueno, el caso es que el relato tiene un ligero parecido con un fragmento de la novela El guardián entre el centeno, libro que yo no conocía pero es bastante famoso. No me lo he leído, pero tuve que analizar ese fragmento en clase de lengua y me gustó mucho. En fin, que no me enrollo más. Bueno, sí: me gustaría escribir más cosas y colgarlas, y perdonadme porque no haya sido así en los últimos dos meses. Total, que espero que os guste.
Dedicatoria:
Para Andrea, porque le gustan los gatos. ¿O no le gustan? No sé. Pero es para ella.

El domador

Cogió la llave e, inspirando hondo, la introdujo en la ranura. Se oyó un suave chirrido y el gemido de la puerta al abrirse.
El gato se coló por la rendija de la puerta y se deslizó entre sus piernas. Miguel sonrió, se agachó y le acarició el pelaje anaranjado.
--¿Qué tal, señor Bigotes?--contuvo una carcajada; siempre que decía su nombre, le entraba la risa--. Igual de gordo, por lo que veo. Como no adelgaces unos kilos, algún día no cabrás por la puerta.
El felino alzó la cabeza y lo miró con sus ojos amarillos. Miguel creyó detectar en ellos un desprecio corrosivo. No era de extrañar; cuando el señor Bigotes fue adoptado por su hermana pequeña, su primera reacción fue pegarle una patada y pedir a su madre si podía ahogarlo en la taza del váter. El señor Bigotes nunca se lo había perdonado; como castigo, lo despreciaba y lo molestaba con su gatuna indiferencia.

Miguel se separó del gato y, armándose de un valor que en realidad no sentía, entró en la casa. El silencio era sepulcral.
Dejó la puerta abierta para que entrara el animal, pero éste se quedó sentado en el felpudo, lamiéndose la pata. El chico miró el recibidor silencioso y se dirigió hacia la habitación de su hermana. La casa aún dormía en esa mañana del viernes 10 de octubre, a las siete menos diez de la mañana. Miguel añoró esos años en los que se despertaba tarde, su madre lo regañaba por dormir más de lo debido y tragaba su desayuno para no llegar demasiado tarde al colegio.

Giró el picaporte con suavidad y entró. Cerró tras de sí y se acercó a la cama. Su hermana tenía los ojos abiertos. La había despertado.
--No me has despertado--susurró ella, leyéndole el pensamiento--. He soñado que volvías.
--Eres adivina--murmuró--. El señor Bigotes también lo presentía y ya me ha saludado. Está muy gordo.
Los ojos de su hermana brillaron con cierta tristeza.
--¿No me vas a decir hola?--preguntó, con una vocecilla de hada.
Sonrió.
--Hola.
--Hola.
Por fin, Andrea sonrió también. Miguel la abrazó con fuerza.
--Te he echado mucho de menos, Miguel. ¿Por qué has vuelto?
Él suspiró.
--Por muchas razones.
--¿Qué razones? Miguel, papá ha pagado mucho para que vayas a esa universidad.
--Ya, ya lo sé.
--Y se va a enfadar... y mamá se pondrá triste. ¿Y qué vas a hacer tú, Miguel?
--¡Esa universidad era un fastidio, Andrea! No sabes cómo era. Qué horror. Además, no me gusta la carrera de Derecho.
--Bueno, pero tenemos que hacer también las cosas que no nos gustan, Miguel...
--En el caso de una carrera universitaria, no, Andrea. No lo entiendes. Aún eres muy pequeña.
--Eso lo dices siempre que no te quedan excusas.
Siempre le había llamado la atención la facilidad con la que su hermana le hacía irritar.
--Pues no. No quiero ser abogado ni juez ni nada de eso.
--Entonces ¿qué quieres ser? ¿Nada? ¡Eres un soso!
--Sí que quiero hacer muchas cosas.
--¿Por ejemplo?
La mirada de Miguel se perdió por la habitación, mirándolo todo y nada a la vez.
--Me gustaría ser domador.
Andrea contuvo una carcajada.
--¿Domador?
Pero vio la expresión seria y segura de su hermano y se le borró la risa.
--Domador de felinos, en un circo. Tener el látigo en alto, pero sin utilizarlo. Mandar a los leones a que se comporten como perros mansos. Acariciar su melena sin que me rebanen la cabeza.
Reinó un silencio. Andrea casi lo pudo masticar, de lo denso que era. Finalmente dijo:
--Pues si quieres ser domador, empieza amaestrando al señor Bigotes.
Miguel la miró, sorprendido. Pero su hermana, con apenas ocho años, sonreía dulcemente, encendiendo la llama de la esperanza en su corazón.

Laura TvdB, 13 de junio de 2012.

sábado, 2 de junio de 2012

Crítica: "Canciones para Paula".

Hola, lectores. Cómo echaba de menos colgar cositas en el blog. Siento muchísimo mi abandono; aparte de no tener tiempo, escribo poco, y lo que escribo no me convence. La inspiración se me ha ido de las manos.  He escrito un relato y un microrrelato, pero ninguno de los dos me gusta mucho y no creo que los cuelgue.

Pero para compensar un poco ese no, voy a responder a una pregunta que ya me han hecho varias personas sobre la trilogía o fenómeno Canciones para Paula, unos libros que comenzaron en redes sociales y han vendido más de 250.000 ejemplares. Autor español, Fco. de Paula Fernández (pseudónimo: Blue Jeans).
EDITADO: he actualizado la crítica a 25 de enero de 2014.

¿Me los he leído?
Me he leído los tres libros de la trilogía: Canciones para Paula, ¿Sabes que te quiero? y Cállame con un beso.
Siendo sincera, objetiva y subjetiva:
El libro es para adolescentes. Claramente. Generalmente, para chicas; yo no conozco ningún chico que se los haya leído. El género es cerrado y claramente está escrito para vender a un tipo de público concreto.

La historia es un culebrón en toda regla. Paula entre tres chicos en la primera novela, que si con uno, que si con otro, que si uno es muy dulce, el otro tiene unos ojazos y una sonrisa impresionante, y el tercero no le interesa pero ella a él sí. Vamos, la trama es de amor adolescente y no tiene mucho misterio. ¿Engancha? Pues sí. A mí la historia no me gustó, pero entretiene, y al final acabas pensando que escoja uno de una vez, porque parece que elige entre el caramelo de fresa o de menta. El primer libro se basa en un triángulo, o en varios (los otros son secundarios). Los siguientes:
Spoiler:
Paula-Ángel-Álex ;  Ángel-Paula-Katia; Álex-Paula-Irene ; Mario-Diana-Paula
Fin del spoiler

Mucha gente me ha dicho que la forma de escribir se parece a Moccia. Yo no he leído ningún libro de Moccia, pero sabiendo lo que sé, estoy de acuerdo.
Blue Jeans escribe con frases cortas e intensas, en presente, con muchos flashbacks. El punto de vista varía de un personaje a otro, con una introducción "Una mañana de marzo, en algún lugar de la ciudad" de ese estilo. No usa un vocabulario específico ni narra de forma trabajada; las descripciones son sencillas y se usan los mismos verbos, los mismos adjetivos, las mismas expresiones. Es muy fácil de leer. Cosa buena para primeros lectores.

La segunda parte es más complicada, y a mí por un lado me gustó más. Mete personajes nuevos y parejas nuevas, rivalidades nuevas y una pareja muy entrañable (spoiler): Diana y Mario (fin del spoiler). Diana se vuelve más interesante. El personaje de Alan también está bien, porque cambia de carácter, pero a la vez sigue siendo el mismo; un personaje redondo y plano a la vez, algo de variedad entre tanto personaje estereotipado. Me explico, no quiero ofender a nadie: los personajes (Paula, Ángel, Cris, Miriam, Armando) son exactamente iguales a lo largo de toda la novela. No se desarrolla su carácter ni saben pensar las consecuencias de sus actos. Es decir, algo muy poco realista. Muestra una sociedad juvenil horriblemente borrega y tonta, y lo malo es que hace como si fuera lo más normal y positivo del mundo. No piensan, hacen los que "les manda el corazón" y no tienen objetivos en la vida, van a lo que sale porque quieren vivir el momento, o como se llame. Son egoístas y no se saben controlar. Y todos iguales.

Respecto a la tercera novela, es rizar aún más el rizo, tanto que se vuelve escarola. El autor introduce momentos de drama y problemas personales o familiares, como la droga, el maltrato, el alcohol y demás irresponsabilidades. Trata de contraponer un personaje perdido con otro que tiene una relación estable y una vida tranquila. No juzga ni a uno ni a otro. Y la protagonista, pobrecilla, de nuevo en un lío amoroso, y, como viene siendo a lo largo de las novelas, ligera de cascos y con menos luces que quién. Algún pasaje logra emocionar algo más que el resto, como reencuentros, decisiones... o el final, que es ya el colofón de la trilogía y deja al lector tirándose de los pelos (por el qué pasará después).

Libros entretenidos, adolescentes y románticos. Muy románticos, o más bien empalagosos. El amor es lo único que mueve las novelas. Bueno, "amor" entre comillas, porque es más bien pasión o impulso. Son contemporáneos y entretiene el uso que se hace con internet, móviles, redes sociales y todo el mundillo que eso conlleva.

Ahora bien: no es literatura ni en sueños. Canciones para Paula es un libro escrito para entretener, que no quedará en la historia y que dejará de ser la moda en diez años como mucho. La calidad literaria es inexistente. Es un libro para pasar el rato. A mí no me gustó, me entretuvo, que no es lo mismo. No lo recomiendo. Tampoco os moriréis si lo leéis, pero que nadie piense que retrata la sociedad actual con exactitud, porque solo representa una mínima parte de ella -y bastante deprimente, a mi parecer-, o que es un ejemplo para futuros escritores, porque tampoco.

Conclusión: si eres una chica adolescente que no está acostumbrada a leer literatura, pero sí te gusta leer e intentas meterte en el mundo de los libros: pues léetelo si te apetece. Pero vamos, no lo sobrevalores ni creas que eso es literatura.
Si vuestra personalidad no corresponde con mi descripción anteriormente dada, puede que os guste, pero creo que no; y me comprenderéis. No intento criticar ni ser dura, pero las cosas hay que decirlas: Blue Jeans no escribe literatura. Y a mí (a mí) no me gustó.

sábado, 28 de abril de 2012

De puntas.

Hola, lectores. Hoy traigo un nuevo relato, y NO es uno cualquiera. Tiene un significado muy especial para mí. No sé si es el mejor, pero para mí, por lo que significó escribirlo e imaginarlo, sí. Espero que dicho sentimiento os impregne también a vosotros. Os voy a pedir muy especialmente que (si os gusta) lo paséis y lo enseñéis a la gente a la que le podría interesar. Os pido, muy en especial, comentarios y opiniones. En esta entrada, en un mensaje privado, en el formspring, me da igual; pero una marca, algo que me haga saber. Gracias por leer este rollo y por leer el relato. De verdad.
El punto de vista está narrado desde un chico.
Quiero dedicar este relato a alguien muy especial:

Para ti. Sé que sabes que va dedicado para ti y sólo para ti, pero quería escribirlo aquí para asegurarlo y hacerlo más palpable. Este relato es tuyo. Gracias por inspirarme.

De puntas


No sabía qué hacía allí yo, la verdad. Había aceptado esa invitación sin titubear, y me arrepentía de mi actitud impulsiva. Podría habérmelo pensado mejor, deducir que aquello no era lo mío e inventarme alguna excusa válida. Pero ella me lo había pedido con tanta insistencia... sus ojillos garzos me habían suplicado, sus zarcillos bailoteando en sus orejas, su sonrisa a la que no me podía resistir. Me había quedado patidifuso como un lelo, y había asentido enérgicamente, sin pensar. Ella había dejado escapar una sonora carcajada y había subido a su casa con su aire de artista, dando saltitos de entusiasmo, su falda vaporosa deslizándose entre el umbral con la suavidad de un soplido de viento.
Y allí había aterrizado yo, en la butaca, entre el murmullo de la  gente, el afine de los instrumentos. El telón rojo con los bordes dorados permanecía cerrado, velando el escenario. Miré quién se sentaba a mi lado. Una anciana me miraba con suspicacia por encima de los cristales de sus gafas. Se preguntaría qué estaba haciendo un joven como yo en un sitio y hora como ésa. Los jóvenes no solían estar allí. Los jóvenes iban de fiesta a discotecas, bebían hasta emborracharse y nunca apreciaban el arte. Sí, sin duda yo destacaba en aquel lugar.
Sonreí con incomodidad a la señora curiosa. Ella me devolvió la sonrisa, a todas luces satisfecha por la buena decisión que había tomado yo al cambiar una noche de fiesta por un espectáculo.

Salió el director, con chaqué y pajarita. Aplausos corteses sustituyeron el murmullo apagado que había reinado antes en la sala. El director hizo una pequeña reverencia y se bajó de nuevo a donde estaba la orquesta. Se hizo un silencio repentino, tan repentino que me daba miedo respirar, por si me miraban escandalizados por mi osadía.
Empezó la música, suave, calmada. No podía ver los instrumentos, ni el director, sólo veía ante mí los palcos rebosantes de gente expectante y el telón rojo fundiéndose en la oscuridad del ambiente. Cerré los ojos un segundo y evoqué la imagen de la presentación, la elegancia en el movimiento de ella, congelado en la fotografía. Había visto esa imagen unas veinte veces, en los libretos, en las paradas de autobús, en el metro. Pero nunca me había llamado la atención.
No, hasta ahora.
La música se intensificó y me sumió en un extraño trance de tranquilidad. Con un rasguido casi imperceptible, las cortinas del telón se deslizaron hacia los lados, dejando ver luces y un escenario. Éste estaba lleno de gente con un vestuario extravagante y vistoso. Las personas se movían; no, las personas se deslizaban por el suelo de linóleo negro.
Ella me había explicado una vez que el suelo no podía ser ni de madera ni de baldosas, que tenía que ser de linóleo con una cámara de aire debajo, para evitar lesiones.
Más de diez chicas empezaron a bailar. Su coordinación era pasmosa. Un, dos, tres. La sinuosidad y la elegancia se podían coger con las manos. Sus movimientos enamoraban al público y a mí también. Al ritmo de la música, creaban arte, saltos, piruetas, movimientos acrobáticos.
Eso no era un espectáculo cualquiera.
Así me quedé yo, mirando, con miedo a pestañear para no interrumpir. Las figuras pasaban, la música pasaba, el tiempo pasaba; y yo seguía allí. Maravillado.
Al terminar el primer acto, el público estalló en sonoros aplausos. Algún silbido. Mis manos lograron moverse y aplaudí a rabiar. Algunas personas suspiraban de alivio al poder descansar la vista y el oído. A mí no se me ocurrió descansar. Mis ojos continuaron clavados en el escenario, el telón cerrado por poco tiempo.
La señora que estaba a mi lado giró su cabeza en mi dirección y me miró con esperanza.
--¿Y bien?--me preguntó.
Desperté del embrujo y la miré. ¿Qué me había parecido?
--Es magnífico--musité. Mi voz parecía rugosa como un pergamino viejo.
--¿Verdad? ¿Y por qué ha venido usted aquí?
No sé cómo supo que no solía acudir a espectáculos. De hecho, nunca había asistido a ninguno.
Respondí con sinceridad.
--Me han invitado.
--¿Ah, sí? ¿Quién? ¿Y dónde está?--miró hacia los lados, pero mi otro lado sólo tenía el pasillo.
Sonreí en mi fuero interno y señalé el escenario.
--¿En serio?--sus ojos se agrandaron. Vi que el telón volvía a abrirse y el público callaba--. ¿Y quién es?
Curvé mis labios en una sonrisa involuntaria. Me sentí orgulloso sin saber por qué.
No le iba a contestar. Aún no.
Un escenario oscuro y lóbrego. Unas muchachas de blanco. La música se volvió mágica, hechizante, real. Una introducción al baile. Notaba la mirada de la mujer clavada en mí. Curiosa. Incrédula. Mantuve el suspense. Más bien porque presentía que podía contestar sin hablar.
Y entonces apareció. Como en un sueño, se deslizó de puntas sobre el escenario, su cuerpo bailando, su figura arrebatadora, su imagen mágica. Su rostro delataba el sentimiento que debía expresar el personaje. Pero vi su mirada posarse sobre el público con una decisión que jamás había visto en ella. Sus pupilas recorrían las filas de butacas sin arruinar su espectáculo ni sus movimientos sublimes, magnéticos y perfectos. Sus ojos me alcanzaron. Sostuve su mirada. Y atisbé una sonrisa en ella que no había esbozado, pero era una sonrisa que tenía dentro, en lo más recóndito de su ser. Se la devolví, pero la mía se transparentó y se hizo física.
Miré un momento a la señora, señalé la figura de ella con orgullo y dije, henchido de fascinación y comprensión:
--Es ella.

Laura TvdB, del 24 al 26 de abril de 2012.

domingo, 22 de abril de 2012

Recomendación literaria: "Nocturno".

Hola, lectores. He escrito un nuevo relato, pero aún así sigo sin actualizar apenas, así que, para compensar, una recomendación. Primero, a lo práctico:

-Título: Nocturno
-Título original: Nocturno
-Autor: Santiago Herraiz
-Editorial: Palabra. Colección: Astor juvenil.
-Año: 2007.

Pongo una especie de sinopsis-fragmento del libro que pone en la contraportada:

Fue una tarde de diciembre cuando Renzo descubrió al viejo. Dejó atrás la estación de metro de Ópera y cruzó la calle ante las majestuosas puertas del Teatro Real. Desde el callejón llegaban las notas de un Nocturno de Chopin, entre el barullo de cláxones y voces de la ciudad. Nadie parecía advertirlo, pero había algo extraño en aquella interpretación.
Renzo posee algo misterioso, un don al alcance de unos pocos, que le va transformando poco a poco en alguien importante. Las lecciones de un desconocido violinista callejero le inician en el uso del don, pero también en el peligro que encierra la vanidosa complacencia en algo tan inmerecido. El viejo violinista tendrá mucho que enseñarle, sobre todo con su oscura historia y su repentina desaparición.

El género es... un tanto extraño, mezclando drama, misterio, psicología y música.
Quien crea que es una historia que únicamente habla de música, está equivocado, pero también tiene razón. El autor nos mete en la piel de un chico de 11 años que tiene un don especial para la música, cosa que puede ser buena o muy, muy mala, y no sólo en el sentido del instrumento o de un concierto.
La historia es magnífica. Te hace pensar mucho, muchísimo; cómo el escritor puede hacernos ver el mundo a través de una flauta travesera y un violín, no lo sé. Pero es un libro que me marcó muy especialmente. Está escrito de manera impecable. La mente de un niño, adelantada a su edad sin que él lo sepa o quiera, hace que te sitúes en una persona cuyas virtudes se pueden explotar para bien o para mal.  Asimismo, la novela deja relucir esa sensación de arrogancia que se siente cuando uno se cree autosuficiente y se va encerrando poco a poco en su egoísmo.
La imagen que se da del mundo es muy buena. El personaje del viejo violinista es lo más importante para la novela, aparte del carácter de Renzo.
La trama puede parecer muy sencilla, y lo es, pero no por ello es mala. Pasados, presentes y futuros se mezclan en una historia realista y desgarradora cuya víctima sólo es un niño. La tensión es casi palpable. El mundo, las calles, los sucesos pasan delante de ti como si lo estuvieras viendo.
Es una lectura sublime que toda persona que quiera tener cierta percepción del mundo tiene que leer. Os la recomiendo, de verdad.


miércoles, 18 de abril de 2012

Blanco.

Hola, lectores. Os traigo un relato bastante triste. Lo escribí en media hora o así porque me situé mucho en la escena, lo único que no me gusta es el título, pero no se me ocurría otro. Me gusta mucho cómo ha quedado; como dice Athenea, nos gusta dar mala vida a los personajes. Pues eso, que espero que disfrutéis con la lectura tanto como a mí me ha gustado escribirla. :-)

Blanco

Boqueó, porque sentía que le faltaba el aire. Se apoyó en la pared blanca y se dejó caer lentamente al suelo, como en un sueño, sin prisa. Se abrazó las rodillas, sus manos temblando. El mundo corría demasiado rápido, dejándola de lado. Las voces y ruidos le llegaban desde lejos, muy lejos... tan lejos que oía ecos fundiéndose con el ambiente blanco del hospital. Cerró los ojos y se hizo pequeña, sintiendo el suelo que temblaba al pasar una camilla, el repiqueteo de las ruedas; todo tan irreal, tan fantástico y tan ficticio que podría estar viviendo algo falso. Pero era real. Muy real.
Miró por la ventana que había frente a ella, viendo la ciudad hundida en la bruma y la neblina que la envolvía, el humo, el rugido de los coches. Se sorbió la nariz, esforzándose en respirar, debatiendo la asfixia. Se tocó la mejilla y comprobó, sorprendida, que estaba llorando. Lágrimas ennegrecidas por el maquillaje corrido salpicaban su rostro.
--¿Estás bien?
Apenas prestó atención a la figura acuclillada que se alzaba delante de ella. Entreabrió los labios, intentando contestar, pero sintió la garganta ahogada, la boca seca, los labios agrietados, y dejó escapar un sollozo silencioso, probando la humedad salada de su llanto.
Unas manos le enjugaron el rostro.
--Respira hondo. ¿Quieres un vaso de agua?
Ignoró las palabra y logró abrir los ojos para encontrarse con otros tan brillantes y tristes como los suyos. Apretó su mano temblorosa contra la de él, queriendo recibir algo de su calor y su templanza. Los brazos de él la rodearon en un abrazo consolador. Ella se aferró a su camisa, las manos engarfiadas, incapaz de soltarlo. Juntó los labios, negándose a  llorar, pero una vez más su corazón y su alma se rebelaron a esa idea y se desahogó largo rato, quieta, en los brazos de él, entre camillas y enfermeras, cogiendo el frío helado de las baldosas blancas de mármol, un sol tibio filtrándose por la ventana y anunciando el nuevo día.
Se sintió capaz de preguntar, con voz cascada, entre hipos entrecortados:
--Se ha ido, ¿verdad?
Un silencio desgarrador e inquieto. El abrazo se intensificó.
--Sí, Bea, se ha ido.
--No quiero dejarla ir--su voz se quebró, al igual que su corazón lo había hecho minutos atrás.
--Pero ya no está--dijo con suavidad--. Y no puedes seguirla. Déjala marchar.
--Quiero que vuelva--y prorrumpió en sollozos quedos.
Nuevo silencio, interrumpido por el gorjeo de algún pájaro madrugador.
--Pero no va a volver, ¿no?--se respondió a sí misma.
Su hermano no le contestó, pero sabía perfectamente la respuesta. No. No iba a volver. Su hermana se le había escapado y jamás la iba a recuperar.
Jamás.

Laura TvdB, 18 de abril de 2012.

martes, 10 de abril de 2012

Caer, levantarse, tropezar y permanecer tumbado.

¡Buenas! Siento actualizar tan, tan poco, pero a partir de ahora espero escribir más. Entre los exámenes (que, por suerte, acabaron) y la Semana Santa de vacaciones que me fui a Huesca, nada. Pero bueno. Traigo un microrrelato. A ver si compensa un poco el tiempo en "off".

Caer, levantarse, tropezar y permanecer tumbado.

En la vida hay problemas y adversidades. Hay baches que pegan y arañan el alma. Hay muros de cemento y de plastilina. Hay un poco de todo.
En la vida los problemas no surgen solos. Los problemas los crea algo o alguien. Personas especializadas, con sonrisas hipócritas que infunden falsas esperanzas; al acecho, conociéndote para hacerte caer, y, al levantarte tú, están allí para empujarte otra vez, dejándote tirado.
Hay personas que no quieren hacer daño y dañan, personas a las que les afecta algo y no son las mismas que antaño y clavan cuchillos en el corazón, personas que no tienen intenciones, ni buenas ni malas, pero perjudican igual. Hay personas que, al desaparecer, dejan dolor y desesperación y brillan por su ausencia.
Todas esas personas que hacen daño y crean baches forman el mundo. Un mundo imperfecto, un mundo caótico, pero un mundo, al fin y al cabo.
Por eso hay que aceptarlo. Por eso hay que cambiarlo.

Laura TvdB, 10 de abril de 2012.

sábado, 24 de marzo de 2012

Máscaras y antifaces que tapan el carácter de una persona.

¡Muy buenas! Al fin he terminado mi HORRIBLE mes de exámenes, que, como habréis visto, no me ha dado la vida para escribir nada. Pero hoy llego con un relato que he escrito a lo largo de los últimos días. No es un microrrelato, pero sí abarca un tema (para mí muy interesante) del que todo el mundo aprende algo. La situación y tal no la he trabajado mucho, de hecho, puede parecer hasta absurda, pero el monólogo final es algo que yo siempre digo y me parece crucial para cada persona. Así que nada. Espero que lo disfrutéis, y a ver si me pongo un poco más al día.

Máscaras y antifaces que tapan el carácter de una persona

El timbre sonó, e, inmediatamente después, el chirrido de sillas desplazándose y cientas de voces charlando a la vez.
Gina metió los libros en la mochila, con un suspiro, y se levantó, dispuesta salir al recreo.
Se aburría de la monotonía de su vida: el colegio, los exámenes, la familia...; sentía el ánimo esparcido por el suelo, y su alegría perdida en una de las mochilas de sus compañeros de clase. Las horas por la mañana pasaban anormalmente lentas; las tardes en su casa, sistemáticas y aburridas. Lo único que daba un poco de color a su vida era su amiga Rose, siempre optimista y alegre, siempre con una sonrisa perfilada en sus labios, una risa escapándose de su garganta, unos ojos felices y vivarachos. El carácter triste de Gina chocaba enormemente con el de Rose, pero extrañamente habían estrechado un compañerismo que se parecía a la amistad.

Y, sin embargo, aquel día Rose no había aparecido. Y Gina se sentía más abandonada y triste que nunca.
Mientras bajaba las escaleras en dirección a la cafetería, pensaba: ¿Por qué no estaba Rose? ¿Por qué no la había llamado? ¿Acaso estaba tan enferma que no podía coger el teléfono de casa?, porque Gina la había llamado repetidas veces y no había contestado. Se sentía mal por el repentino abandono que le había dirigido su amiga; justamente ese día, en el que se sentía aún peor de lo que estaba normalmente. La llamó al móvil, pero, lejos de cogerlo, le decía una voz automática que estaba apagado. Insistió de nuevo, pero fue inútil. Miró su tuenti, pero no le había dejado ningún mensaje, ni estaba conectada. Exhaló un suspiro, irritada.
Apenas habia acabado de tomarse su napolitana cuando el timbre sonó, sumiéndola en una depresión mayor de la que tenía ya; el mundo, de pronto, se le hizo pesado y pequeño. Increíblemente pequeño. Le habría cabido en la mano.
A lo largo de la mañana terminó por decidirse que iría a casa de su amiga nada más terminar las clases para preguntarle cara a cara qué era lo que ella había hecho mal como para que Rose la ignorara deliberadamente. Porque ni una llamada, ni un mensaje, ni una disculpa. La sangre hervía en sus venas de la indignación. Ella estaba deprimida ¿y su amiga la había dejado tirada? Ni siquiera se le podía llamar "amiga".
Sacudió la cabeza y casi gritó de alegría cuando acabaron las clases. Se echó la mochila al hombro y anduvo hasta llegar a la casa de Rose, que estaba cerca de allí. Llamó al telefonillo y esperó. Esperó. Llamó de nuevo, mirando el portal con fastidio. ¿Tampoco le iba a abrir la puerta?
Llamó por tercera vez. Esta ocasión, la puerta se abrió con un zumbido, pero no oyó la voz de Rose.

Subió por las escaleras, porque no soportaba el silencio asfixiante del ascensor. Casi tropezó al llegar al pìso segundo, donde vivía Rose. Tocó el timbre con insistencia. Una y otra vez. El sonido repiqueteaba en el rellano.
Al fin, la puerta se abrió con un gemido. Gina respiró hondo, intentando no gritar a cualquier rostro que apareciera detrás de esa puerta. Rose estaba mirándola con expresión seria, envuelta en un delgado chal. Estaba pálida y parecía débil, pero Gina no prestó atención a su apariencia.
--¿Por qué no has venido?--se dio cuenta que Rose quería responder, pero no la dejó--. ¡No, no me vengas con excusas baratas, porque ni me has llamado, ni me has enviado un mensaje, nada! ¿Por qué no me contestabas? ¡Ni siquiera me has respondido! Y no me digas que no tenías batería ni nada de ese estilo de tonterías que la gente se inventa con tal de excusarse. Llevo una depresión impresionante, te necesitaba y me has dejado de lado.
Rose arrugó la nariz.
--¿Perdona?
Gina abrió los ojos como platos.
--No, perdona tú. Eres una egoísta--Gina destiló toda su desesperación recalcando la última palabra.
Rose la miró, y fue una mirada distinta, de cansancio, pero sobre todo de ira.
--¿Egoísta? ¿Yo? Egoísta tú, que ni siquiera me has preguntado si me pasa algo. De hecho, en los nueve meses que nos conocemos no me has preguntado ni una vez que qué tal estaba yo. Tal vez, si te interesaras más por mí, descubrirías que mis padres murieron en un accidente de tráfico hace dos años, o que mi hermana mayor está en el paro y no me puede mantener más, o que estoy con una gripe que va para largo. Que no contesto al teléfono porque no me da la gana aguantar tus rollos. Que tu vida es estupenda, alegre y perfecta, y que no dejas de lamentarte por una mera tontería, y yo,  alguien a quien la vida ha tratado a patadas, pasándolo bastante peor que tú, siempre tenía una sonrisa, un chiste, un ánimo que no tengo por qué tener, y todo eso para empujarte a ti. Y debería ser al revés. Así que a ver a quién llamas egoísta, Gina, porque yo no lo he sido nunca y tú lo has sido siempre. Que por un día en el que me encuentre mal y no quiera soportar tus lloriqueos no pasa nada. Abre los ojos y date cuenta de esas personas que hemos pasado una vida pésima y, sin embargo, aquí estamos, dejándonos la piel por ayudar a los demás que no merecen nuestra fuerza de voluntad. Deja de lamentarte por algo bonito y de ser tan melancólica, que el mundo no admite cagados como tú, que no saben enfrentarse a ninguna adversidad. No soy tu esclava ni un objeto, y estoy harta de que me utilices. Levanta la cabeza y sorpréndete con el mundo, ya que aún no lo conoces. Agradece de una maldita vez tu vida rosita y compadécete de los que la tienen un poco más gris. Que tu propio ombligo ya lo tienes muy visto. Y no te preocupes en mirar el mío, no sea que se te canse la vista. Adiós, Gina. Cómete el mundo antes de que él te coma a ti.

Laura TvdB, del 19 al 25 de marzo de 2012.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Trenzas, pensamientos y dependencias.

Aquí está mi microrrelato que escribí hará unos días. Es también, en parte, una divagación filosófica. Así que habrá que exprimirse el coco un pelín, espero que no os importe. :)
Espero que os guste.

Trenzas, pensamientos y dependencias.


Recuerdo que mamá me hacía muchas trenzas de pequeña. Cruzaba mis mechones de pelo con rapidez y maestría, y yo iba al colegio feliz con mis dos trencitas, sin percatarme de que, cuando ya no estuviera mi madre, no las podría llevar porque no sabía hacérmelas; algo tan simple y tan complicado como la vida misma.
La vida es una trenza; hay quien piensa que es complicada, enraizada e imposible; que forma tal maraña que nunca podremos deshacerla y ordenarla. Otros piensan que es sencilla, simple, básica y bonita; que merece la pena el esfuerzo para ver el resultado.
La vida es una trenza. Por eso yo, que las llevaba siempre puestas en la cabeza gracias a mi madre, pensaba a menudo que tenía mi vida en sus manos.
Y así era.

Laura TvdB, 26 de febrero de 2012.