sábado, 27 de agosto de 2011

Wish you were here.

Lo prometido es deuda, y llego con el relato. Está basado en una de mis canciones preferidas, Wish you were here de Pink Floyd. Así que he decidido hacerle un homenaje. Se desarrolla en la actualidad. Os aconsejo que oigáis la canción mientras o antes de leer el relato.  Es un tanto raro..., pero espero que os guste.

Wish you were here.

Suspiré cuando llegué a casa. Por fin, después de un día agotador.
Entré y dejé las llaves en la cómoda de la entrada. Me dirigí hacia mi habitación y puse el reproductor de música.
Empezó a sonar una canción lenta, tocada por una guitarra. Muy suave, muy suave y muy bajito. La conocía perfectamente. Era mi canción favorita.
Me dirigí hacia la terraza de mi apartamento. Me apoyé en la balaustrada. El aire fresco de la noche me azotaba la cara, pero no me molestaba, más bien al contrario, me relajaba de tanto ajetreo de la ciudad de Nueva York.
Seguía oyendo la canción “Wish you were here”, de Pink Floyd. En ese momento estaba entrando la segunda guitarra, con un punteado, sonando más fuerte que la primera.
Esa música me relajaba.
Miré las luces de la ciudad desde mi vigésimo piso y me entró de repente un escalofrío, al estar sola de noche en mi casa. Era como tantas veces… pero él no estaba aquí.
Habíamos empezado a vivir juntos hacía un año, pero él viajaba mucho; eran las consecuencias de tener un novio arquitecto que trabajaba en un proyecto de Egipto.
Estaba acostumbrada a verlo poco, pero ese día había sido muy duro, y lo echaba de menos. Cuánto me gustaría tenerlo a mi lado, mirando ambos las vistas desde mi terraza. Cuánto deseaba que sus brazos me rodearan.
Cuánto quería que estuviese él aquí.
Parpadeé, y me di cuenta de la ironía. Estaba escuchando una canción que decía eso, aunque no en ese instante. El cantante había empezado a cantar, una balada triste, parecía un lamento. «Blue skies from pain», decía. Cielos azules del dolor. «Can you tell a green field?», susurró la voz.
Suspiré.
Me senté en la barandilla, ya que era lo suficientemente ancha como para apoyarme en ella sin dificultad, con mis pies mirando al vacío. A muchas personas les daba vértigo, pero a mí me gustaba, y no le daba importancia al peligro.
Pensé en él y en mí. «Do you think you can tell?», oí. ¿Podría contarlo? ¿Podría hablarle y decirle que estaba harta de no verle el pelo en varios meses?
La canción era muy rara, pero la verdad es que me sentía muy identificada con ella en ese momento. Apenas nos veíamos, y yo lo echaba de menos. Quería que estuviera aquí. Miré mi zapato con desinterés. Mi mirada se perdió, fue como si no viera lo que estaba mirando. Sólo veía su rostro hermoso. Y lo añoraba.
De pronto, mi móvil sonó con un repentino y fuertísimo ring. Estaba tan tranquila y descansada que me sobresalté demasiado. Pegué un grito y resbalé de la balaustrada, mi peso inclinándose hacia fuera. Sentí que me caía y chillé otra vez. Me agarré con las manos a una barra de la barandilla. Por suerte, era de metal, y estaba bien incrustada. Grité y grité, sintiendo mis pies colgando y todo mi peso dependiendo de mis brazos. Tragué saliva y procuré no mirar abajo, a ese abismo de gravedad, y seguí gritando. ¿Para qué? Estaba sola en casa, nadie podía ayudarme. Tendría que hacerlo yo sola, pero era incapaz. El móvil se me había caído al suelo de la terraza e hice un esfuerzo descomunal por soltar un dedo y tantear en busca de la tecla verde. Tal vez, si era mi vecina, me podía ayudar.
Oí un murmullo al otro lado. Un «¿hola?» apagado. Le reconocí la voz y maldije para mis adentros, volviendo a hacer el esfuerzo de impulsarme para poder apoyar mis pies en la terraza.
--¡¡Will!!—chillé. Desgraciadamente, estaba lejos. Demasiado lejos como para ayudarme.
--¿Hola?—logré oír. Me agarré con más fuerza, sintiendo que mi resistencia bajaba en picado en cuestión de segundos.
--¡Will!--¿Por qué tenía que estar en Egipto, y no en mi salón? ¿Por qué? Podría estar allí, ayudándome. Estaba en peligro de muerte--. ¡Will, llama a mi vecina!
--¿Qué?—oí--. ¿Pero qué dices? ¿Pasa algo? Te oigo mal.
--¡Llama a mi vecina! Mi vida depende de ello, Will. Por favor—jadeé. Estaba colgando demasiado tiempo. Las manos me empezaban a resbalar.
--¿Es una broma?
Cerré los ojos y oí la canción, el estribillo. Me mordí el labio. «We´re just two lost souls swimming in a fish bowl , year after year». Sí, era verdad. Dos almas perdidas, año tras año, día tras día. Allí, estando colgada y a punto de caerme al vacío, pensé que lo nuestro podía funcionar, pero a la vez no. Era mucho tiempo, mucha distancia, muchas ganas de que estuviera aquí. Demasiado.
--Will—logré articular--. Me estoy cayendo al vacío desde mi piso, ¿vale? No es una broma. Llama a mi vecina, por favor.
--Luce… --empezó, con esa voz de «no me intentes tomar el pelo, que te pillo». Oí que se reía--. ¿No se te podría ocurrir algo mejor?
Solté un grito de frustración.
--¡No me jodas ahora, Will! ¡Por culpa tuya estoy colgando de una barandilla desde un vigésimo piso! ¿Te enteras? ¡Me estoy cayendo! ¡Me estoy cayendo!
Silencio. Mis dedos resbalaron. Empecé a respirar agitadamente. Esto ya era algo surrealista. Yo, a punto de morirme, mientras hablo con mi novio sobre que llame a mi vecina para ver si me puede ayudar. Ni que estuviéramos conversando sobre un prado con florecillas. Mi vida estaba en juego, y sólo en ese momento lo capté bien. Demasiado bien, quizá.
Sabía que no debía patalear, porque así sólo me impulsaba más hacia abajo, así que intenté una vez más hacer fuerza con mis brazos, a ver si subía un poco más… un poco más, sólo para apoyar la rodilla y poder subir.
Fue inútil. Pérdida de fuerza en los brazos. Jadeos y desesperaciones.
Y lo que era peor: histeria.
Empecé a chillar.
«¿Luce? ¿De verdad…?», oí a Will a medias. Me estaba empezando a cansar. Notaba los músculos de mis brazos debilitándose. Empecé a llorar de desesperación e impotencia.
«¿Qué pasa, Luce?», escuché a Will.
--¡Me voy a matar!—grité--. ¡Me voy a matar, Will! ¿Quieres hacer el favor de llamarla?
Por suerte, mi vecina del piso más bajo iba a mi facultad, y aunque no éramos amigas, podía decirse que nos llevábamos bien. Por eso Will tenía su móvil. O tenía que tenerlo.
Oí el «bip, bip, bip» del móvil al cortarse. Bien, Will por fin había espabilado un poco.
Seguía oyendo la canción, esta vez sin que cantara. De hecho, tenía muy poca letra y mucha guitarra. Tragué saliva otra vez, todavía pensando en las palabras mágicas y a la vez dolorosas de esa melodía, sin poder creer que no me había dado cuenta antes de lo mucho que tenía que ver conmigo. Pero Will y yo sí que nos queríamos, como cualquier pareja. Pero… pero… ¿y si no era más que un entretenimiento para él? ¿Un tiempo de descanso y diversión cuando volviera a Nueva York, huyendo de sus proyectos de trabajo? ¿Y si yo era porque sí? ¿«Cold comfort for change», como bien decía esa canción que ya me hacía daño?
Un dedo dejó de tocar la barandilla. Me estaba cayendo. Dos dedos. Me mordí los labios, buscando una fuerza que ya no tenía. Tres dedos. Cuatro.
La mano izquierda se me desprendió de la barandilla. Había resbalado poco a poco. Sentí alivio en el brazo, pero a la vez horror al fijarme que ahora dependía de uno solo. Se me iba a dislocar. Pero eso no era lo peor, ni mucho menos. Lo peor era que ahora podía caerme en cualquier momento.
Pataleé, un craso error de mi parte. Una manoletina se desprendió de mi pie y cayó en silencio al vacío infinito. Caía, caía…
Parpadeé. Eso me pasaría a mí en breve como alguien no me viniera a ayudar.
Sentí, de nuevo, que mis dedos resbalaban. No podía morirme de aquella forma tan estúpida. Cerré los ojos, apretando los dientes. Cómo me gustaría que Will estuviera aquí, ofreciéndome su mano.
Pero no.
Con mi mano libre, me volví a agarrar a la barandilla, con ahínco. Intenté impulsarme de nuevo. Inútil. Qué debilucha estaba. Y qué cansada. Y qué triste. Y  qué decepcionada.
Histérica.
Mi otra manoletina se me soltó también, y recorrió el mismo camino que su gemela.
La canción llegaba a su fin, con un murmullo que nunca había sabido si era el cantante tarareando o una guitarra con distorsiones.
"Wish you were here" terminaba con el ruido de una ventisca. Aunque esa ventisca no se tornó real, yo la sentía. Frío en mi corazón.
No podía más.
Un último minuto, podía aguantar, pero mi vecina no venía.
Y Will tampoco iba a venir.
Último segundo.
La canción se acabó.
Mi resistencia también.
Mientras caía, seguí oyendo esa canción en mi mente. «Heaven from hell». «Your heroes for ghosts». «And what hace we found? The same old fears». «How I wish, how I wish you were here».
Cuánto me gustaría que estuvieras aquí.
Me podría no haber caído.
Si estuvieras aquí.

Laura TvdB, 25 de agosto de 2011.

4 comentarios:

  1. Escuchar esa canción ya nunca volverá a ser lo mismo. Lo cierto es que "Wish you were here" es también una de mis canciones favoritas, no sólo por la letra, sino también por la música. Tiene mucho sentimiento y la melodía es preciosa.

    En cuanto al relato, sí, es un tanto extraño, pero en él muestras cómo la letra de una canción puede afectarnos de manera decisiva en según que situaciones de nuestra vida. Aquí, esa situación se radicaliza cuando la muchacha se cae por el balcón, deseando que su novio esté allí con ella.

    En resumido resumen, me ha gustado el relato, en parte porque está basado en esta canción tan hermosa, y en parte también porque he sentido la desesperación de la chica en mi propia piel. Ha sido un relato diferente y refrescante.

    P.D. El novio me parece un gilipollas.

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  2. Ha sido genial, menuda entrada, al principio lo he leído en primer lugar porque el nombre de la canción me recordaba a otra de Within Temptation también del estilo de Pink Floyd, uno de los mejores grupos sin duda alguna.
    Decirte que ha sido impresionante ver cómo describías cada segundo de la agonía de la protagonista quien a mi parecer tenía muy mala costumbre eso de colgarse del balcón mira lo que le ha pasado a la pobre. Sobre todo me gusta cuando en el último instante ella aun piensa en la música y en lo que más deseaba en todo el mundo.

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  3. Da algo de sensación de abandono, de soledad, aunque me ha impresionado bastante, tanto por la indiferencia y la insensibilidad de Will, quien cree que le está gastando una broma, como la angustia, el pánico ante la certeza de que va a caer, y por lo tanto de que va a morir.

    Veo también que compartimos la afición por la lectura. Creo, además, que tienes buen gusto musical; hoy en día no es fácil encontrar a jóvenes a los que les guste la música de los 60, 70, 80 y 90 o de grupos y cantantes como Queen, Supertramp, Bob Dylan, ABBA, Dire Straits, Gloria Gaynor, etc., etc.

    Saludos desde Valencia!! :3

    Pd: cuando pueda te sigo.

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    Respuestas
    1. Como te dije, ya te sigo; lo prometido es deuda, así que tienes una nueva seguidora más ^_^

      Pd: Me llamo Carol :)

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