lunes, 16 de octubre de 2017

Fragmento del "Proyecto Cat" (V).

Poco después ya estaban adentrándose en el follaje. Gabriel encabezaba la marcha al lado de Rodrigo, detrás iban los caballeros, los hidalgos y los soldados rasos. El invierno pesaba más que la cota de malla. La humedad del norte se colaba entre la coraza de cuero y los ánimos marchitos, y los caballos resoplaban, y los hombres se quejaban. Había un sonido de goteo constante tras la lluvia boba que alimentaba los helechos. La ciega obediencia del ejército incluía incursiones absurdas, movimientos absurdos y desgastes absurdos. Gabriel también se estaba cansando. Qué coño, estaba harto. Sin embargo, debía mantener una buena imagen ante sus hombres y no cuestionar las órdenes de sus superiores. El rey Juan era caprichoso, indeciso y se estaba ganando el título de imbécil, pero el reino no dejaba de ser el reino, y la lealtad de Gabriel con él era irrompible. «Dios y el reino», era el grito de muchos. Para él Dios importaba bien poco, pero lo segundo…
Milagrosamente, Rodrigo cesó de hacerle preguntas incómodas. Gabriel las había estado esquivando durante meses, eso era cierto. Cada vez que salía el tema se callaba. El tiempo que llevaban de campaña, tiempo malgastado e infructuoso, se había hecho más largo todavía por el nudo constante en sus recuerdos. Si bien los sueños y las imágenes espantosas se reducían cuando estaba concentrado en la guerra, entre avance y avance y entre descanso y descanso no podía evitar pensar en su despedida, en su vida de Montespeso [nota: su señorío], en el gesto perdido de Catalina. (...)
—¡Cuidado!
El aviso lo despertó de sus ensoñaciones. Apenas consiguió tirar de las riendas para evitar el asalto de un hombre que caía sobre él, puñal en mano. Su caballo se encabritó y se puso a dos patas.
Gritos de alerta y reacciones rápidas. Gabriel se volcó en la pelea. Desenvainó la espada y remató al pobre diablo que había tenido la mala suerte de ser carne de cañón de la emboscada. Maldita sea, logró pensar. Hijos de puta, logró pensar. En medio de este maldito bosque.
Mató las distracciones con un rápido examen a lo que estaba ocurriendo.
Los habían pillado de improviso. Remató a otro soldado apenas protegido con un par de trapos que se hacían pasar por coraza, calmó a su caballo y rugió animando a sus caballeros.
De pronto, la jornada aburrida se había convertido en una lucha, una lucha inesperada y descarnada. La luz que se colaba entre las hojas de los árboles permitía distinguir brillos de aceros, gotas de sangre, tierra revuelta; y Gabriel apretó la empuñadura de su arma y atestó golpes calculados, zas, zas, abriendo tripas o contrarrestando metal o madera o cuero o lo que fuera, con tal de llegar a la carne de los enemigos. Eran muchos; salían de detrás de los árboles, de encima de las ramas, de debajo de la hojarasca. Los gritos de guerra se confundían con los de dolor. El barro se confundía con la sangre. Gabriel intentó localizar a alguna figura de autoridad, pero entre las vestimentas humildes, los rostros manchados de tierra y la constante marea de hombres que se le echaban encima fue inútil. En algún momento hirieron a su caballo y logró saltar antes de caerse con él y quedar atrapado. Sintió un golpe en la espalda y apretó los dientes, pero no hubo más dolor que el de una contusión. Bendita armadura. Giró rápidamente para encontrarse con el muchacho que le había intentado matar por la espalda, era un zagal de ojos abiertos y asustados, más asustados en cuanto se dio cuenta de que no le había hecho daño; era un niño, pudo pensar Gabriel, pero un niño que lo había intentado matar, así que con un elegante y aterrador movimiento acabó con su vida. Atestó golpes, segó vidas, trazó heridas. El tiempo se paró como de costumbre, puesto que solo existía él y gente sin rostro y sin nombre, y fintas que esquivaba, y brutalidad animal en rostros humanos, y rasguidos y sollozos y voces rotas y perdidas en el mar de hojas, barro, sangre, vísceras. El suelo no existía. Era un abismo. Era un infierno.
Algo le hizo una herida en el brazo y se vio obligado a alzar la cabeza y pensar en otra cosa que no fuera matar o morir. Se fijó en sus hombres, volcados en esa batalla sucia, y en los hombres norteños, también volcados en la suya. Unos y otros, otros y unos. Pero aquello no era una lucha justa; supo al momento que estaban perdiendo, que la emboscada estaba teniendo éxito. Habían sido imbéciles, gilipollas, pensó, al adentrarse en el bosque y haberse estirado como un hilo desprendiéndose de la madeja. Y ahora pagaban las consecuencias.
El rostro familiar de Rodrigo interrumpió su campo de visión.
—¡Joder! ¿Qué hacemos, Gabriel?
Gabriel lo miró un momento, miró a uno de sus soldados moribundo en el suelo, sujetándose la pierna derecha, miró el embrollo de hombres, armas, caballos y árboles.
—Retirada —masculló, y escupió en el suelo soltando una retahíla de tacos mientras buscaba un caballo ileso y se montaba aguantando estoicamente el dolor de sus heridas.

Fragmento del "Proyecto Cat" (IV).

¡Hola a todos! Hoy, 16 de octubre, se celebra el Día de las Escritoras. Como es un día especial y hace mucho que no os traigo algún escrito mío, he decidido enseñaros no uno, sino dos fragmentos de mi quinta novela, a la que he llamado por aquí Proyecto Cat. Como fragmentos sueltos que son, tienen un contexto que ahora mismo no puedo/quiero explicaros, pero tampoco creo que haga falta para entender las escenas. Lo fundamental de la historia es que trata de un matrimonio de nobles, él guerrero y ella dama instruida.

Por si queréis leer los demás fragmentos que he ido colgando, podéis pinchar aquí y el enlace os redirigirá a todas las entradas relacionadas con esta historia.

Hace mucho que no os enseño algo mío, así que espero que lo disfrutéis y me deis vuestra crítica y opinión (por aquí o en Twitter). Un beso.



Gabriel no se molestó en llamar. A esas horas Marta no estaba. Y Catalina no le respondería.
Abrió y la vio allí, tumbada de lado sobre la cama, las piernas encogidas, la melena suelta y despeinada, el camisón blanco.
—Hola, Catalina.
Se acercó, se sentó en la cama. La madera le devolvió el saludo con un crujido. Iba hacer lo que hacía normalmente: comprobar que estaba igual, con los ojos abiertos pero sin mirar a ninguna parte, y marcharse.
Esta vez no. Tal vez a causa de la carta, tal vez por algún motivo desconocido. Le tocó el hombro con suavidad para que se diera la vuelta. Ella lo sacudió un poco, como si le estuviera molestando un insecto.
—Catalina —empezó Gabriel—. Tienes que moverte.
Si ella lo había escuchado o no era un misterio.
—Tienes que comer. Si no comes, no tendrás fuerzas para levantarte de la cama.
—Perfecto —dijo ella en un susurro.
Él suspiró.
—Catalina, has de superarlo.
El cuerpo de su esposa se encogió aún más bajo las sábanas. Era un golpe bajo, admitió Gabriel, pero debía decirlo. De nuevo le rozó el hombro con la mano. Se esforzó en suavizar su gesto, acariciándole el brazo. Lo hizo con reparo, con cuidado incluso. No dejaba de ser irónico que, ahora que conocía un poco más a Catalina, habían aumentado las distancias físicas entre los dos.
—Catalina, por favor. Reacciona —suspiró de nuevo, armándose de paciencia—. Reacciona, por favor. Llevas cinco días igual. No puedes seguir así siempre.
Ante su pasividad, se levantó. Gabriel dudó, pero finalmente caminó dando la vuelta a la cama hasta enfrentarse a su cara. Sus ojos pardos lo miraron un momento, y luego volvieron a perderse en ese extraño mundo suyo de amargura y desconsuelo. Él no podía culparla, en realidad. La comprendía más de lo que estaría dispuesto a admitir en voz alta.
Permanecieron así los dos, mirándose y no mirándose, cerca y lejos. Las imágenes volvieron involuntariamente: la encina, la sonrisa, la voz, la espada, el llanto.
Bajó la mirada y suspiró largamente.
—Lo siento muchísimo, Catalina —le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja, como solía hacerlo ella misma antes de perder al niño que estaba esperando… por segunda vez—. Lo siento muchísimo.
Los ojos de Catalina se humedecieron. Sus hombros se convulsionaron un par de veces. Su labio tembló. Gabriel le acarició las mejillas con los pulgares. Mirando a Catalina se veía reflejado a sí mismo, y, al mismo tiempo, lo que no había visto nunca: la devastación desbordando la entereza de una persona, las emociones haciéndose tangibles.
Ella cerró los ojos. Gabriel le limpió las dos lágrimas que mojaban su rostro desencajado, gritando en silencio: «No entiendo». Muchas más las siguieron: otras dos, otras cuatro, otras cien. Y luego los sollozos. Por fin el torrente de tristeza se hacía físico. La apatía solo era una máscara, se dijo Gabriel, una máscara para esconder el exceso de sentimientos. La apatía era un enorme engaño, un enorme autoengaño.
 Fue testigo del llanto de Catalina con una terrible impotencia. Era como revivir el parto prematuro y los sollozos apagados de ella por las noches. La miró sin reparar en que estaba mojando su camisa.
—Yo no quería un heredero —soltó Catalina, hipando—. Yo solo quería un hijo.
Y se tapó el rostro con las manos en un gesto púdico, o quizá de miedo. Pero él no se sintió ofendido por las palabras. Le cogió suavemente la muñeca para que no se ocultara, y, con torpeza, la abrazó. Ella se aferró a su espalda con fuerza. Gabriel la besó en la coronilla, meciéndola como podía, en esa posición tan extraña; él de rodillas, ella tumbada, y sin embargo se sintió en paz. Era extrañamente gratificante deshacer la tristeza propia consolando la de otra persona.
Pasó un tiempo indefinido. Gabriel abrió los ojos y se dio cuenta de que los brazos de Catalina ya no lo rodeaban. La miró. Se había quedado dormida, los labios entreabiertos, las pestañas húmedas. La alejó de sí suavemente, le colocó el pelo y le secó las últimas lágrimas que se habían quedado prendidas en el rabillo de sus ojos. Se aseguró de que su cabeza reposara sobre la almohada. Echó un vistazo a la alcoba, consciente de que tenía que despedirse. En unas horas estaría galopando hacia la guerra. Esta vez era una guerra exterior.
Volvió a mirarla. Ojalá pudiera ver la sonrisa en sus ojos castaños. Su esposa tenía una mirada tranquila, pacífica. Era reconfortante.
—Me tengo que ir a luchar —susurró Gabriel contra su pelo—. Lo siento. Adiós, Catalina.
Le dio un beso en la frente.

Luchó contra la tentación de girarse para mirarla mientras se alejaba y salía de la alcoba con un creciente sentimiento de culpa.

sábado, 16 de septiembre de 2017

De descubrimientos, difusión y reconocimiento.

Hola a todos. Hace unos días se me ocurrió una idea, idea que se ha transformado en la entrada que tenéis a continuación. Me gustaría hacer más, al igual que la de Ejemplos de calidad literaria, de modo que si os gusta y me veo con ganas y tiempo haré una segunda y tercera parte. ¿Pero de qué, Laura TvdB? Pues del arte escondido.
Me explico: hay muchos artistas u obras de arte que merecen reconocimiento y lo tienen; forman parte de la cultura general o de la cultura pop, y si «la gente» en general no ha oído hablar de ellos es porque hacen algo específico, pero dentro de su ámbito sí se les conoce. Estoy hablando de que Velázquez fue un genio, y Las meninas es un cuadro mundialmente famoso; de que todo el mundo ha escuchado el «Aria de la Reina de la Noche» de La flauta mágica de Mozart; de que, dejando a los genios universales, mucha gente sabe que Laura Gallego García es la autora de literatura juvenil por excelencia en España, o de que alguien interesado en el cine sabe que Alicia Vikander es una actriz que borda todo lo que interpreta.

Pero ¿y el arte escondido? ¿Cuántas veces hemos pasado por delante de un libro magnífico sin saber que lo era? ¿Qué es de esa canción de un grupo de música poco conocido que tiene una melodía o un ritmo admirable? O, simplemente, que nos suene ligeramente un nombre, un título, un argumento, pero no lo ubicamos y por cualquier motivo no le damos suficiente reconocimiento, pese a que haya ganado algún premio importante. O que conozcáis de sobra al artista, pero la obra que menciono sea casi un fantasma en su carrera, que haya pasado sin pena ni gloria inmerecidamente. Esto pasa muchísimas veces, y mi objetivo aquí es daros a conocer el trabajo de ciertas personas que, sean más o menos conocidas, más o menos prolíficas, más o menos talentosas, hoy por hoy merecen más atención. Tal vez algunas os suenen de pasada, tal vez conozcáis la obra de la que hablo, tal vez no os interese; pero si consigo que a ciertas personas les entre el gusanillo de ver esa película, leer ese libro, ver ese cuadro, estaré satisfecha.
Naturalmente, se trata de trabajos que a mí me han gustado, de cosas que a mí me han conmovido, y puede que a vosotros os parezca simplemente pasable. Pero sí quiero decir que, sea de vuestro gusto o no, dudo que las siguientes personas no tengan talento, de que las obras sean de mala calidad. O sea, que aunque no sean obras maestras, sí son arte, sí tienen una técnica encomiable o un punto de originalidad o la capacidad de ser algo grande. Me entendéis, ¿no?
Un último apunte antes de empezar: hablaré de arte en general, pero con esto no me refiero solo a la pintura, la literatura o la música, sino de trabajos que tengan una parte artística, o de personas que, sin ser artistas, consiguen transmitir el arte o enseñarlo tan bien que casi lo crean en el proceso de enseñanza. Ah, y según hable de las obras, os dejaré enlaces a las mismas si están en internet, o la página web del autor si es posible.

- Jaime Altozano. A los que me sigáis en Twitter probablemente os suene. Puede que tengáis ganas de tirar una maceta a la cabeza del chaval solo por lo mucho que lo menciono. Y es que descubrí su trabajo en Youtube antes del verano y desde entonces no dejo de impresionarme con el contenido que sube. Se trata de un joven (¿cuántos años tiene: veintitrés, veinticinco, veintisiete?) con un canal en Youtube que se dedica a transmitir y enseñar música. Pero esto queda un poco abstracto. Lo que hace Jaime es facilitar conceptos musicales avanzados o que en principio no conoce la gente para que se entienda y se disfrute más y mejor. Y lo hace de una forma divertida, entretenida, aparentemente sencilla. De esta forma acabas comparando la canción 20 de enero de La oreja deVan Gogh con el tema de Pokémon y, tachán, las fugas de Bach. O relacionas literatura, cine y música con los magníficos análisis de la banda sonora de El Señor de los Anillos, tres vídeos, uno por película. O también puede que seas un fan de Juego de tronos y te mole el tema introductorio; Jaime no solo comparte tu ilusión, sino que desmigaja la melodía, ¿por qué es un reflejo de lo que trata la serie?, ¿por qué es tan pegadiza? O puedes pensar: «pero a mí me da igual Juego de tronos y El Señor de los Anillos, yo escucho música clásica a secas», bueno, pues no te creas que este canal no es para ti, todo lo contrario. «Pero si a mí me da igual la música clásica, yo prefiero escuchar Despacito», ¡hala!, dicho y hecho, toma un vídeo de la canción interpretada en diecisiete estilos musicales diferentes. Este chico no solo sabe de lo que habla, sino que además lo transmite muy, muy bien. Echad un vistazo a sus vídeos, merece muchísimo la pena. Con toda la razón del mundo, su canal crece día a día, pero nunca sobra un empujón que le puedo dar desde aquí. Por cierto, este artículo en su web sobre los clasistas de la música clásica no tiene desperdicio tampoco.

Enlace a su página web, aquí; enlace a su canal de Youtube, aquí.



- Your mind is on the run, canción de The Monomes. Dudo bastante que conozcáis a este grupo madrileño con cantante irlandés (si no recuerdo mal); creo que solo han sacado dos discos por ahora, solo uno de ellos está en Spotify y tampoco sé si se han separado o si siguen haciendo música. Pero, sea como fuere, algunos de sus temas son bastante buenos. Your mind is on the run es una canción suave pero con un ritmo original, una letra interesante y, en fin, bien hecha. A mí me parecen una mezcla de los Beatles y de Red Hot Chili Peppers, dos grupos que me encantan. Podéis escuchar la canción en Youtube, aquí (no me deja enseñároslo directamente). Y si os gustan, os recomiendo también Diary of a smoker. ¿No os parece que mola cada uno de sus componentes? Todos tienen relevancia, no es el cantante y punto, cada uno tiene su momento estrella (el bajo, la guitarra, el cajón/batería... y la voz del cantante es preciosa).


- Javier Fernández. ¿Quién no conoce a Cristiano Ronaldo o a Messi? ¿Quién no saltó de alegría con el gol de Iniesta en el mundial de 2010 (quitándome a mí, que iba con Holanda, ejem)? Vale, vale. Sin embargo, muy pocos se alegraron de que Javi Fernández ganara el mundial de patinaje artístico de 2016. Pocos se alegraron porque pocos lo conocen. Ay, si hubiera sido solo un premio aislado. Pero Javier, con 26 añitos, ha ganado dos mundiales y cinco (sí, cinco, una al año desde 2013) campeonatos de Europa, incluyendo, por supuesto, medallas en España. Por si eso fuera poco, es uno de los pocos patinadores capaz de hacer cuádruples (en plural) en competiciones. Mirad, yo no soy fan del deporte, no veo el fútbol ni tampoco el patinaje artístico; tampoco estoy diciendo que lo veáis. Pero tenemos al mejor patinador artístico sobre hielo del mundo y ni siquiera lo reconocemos por la calle. Y tampoco hace falta saber qué es un triple axel o un salchow para admirar lo que hace este chaval sobre la pista: os dejo con su programa corto de este año y con su programa del 2015 para que os quedéis con la boca abierta.



- Palabras envenenadas, libro de Maite Carranza. Sí, también comenté en Twitter lo mucho que me había impactado esta novela, así como una reseña en Goodreads (pinchad aquí) alabándola. Palabras envenenadas fue la novela ganadora del Premio Edebé Juvenil de 2010, con lo cual tampoco se trata de algo que no conozca nadie. Sin embargo, preguntando y hablando con gente que, al igual que yo, disfruta de la literatura juvenil, poca gente lo ha leído o siquiera le suena. Maite Carranza sí está considerada como una de las escritoras españolas de juvenil de referencia, pero es que Palabras envenenadas va mucho más allá de «juvenil». Es una historia durísima, de misterio y suspense, donde el motor de la trama consiste en quién es el culpable de un crimen horrible (el whodunnit que decía Hitchcock). A los amantes de los thrillers les encantará esta historia, pero no me limito a ellos, porque yo he leído más bien pocos libros de misterio y este me ha maravillado. La calidad literaria es muy superior a la media; la autora habla en tercera y primera persona, apoyándose en cuatro personajes distintos, cada uno con una visión bastante distinta del crimen ocurrido, todos unidos por dicho crimen, cada uno que sigue viviendo con una horrible carga encima, por un motivo o por otro. El lenguaje de Maite subraya los sentimientos de los personajes de forma que entendemos su forma de ver el mundo y de afrontarse (o huir) del problema, en Palabras envenenadas no es fácil amar u odiar a los personajes porque cada uno ha cometido errores y aciertos, si se han equivocado tienen la ocasión de redimirse, si lo habían hecho bien puede que metan la pata hasta el fondo. Sobre todo uno de los narradores, la víctima en cuestión, está perfectamente definida y descrita. Ya lo dije en la reseña de Goodreads; sin embargo, tampoco quiero profundizar mucho más porque es fácil hablar más de la cuenta. De hecho, os recomiendo que no miréis la sinopsis en la parte de atrás ni busquéis el argumento. Es mejor sumergirse sin saber nada, de forma que los temas tratados con exquisitez y profundidad choquen más, os hagan pensar y encajéis todas las piezas. Algo común en las novelas o películas de misterio es que el final cojea mucho, ya sea porque se ve venir desde la mitad de la historia o porque se pretende dar un giro argumental (o plot twist) que impacte al espectador/lector y solo consigue descolocar y ser incoherente con toda la trama que se ha estado desarrollando. En Palabras envenenadas, no. Maite Carranza te deja saber algo cuando ella quiere y no antes ni después, y al final te das cuenta de que pudiste haber seguido las pistas, pero te despistaste. En fin: una pequeña joya que merece no solo más lectores, sino más prestigio. Se lee en un par de sentadas, pero es un libro que permanece en la memoria de quien lo lee.



Espero haber despertado vuestra curiosidad hacia estos tesoritos más o menos escondidos. Un beso a todos.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Recomendación cinematográfica: "Spider-Man: Homecoming".

Buenas tardes a todos.

Sí, lo sé, desde hace algo así como un mes dije en Twitter que quería hacer una entrada sobre música, y especifiqué que la haría sobre Tchaikovsky. Estoy en ello, pero reconozco que me da algo de pereza. Antes o después la publicaré, espero.

Pero anteayer fui al cine a ver Spider-Man: Homecoming y tenía ganas de hablar de ella.


Como ya puse en mi crítica a la película de Wonder Woman, no soy fan de las películas de superhéroes. De hecho, estoy poco puesta y es un género que, precisamente por su proliferación en los últimos años, me cansa bastante. Me parecen películas-copia, que se estancan en el mismo esquema, en los mismos protagonistas, en la misma forma de desarrollar los acontecimientos. Pero aquí entra Spider-Man: Homecoming. Es de Marvel. Es de superhéroes. Está dentro del universo de Los vengadores y todos estos (Thor, Capitán América, etcétera, etcétera). Pero es una película mejor, llamativamente mejor que las otras que he visto. Me ha encantado. ¿Por qué? Os voy a dejar una lista con mis seis motivos.


1. El guion (ya lo sé, queda horrible sin la tilde, pero así lo dicta la RAE, lo siento) y la historia del protagonista.
 Muchos (por no decir casi todos) sabemos quién es Peter Parker, de dónde ha sacado sus poderes arácnidos, quiénes son sus tíos y toda la pesca. Por eso, contar de nuevo la historia de los orígenes de Peter sería repetitivo y aburrido. En esta película se habla del comienzo de Spider-Man como superhéroe, pero un poquito más adelantado que en las entregas protagonizadas por Tobey Maguire y Andrew Garfield. Peter Parker ya tiene sus poderes, y quiere empezar a usarlos para ayudar a la gente. No se habla tanto del bullying que sufre en el instituto porque es un chico incomprendido, sino más bien de que su vida ahora exige un tiempo y unas obligaciones que lo apartan de sus compañeros, de sus amigos, incluso de su interés amoroso (como en la segunda entrega de Tobey). Por tanto, se tratan los temas que ya vimos en las entregas anteriores (un gran poder conlleva una gran responsabilidad, la conciliación de la vida superheroica con la normal, las ganas de reconocimiento, la frustración de no ser lo suficientemente bueno...), pero desde una perspectiva nueva, y consigue mucha frescura. A diferencia de otras películas del género, el protagonismo aquí no lo tienen las escenas de acción (o no solamente), sino el personaje de Peter Parker. Aleluya, ¿no? Sí. Aleluya.
   Siguiendo este punto podemos decir también que, aunque la historia forme parte del universo de Marvel, no hace falta haber visto las anteriores entregas para enterarse de lo que ocurre; hay referencias y más que referencias, pero yo no he visto Los vengadores 2 ni Civil War, y lo he pillado todo. Tony Stark (Iron Man) aparece lo justo, no queda forzado, y de hecho aporta bastante humor y coherencia a ciertas partes de la historia, como por ejemplo el hecho de que diseñe él el traje guay de Peter.

2. El humor.
Spider-Man: Homecoming es una película que hace reír. Es un humor fácil, tonto a veces, pero efectivo, que arranca una sonrisa, una carcajada o varias y da una sensación de "buen rollo" que se agradece. Tom Holland ayuda con su actuación (a eso iré en el siguiente punto), así como el personaje de su amigo Ned o el de Tony Stark. Hay escenas y diálogos desternillantes.



3. Tom Holland.
Sí, así como punto importante. Vale, reconozco que Tom Holland es un actor que me encanta. Pero difícilmente alguien podrá poner pegas a su papel como Peter. Encaja tanto por la edad (jo, por fin un personaje adolescente que realmente aparenta ser adolescente) como por su forma de actuar, tan espontánea y acertada. Este chico tiene madera, de verdad; basta con ver su actuación en Lo imposible, la película de J.A. Bayona, y esta. Y me ha convencido plenamente de que es el nuevo amigo y vecino Spider-Man, sin que recuerde los rostros de los anteriores. Sí, Tom Holland, cien veces SÍ.




4. El resto del reparto, la caracterización de personajes.
Aunque los demás tengan bastante menos importancia, salen en pantalla el tiempo necesario y no son estereotipos andantes (desde el villano interpretado por Michael Keaton, todo un acierto, hasta la nueva MJ, que sorprendentemente no es el interés amoroso de Peter... por ahora).

5. Las escenas de acción.
Sí, vale, todos los puntos anteriores estaban bien, pero no deja de ser una peli de acción. Así que ¿qué tal la acción? Pues muy bien. La película no aburre en ningún momento, las escenas de acción están bien insertadas y no dan sensación de agotamiento ni de repetición. Aquí incluyo todos los efectos visuales, mejor insertados y no tan artificiales como en otras películas actuales (La Bella y la Bestia, Wonder Woman, etc).



6. La coherencia, la originalidad.
Esta entrega de Marvel consigue una voz propia, separada de las demás a pesar de pertenecer al mismo mundo, y eso en parte es porque realmente nos interesa lo que Peter quiere salvar y proteger, su ciudad (y no el mundo entero, o al menos no todavía), sus amigos, su entorno. La banda sonora de Michael Giacchino, aunque no es una obra maestra como en otras ocasiones (Up, Ratatouille), toma el relevo del tema principal de Alan Silvestri y cumple bien con temas épicos para los momentos más intensos, a la vez que con canciones actuales pop-rock, acordes con el tono de la película.

En resumen: la nueva película de Spider-Man es divertidísima, está bien construida y tiene un ritmo genial. Sin duda será el superhéroe de esta generación, y bien ganado se lo tiene. Tanto como peli de superhéroes como en general es memorable, con una calidad superior a la media. Olé. Y olé Tom Holland.

Aquí os dejo sin venir a cuento una fotito de Tom Holland para que podáis disfrutar de su sonrisa.

Hala, ya no os entretengo más. ¡Un saludo!
(Y de verdad espero subir la entrada de Tchaikovsky pronto. No me matéis.)

miércoles, 26 de julio de 2017

Ejemplos de calidad literaria.

¡Hola! Hace ya casi un año escribí dos entradas, Sobre qué es la literatura juvenil yqué pasa con ella hoy en día y ¿Qué es el lenguaje literario?, donde hablaba, entre otros, de la preocupante falta de calidad literaria en muchos libros que se publican hoy en día. Allí, al final, dije que podía poner ejemplos de textos donde el lenguaje es especialmente brillante. Y aquí está la entrada.

Naturalmente, el lenguaje de una novela lo debemos valorar en conjunto, en la historia entera, y no solo con un par de líneas sueltas. Pero también es verdad que toda novela tiene puntos álgidos, tanto narrativos como estilísticos, y a veces los dos a la vez, puntos que podemos destacar sobre otros. A continuación os dejaré ejemplos de lo que yo considero un lenguaje bello, usado como medio pero también como fin, que consigue transmitir exactamente lo que se está desarrollando, que consigue que el lector se sumerja por completo en la historia y ame, llore, odie, pase vergüenza o melancolía. Por supuesto, esto es una clasificación subjetiva. Tengo pensado hacer más entradas con más ejemplos, y acepto sugerencias, puesto que, como es normal, no me acuerdo de cada momento de cada libro que he leído en mi vida.

Mi criterio de selección es el siguiente: fragmentos (uno, dos, tres párrafos) en prosa de libros publicados, preferiblemente novelas (aunque no me limito a ellas), donde la intención literaria sea evidente, y que tanto objetiva como subjetivamente son encomiables. Haré un pequeño comentario de por qué me parecen tan buenos, pero prefiero que los textos hablen por sí mismos, que os atrapen en sí y no por lo que yo diga de ellos.

PD: No es por hacer spam, pero de los cuatro libros que menciono tengo reseña en Goodreads, por si os interesan. Os dejaré los enlaces abajo.


·         Clarissa, de Stefan Zweig (comienzo de la novela).

“Años más tarde, cuando Clarissa se esforzaba en recordar toda su vida, le resultaba difícil encontrar un hilo conductor. Había vastas superficies de formas imprecisas que parecían cubiertas por la arena; el propio tiempo planeaba sobre ellas, indefinido como las nubes y carente de cualquier dimensión. Mientras que apenas podía rendir cuenta de años enteros, algunas semanas, incluso días y horas, aún le colmaban el alma y la memoria como si hubieran transcurrido el día anterior. A veces, al evocar su vida, se sentía como si solo hubiera participado activamente en una pequeña parte de ella, y hubiera vivido el resto sumida en el cansancio o empujada por el vacío sentido del deber”.

(Lo siento, no he encontrado el texto original en alemán. Esto es una traducción de Marina Bornas Montaña).
La elegancia de Zweig al escoger los recursos adecuados en el momento adecuado siempre me fascinará. Qué elegancia la comparación de la memoria como ese desierto cubierto por la arena para luego mencionar lo indefinido de las nubes; tierra-cielo, una contraposición, ¿o no? Tanto la arena como las nubes se escapan de nuestros dedos, que es la imagen que nos quiere transmitir sobre los recuerdos de Clarissa: no tienen límites, no tienen una forma clara, se le escapan porque apenas tienen consistencia para ella.

·         A Game of Thrones o Juego de tronos, de George R. R. Martin (monólogo del maestre Aemon hablando con Jon Snow sobre la contraposición del deber y el amar).

Original:
“What is honor compared to a woman’s love? What is duty against the feel of a newborn son in your arms… or the memory of a brother’s smile? Wind and words. Wind and words. We are only human, and the gods have fashioned us with love. That is our great glory, and our great tragedy.”

En español:
“¿Qué es el honor comparado con el amor de una mujer? ¿Qué es el deber al lado del calor de un hijo recién nacido en tus brazos… o el recuerdo de la sonrisa de un hermano? Viento y palabras. Viento y palabras. Solo somos humanos, y los dioses nos han creado para amar. Esa es nuestra gran hazaña, y nuestra gran tragedia”.

Este fragmento (cuya traducción al español es mía, quizá en el libro sea un poco distinta) tiene una cadencia en su lengua original tan hermosa que da pena perderla. Pero, a pesar de ello, usando la pregunta retórica, la enumeración y la repetición (ese «Wind and words. Wind and words») consiguen llegar, junto con el mensaje, a lo más profundo del corazón del lector. Y es que el maestre Aemon tiene toda la razón: el deber no es nada comparado con el amor, y los humanos, por suerte o por desgracia, somos irracionales y preferimos el amor.

·         Vous n’aurez pas ma haine o No tendréis mi odio, de Antoine Leiris (carta recogida en el libro del mismo título, dirigida a los terroristas que, entre otros, mataron a su mujer en los atentados de París el 14 de noviembre de 2015).

Original:
“Vendredi soir vous avez volé la vie d’un être d’exception, l’amour de ma vie, la mère de mon fils mais vous n’aurez pas ma haine. Je ne sais pas qui vous êtes et je ne veux pas le savoir, vous êtes des âmes mortes. Si ce Dieu pour lequel vous tuez aveuglément nous a fait à son image, chaque balle dans le corps de ma femme aura été une blessure dans son coeur. (…)
Nous sommes deux, mon fils et moi, mais nous sommes plus fort que toutes les armées du monde. Je n’ai d’ailleurs pas plus de temps à vous consacrer, je dois rejoindre Melvil qui se réveille de sa sieste. Il a 17 mois à peine, il va manger son goûter comme tous les jours, puis nous allons jouer comme tous les jours et toute sa vie ce petit garçon vous fera l’affront d’être heureux et libre. Car non, vous n’aurez pas sa haine non plus.”

En español:
“El viernes por la noche le robasteis la vida a un ser excepcional, el amor de mi vida, la madre de mi hijo, pero no tendréis mi odio. No sé quiénes sois ni quiero saberlo, sois almas muertas. Si ese Dios en cuyo nombre matáis ciegamente nos ha hecho a su imagen y semejanza, cada bala en el cuerpo de mi mujer habrá provocado una herida en Su corazón. (…)
Solo somos dos, mi hijo y yo, pero somos más fuertes que todos los ejércitos del mundo. De hecho, ya no tengo más tiempo que dedicaros, debo reunirme con Melvil, que empieza a despertar de la siesta. Apenas tiene diecisiete meses, se tomará la merienda como todos los días, luego jugaremos como todos los días, y a lo largo de toda su vida ese niño os hará la afrenta de ser feliz y libre. Porque no, tampoco tendréis su odio.”

Fijaos en cómo Antoine Leiris vuelca su dolor en palabras: una primera frase lapidaria y certera, sin tapujos, sin florituras. Un vocabulario sencillo, una sintaxis sencilla, nada aquí exige un alto nivel lingüístico. Es en cómo se dirige a los asesinos de su mujer con una intención clarísima, en cómo la describe a ella, cada atributo más impactante que el anterior (ser excepcional, amor de su vida, madre de su hijo). En cómo habla de la incomprensión de que actúen en nombre de Dios si han cometido tal barbaridad. En cómo habla del vínculo con su hijo y de la férrea determinación de que la vida sigue con esas actividades nimias (la siesta, la merienda, el juego). Os dejo el enlace directo a la carta completa aquí.

·         El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (primer capítulo de la novela)

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las demás noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto de ella concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mismo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de «Quijada» o «Quesada», que en esto hay alguna diferencia en los autores que de este caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba «Quijana». Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración de él no se salga un punto de la verdad”.

Este es probablemente uno de los comienzos más conocidos de la literatura universal, y con razón. Mirad cómo decide Cervantes comenzar su obra magna: con una descripción, tal cual, de su protagonista, que al fin y al cabo es el motivo de toda la historia. En este primer párrafo consigue un retrato excelente de una figura social típica de la época: la de un hidalgo venido a menos, que vive de la renta, que apenas conserva su título y poco más. Primero con la mención de sus armas (la lanza, la adarga, el rocín) nos remonta a la época de los caballeros y las doncellas, de forma que ya se ve por dónde van a ir los tiros; luego, con la enumeración de su comida y sus ropas, nos damos cuenta del valor de la apariencia y del nivel de vida que tiene. Una vez dicho que a), es un hidalgo de los "clásicos", y b), es pobre, entonces va a al servicio y su familia, su propia edad, y solo hacia el final su apariencia física un poco ridícula: enjuto, flaco, nervudo. La manera en que ordena Cervantes los elementos que definen al Quijote es impresionante; incluso antes de que lo describa a él, ya sabemos cómo es por lo que le rodea. Mezcla elementos descriptivos (su físico) con sus aficiones (la caza) con un punto cómico. Logra una cadencia, un ritmo casi melódico con sus enumeraciones (leedlo en voz alta, para que se recita). ¿Cómo presentar a un personaje en una novela? Pues así. Así. Y eso sin añadir el final que apela a los libros de caballerías y le da un aire de leyenda.


Esto es literatura, chicos. Esto es el arte por el que hemos vivido, amado, comprendido y sonreído durante siglos. No quiero que esta entrada se alargue demasiado, así que eso es todo por hoy. Pero pienso hacer más. Si os interesa, claro.

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